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Tercera página

El Ebro ni se vende ni se trasvasa

Hoy, el agua puede venderse a usuarios de otra cuenca, por tiempo ilimitado y para cualquier uso

 

Pedro Arrojo Agudo Pedro Arrojo Agudo
26/04/2019

Mientras en Aragón se pone sordina al tema trasvasa, en Valencia y Murcia preside las campañas de PP, Ciudadanos y Vox. Desde su discurso, la derecha, aunque siga hablando de cuencas «deficitarias» y «excedentarias», sin considerar ese 24% menos de caudales esperados, por cambio climático, ya no usa la planificación hidrológica como clave, sino el mercadeo y la privatización del agua. La figura de los «contratos de cesión», aprobados en tiempos de Sr. Aznar, permitían comprar y vender derechos de agua entre usuarios, pero sólo en sequía, sólo entre usuarios de la misma cuenca y sólo para transferir agua hacia usos de mayor prioridad.

Sin embargo, posteriormente, desde la mayoría absoluta que disfrutó, el PP aprobó sucesivos decretos-ley que fueron eliminando esas restricciones, de manera que hoy, el agua pueden venderse a usuarios de otra cuenca, en todo momento, por tiempo ilimitado y para cualquier uso. Es decir, se han legalizado los «libres mercados de derechos concesionales de agua», y sobre esa base se vienen realizando trasvases, como por ejemplo, el del agua vendida por los regantes de Extremera, en el Tajo, a Murcia; o los trasvases del Guadalquivir a Almería, a base de comprar arrozales cerca de Doñana, para transferir sus derechos de riego, en la cuenca alta. Trasvases que ni siquiera están previstos en la planificación hidrológica. El agua deja así de ser un «bien común», a gestionar desde la lógica del interés general, para pasar a ser una simple mercancía para quien pueda pagar más.

Esta nueva amenaza trasvasista es la que ha motivado la nueva Marcha del Ebro que hemos realizado una veintena de mensajeros y mensajeras de la Nueva Cultura del Agua, desde Fontibre a Tortosa, pasando por pueblos que luchan, en ocasiones, desde hace décadas, contra los diversos problemas que la codicia humana, la irresponsabilidad política y la incompetencia administrativa han ido generando a lo largo y ancho de la Cuenca. 1.000 km. en bici y otros 1.300 en furgoneta y coches, para poder llegar, en un par de semanas, a cuantos lugares nos reclamaron para hablar de sus problemas, al tiempo que preparábamos las bases de futuras movilizaciones de cuenca contra el mercadeo del agua y esas nuevas amenazas de trasvase del Ebro.

Pudimos celebrar el cierre de la nuclear de Garoña (gemela de Fukushima), aunque Endesa e Iberdrola hayan conseguido prorrogar 10 años la vida de los reactores de la central de Ascó, obteniendo así unos miles de millones de beneficios caídos del cielo, una vez amortizada la inversión, a costa, eso si, de proyectar riesgos y acumular costes para gestionar, durante cientos de años, los nuevos residuos radiactivos generados.

En Rioja ya se inauguró la presa de Enciso, mientras se siguen enterrando decenas de millones en la de Terroba, obras ambas tan peligrosas como inútiles e insensatas, al adolecer de graves riesgos de deslizamientos de ladera y ubicarse en zonas sísmicas, lo que pone en riesgo la vida de miles de personas en Enciso, Arnedillo y Murillo de Lieza.

Pero pudimos celebrar en Navarra la victoria de las pequeñas comunidades de regantes tradicionales, en Lerín y Cárcar, frente a la amenaza de extensión de Riegos de Navarra, bajo el imperio privado de Acciona, Caixa, Agbar y OHL, que reciben un peaje «en la sombra» durante 30 años, de 680€/ha/año, de fondos públicos, por gestionar el riego, mientras los regantes pagan 280 €/ha/año. Así como comprobar el éxito de las nuevas estrategias de prevención de inundaciones que promueve la legislación europea, mediante convenios entre los municipios y la CHE, para retranquear motas, crear cauces de alivio, recuperar sotos y dar más espacio a la expansión fluvial.

En Aragón nos encontramos con todos los problemas, pero también con algunas soluciones. La locura de Yesa, donde ya se ha gastado el triple de lo presupuestado, sin garantizar la seguridad de miles de familias en Sangüesa y aguas abajo; la insensatez económica, social y ambiental de la presa de Biscarrués, ilegalizada por Audiencia Nacional; el fiasco de la Loteta, con 100 millones tirados a la basura, que la CHE intentará cobrar a Zaragoza; el fracaso de la presa del Val, junto a Tarazona, que, 20 años después de acabada, con casi 100 millones invertidos, sigue sin uso y con sus aguas contaminadas por eutrofización; Mularroya, donde vamos camino de enterrar otros 200 millones, con otra sentencia de la Audiencia Nacional que anula el proyecto; el irresponsable vaciado del embalse de Santolea, para recrecerlo, que dejó sin agua potable a Aguaviva y otros pueblos, justo cuando cierra la térmica de Andorra y quedan 18 hectómetros cúbicos libres; pero mientras, eso si, sigue sin haber dinero para acabar con la contaminación tóxica por lindano que envenena poco a poco a decenas de miles de personas en el Gállego, por los vertidos criminales que hizo la empresa Inquinosa. Y para completar el abanico de problemas, la privatización del agua, promovida por la Ley de Aguas y Ríos de Aragón, con el Plan de Saneamiento y el ICA, envueltos en sombras que auguran graves problemas de corrupción.

Afortunadamente también encontramos experiencias positivas, como el diálogo social del agua y la estrategia de riego exitosa del Matarraña, basada en la regulación en tránsito; o el ejemplo de Fabara, con su depuradora extensiva, diez veces más económica que la que pretendía imponerles la DGA, desde su modelo privatizador.

Llegando a Cataluña, el caso de Flix, que combina contaminación masiva, con casi un millón de toneladas de residuos de alta toxicidad vertidos al Ebro, y corrupción, con Acuamed, FCC y otras empresas involucradas, es un brutal ejemplo de hasta donde puede llegar la codicia y la falta de escrúpulos en los más altos niveles del poder.

Y al final, nos encontramos con nuestros amigos y aliados clave frente a los trasvases, las gentes del Delta, en su lucha por sobrevivir a la salinización y la subsidencia (hundimiento), por la falta de caudales y sedimentos.

Ya nos examinamos de esta asignatura del trasvase, y creo que sacamos buena nota; pero habrá que volver a la faena…

*Profesor emérito de la Universidad de Zaragoza

   
1 Comentario
01

Por IZARILLA 10:53 - 26.04.2019

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No faltaba más que Cantabria no pudiera utilizar una ínfima parte del agua que allí aflora (Río ebro)