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Tercera página

Dos mujeres abogadas

Todas las grandes causas de la humanidad, por definición, son también nuestras

 

MÓNICA Díaz
08/06/2019

En enero de este año redactábamos un texto que fue publicado en la prensa acerca de la desaparición de la abogada española María Luisa Sáez Roldán, destacando la importancia que ha tenido para el movimiento de las mujeres contar con mujeres formadas en leyes capaces de desarrollar su acción para conseguir leyes justas y no discriminatorias para todas, además de su labor concreta, en el caso de Sáez R. en la defensa de multitud de casos particulares ante el estado franquista. En la actualidad en España es de dominio público que tenemos nombres tan significativos de esta profesión como los de Manuela Carmena y Cristina Almeida, en Madrid y a nivel local los honrosos nombres de Altamira Gonzalo y Gloria Labarta, entre muchas otras, abogadas, activistas y feministas.

En el resto del mundo, lamentablemente, hay otros países donde el hecho de ser abogadas no ha marcado gran diferencia para algunas mujeres. Hablamos de la iraní Nasrin Sodoute y de la colombiana Paula Andrea Rosero Ordóñez. La primera, se encuentra en prisión en su país por defender el derecho de las mujeres que no quieren ser obligadas a llevar velo. Su castigo, una condena a 38 años de cárcel y … ¡148 latigazos! Como lo oyen. Al parecer se trata de imponer un castigo ejemplarizante para disuadir a las iraníes definitivamente de luchar por sus derechos. Se da la circunstancia de que Sodoute ha sido abogada en 2010 de la Premio Nobel de la Paz de Irán, Shirin Ebadi, litigando en su favor ante el embargo de las propiedades de Ebadi, hasta un monto aproximado a 500.000 dólares en concepto de «impago de impuestos» por el Premio Nobel, y por las Conferencias ofrecidas en el extranjero.

Hecho que creemos se inscribe dentro de la campaña con que el régimen iraní ha tratado de presionar a Shirin Ebadi para que abandone su activismo de denuncia por la falta de derechos en Irán. En efecto, el salvaje y retrógrado castigo sentenciado en marzo pasado a Sodouté puede formar parte de la campaña para «ablandar» a la Premio Nobel, por ser una persona escuchada y respetada en el exterior (Ebadi cuenta en su haber con 14 Doctorados Honoris Causa, 2 premios de la Paz, 2 de Derechos Humanos y La Legión de Honor francesa).

Castigo tan excesivo, ha despertado la repulsa en todo el mundo y el apoyo de una organización de tan alto prestigio como Amnistía Internacional. El 31 de mayo una treintena de zaragozanos nos manifestábamos en la plaza de San Bruno, convocados por A.I., para celebrar el cumpleaños de Nasrin que efectivamente cumple 56 años estando en la cárcel y lejos de los suyos; no éramos muchos, pero lo importante es que actos parecidos se han celebrado en muchas ciudades del mundo, intentando que el grito pidiendo la libertad de Nasrin sea un clamor mundial.

Ha de saberse que entre los convenios que han ido promoviendo Naciones y Unidas y otras instituciones en defensa de las mujeres desde el año 1979 contamos con la CEDAW, el más importante convenio contra la discriminación hacia las mujeres en todas sus formas.

En cuanto a la abogada colombiana, Paula Andrea Rosero. funcionaria del Ministerio Público con el cargo precisamente de Personera de Derechos Humanos en el municipio de Nariño, ha resultado asesinada el pasado lunes 20 de mayo por un par de sicarios que la abordaron en la calle. Ella conducía su coche en la tarde noche cuando surgieron unos hombres en motocicleta que le dispararon a bocajarro. Paula Andrea fue conducida de emergencia al Hospital Lorencita Villegas, el mismo del que ella había denunciado un supuesto caso de corrupción de caudales públicos, pero ingresó cadáver. Paula Andrea pertenece a una nación que muy recientemente, en noviembre de 2016, ha conseguido arribar a unos acuerdos de paz después de más de 50 años en guerra interna, lo que podría considerarse una buena noticia y un adelanto en el camino hacia la paz y reconciliación de los colombianos. Sin embargo, viejas cicatrices, antiguos descontroles y la fractura social provocada por la guerra se confabulan para que desde esos acuerdos el país presente la cifra de 139 ex rebeldes, 31 familiares, 596 líderes, y 119 líderes indígenas asesinados.

Especialmente afectada resulta la función de Defensores, como la que ostentaba Paula Andrea, ya que solamente este año de 2019 han sido asesinados 25 de ellos.

En síntesis, Nasrin vive su lucha en un país en que el desembarco de los ayatolás en 1979 transformó a su país, Irán, en un sentido regresivo, sobre todo para las mujeres. Un gobierno teocrático, empapado de puritanismo musulmán, que rechaza los usos occidentales y ha comenzado por eliminarlas de la vida pública, como han querido hacer con Shirin Ebadi y ahora con su abogada Nasrin Sodoute.

A la llegada de los ayatolas, Shirin, brillante abogada, trabajaba como jueza en su país. Los ayatolas la enviaron de un plumazo a ella y a quienes estaban en la misma situación a casa, argumentando que las mujeres son demasiado «emocionales» para impartir justicia. Ebadi concentró sus fuerzas desde ese momento en el trabajo voluntario a favor de los niños, Ella ha manifestado su apoyo a Nasrin Sodouteh. Y todo esto nos traslada que la situación que vivimos las mujeres es función directa de la calidad democrática de nuestros países, y por este motivo las mujeres hemos de estar tan comprometidas con la causa de la democracia en cada país y en el mundo, como con nuestra causa específica, en la línea de los derechos que reclama para nosotras el Convenio CEDAW, subrayando en todo caso, que la causa feminista es por definición democrática, pacifista y defensora del medio ambiente, porque todas las grandes causas de la humanidad en estos momentos, son también nuestras.

*Abogada