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Sala de máquinas

‘El Coloso’, sin duda obra de Goya

 

Juan Bolea Juan Bolea
08/06/2019

Todavía está reciente la presentación del último libro de Carlos Foradada, Goya recuperado en las Pinturas Negras y El Coloso (Ediciones Trea). Un estudio profundo, ameno y científico a la vez, sobre algunas de las obras más simbólicas, emblemáticas y misterioas de Francisco de Goya.

Polémicas, también, ciertamente, como lo fue la descatalogación de El coloso por parte del Museo del Prado, tras determinar sus conservadores que este cuadro no había salido de los pinceles del genio de Fuendetodos.

Sentencia de la que Carlos Foradada discrepa frontalmente.

Y lo hace con muy serios argumentos en la mano. Recordando, para empezar, las contradicciones de la doctora Manuela Mena, que fue quien finalmente negaría la autoría a El Coloso en un segundo estudio, pues en el primero, realizado por ella misma algunos años antes, no dudó que era de Goya. Sus vacilaciones afloraron tras el análisis de los materiales empleados en El Coloso. Del uso de aceite de nueces, de partículas de sílice, albayalde y otros pigmentos, desprendió que no eran recursos habituales en el taller de Goya y con ese razonamiento, unido a lo que interpretó como fallos de perspectiva, condenó El Coloso al ostracismo.

Foradada, sin embargo, desmonta tales argumentaciones sobre sólidos principios científicos. Demostrando que esos materiales, pigmentos y aceites, muchos de tradición italiana, habían sido previamente utilizados en otras obras de Goya (como, por ejemplo, en el retrato ecuestre del general Palafox).

En cuanto a los supuestos errores de perspectiva, Foradada hace notar el error de Mena al confundir el tamaño de bueyes y toros que huyen del Coloso en la parte baja del cuadro, entre otras equivocadas interpretaciones del paisaje.

Además de esta justa reivindicación, la de que El Coloso vuelva a exhibirse en El Prado como cuadro legítimo de Goya, Carlos Foradada dedica en su ensayo un amplísimo estudio, con importantes novedades y numerosos aspectos inéditos, a las llamadas pinturas negras de Goya, las que el genio pintó para sí en su retiro de la Quinta del Sordo.

Una valiosa aportación a los estudios goyescos.