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Al trasluz

Elogio de Paz

 

A Paz Mozota Alegre in memoriam

Con tu permiso, Paz, escribo hoy para despedirme de ti. Sin quererlo te fuiste sin avisar y por eso necesito decir, decirte y decirme algunas cosas para conjurar la tristeza y para que tu nombre permanezca por algún tiempo más formando parte de nuestras vidas.

Los que tuvimos la suerte de conocerte sabemos que no vas a poder leerlas pero quizás sí puedas, de algún modo, sentirlas ojalá sea así, eso me confortaría un poco pero de ningún modo será bastante para hacer que nos conformemos con tu pérdida. El mundo, que a nuestros ojos son nuestras vidas, las de los que te conocimos, respetamos y admiramos es desde hace unos días peor, mucho más triste y gris que cuando tú estabas en él haciendo honor a tu apellido, Alegre.

El profundo impacto de tu desaparición nos ha desgarrado a muchos que no encontramos explicación suficiente ni consuelo para cubrir tu ausencia. Sí, estoy enfadada, reconozco que estoy enfadada con las lagunas de la Medicina y la frialdad del sol. Con la primera por no saber ni poder rescatarte, con el segundo por haber seguido saliendo, distanciado de todo y todos, puntual como si nada hubiera ocurrido, como si nada hubiera dejado por el camino, como si no le importara...

Hubiera querido tener más ocasiones para charlar contigo, en realidad para escucharte y poder apreciar y aprender de tu serenidad y magisterio. Nuestras conversaciones no fueron demasiadas, no, pero mucho más que suficientes como para echarlas de menos y saber que tú no eras una persona más, eras una gran persona porque eras una buena persona y una magnífica profesora y solo el haber tenido la fortuna de coincidir contigo mitiga mi profunda pena porque te hayas ido y nos hayas dejado.

Sabiendo de tus capacidades no dudo de que fueras necesaria allí donde estés ahora pero también aquí tu presencia era importante. Por eso nos duele tu ausencia porque echamos de menos tu sentido del orden y del trabajo bien hecho, tu manera de hablar enfatizando con las manos el sentido de tus palabras como si dirigieras la pequeña orquesta que siempre es un aula. Esa difícil combinación de amabilidad y determinación que a muchos les lleva la vida entera conseguir era, creo yo, cualidad tuya desde siempre.

Faltas en las aulas, en Zaragoza, en el camino y todo ha quedado más pobre y desierto sin ti. Voy terminando y compruebo que no lo he logrado, no he conseguido exorcizar mi pena, y niego la mayor, el tiempo no lo cura todo, lo sé por experiencia, no digo yo que no lo emborrone pero eso no es curar. No se cura una ausencia, imposible la tuya capaz de seguir enseñándonos y ayudándonos incluso ahora cuando ya no estás.

Podría decir la consabida despedida «descansa en paz» pero dudo mucho que esa trabajadora infatigable que tú eras no esté enfrascada en alguna ardua labor.

Gracias Paz, gracias por todo. Ojalá nuestros caminos vuelvan a cruzarse.

* Filosofía del Derecho. UZ

 
 
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