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El artículo del día

Emblema de Francia desde el siglo XIV

La primera piedra de Notre Dame fue tal acontecimiento en 1163 que fue hasta el papa Alejandro III

 

José Luis Corral José Luis Corral
17/04/2019

Un domingo del mes de junio del año 1163 se puso la primera piedra de la que un siglo y medio más tarde se convertiría en la catedral más famosa de toda Europa. El obispo Mauricio de Sully encargó a un arquitecto anónimo que construyera el templo más largo, más alto, más ancho y más alto del mundo conocido. El obispo Sully ordenó que su nueva iglesia catedral se construyera en el nuevo estilo, que siglos más tarde se denominará gótico, siguiendo las innovaciones introducidas en la abadía de Saint Denis en el año 1137, y que consistían en sustituir los gruesos y pesados muros de piedra románicos por enormes vanos acristalados con vidrieras gracias al invento del arbotante y el contrafuerte.

La colocación de la primera piedra de Notre Dame fue un acontecimiento tan extraordinario que ese día acudió a París el papa Alejandro III.

En los años siguientes fueron avanzando las obras, se elevó el crucero, se levantaron las dos famosas torres de su fachada principal, se colocaron las espléndidas vidrieras y se ultimaron las portadas con magníficas esculturas de los reyes de Israel, profetas y santos.

En el siglo XVI el arte gótico cayó en desgracia para los artistas del Renacimiento, y se abandonó como estilo constructivo. Considerado un arte de los bárbaros («de los godos»), se abandonó y los edificios góticos fueron enmascarados con ventanales y elementos decorativos renacentistas que modificaron su aspecto medieval.

En Aragón, la catedral de Tarazona es un ejemplo bien significativo de ese nuevo gusto estético, con sus ventanas renacentistas tapando los ventanales y los vitrales góticos.

A comienzos del siglo XIV la catedral de Nuestra Señora de París estaba finalizada, y durante siglos fue el gran centro religioso de París.

Pero en el siglo XVIII el triunfo de la Ilustración afectó notablemente al templo parisino. En pleno barroco se derribaron las portadas de la fachada principal para dejar paso a las grandes carrozas de los pasos procesionales, que no cabían por las puertas medievales. Además, con el triunfo de la Ilustración la catedral parisina se convirtió en un templo a la diosa Razón, y se eliminaron la mayor parte de la vidrieras del siglo XIII para sustituirla por vidrios transparentes que dejaran pasar la luz blanca natural, no colorada ni transformada por los vidrios multicolores de los alquimistas medievales.

Durante la Revolución de 1789 los exaltados anticlericales atacaron el templo y destruyeron muchas de sus esculturas, sobre todo la galería de 28 reyes de la fachada principal. Estas esculturas fueron decapitadas y arrojadas a la plaza; los pocos restos de estas figuras se conservan en el muso de Cluny, en París.

En 1801 se hicieron obras de limpieza y cierre de ventanas, y Napoleón pudo coronarse en ella como emperador en 1804. El urbanista Haussman derribó las casas que la rodeaban y se contempló toda su grandiosidad desde la plaza abierta ante su fachada.

Pese a todo, en 1930 Notre Dame presentaba un aspecto deplorable. Solo quedaba en pie la obra arquitectónica de piedra, pues la mayoría de las vidrieras habían sido destruidas y las esculturas arrancadas o mutiladas; los pájaros entraban por los ventanales abiertos y construían sus nidos en el interior.

En 1844, en pleno auge del romanticismo, se decidió restaurarla. Trece años antes Víctor Hugo había publicado su novela Nuestra Señora de París: los parisinos y las autoridades de la ciudad volvieron sus ojos hacia el templo. La obras se encomendaron al joven arquitecto Éugene Viollet-le-Duc, quien durante veinte años se afanó en devolver a Notre Dame su esplendor. Contrató a los mejores escultores, restauró las fachadas y repuso la galería de 28 reyes, aunque colocó en ella a los de Francia y no a los originales de Israel.

Viollet-le-Duc reconstruyó elementos arquitectónicos, ordenó tallar esculturas para las portadas y las gárgolas, repuso las vidrieras y diseñó la esbelta flecha de 96 metros sobre el crucero, construida por el maestro Henri Georges, que ayer ardió y colapsó.

En 1871 estalló la revolución de la Comuna y de nuevo sufrió la catedral la ira de los más alterados; las sillas y bancos de madera se colocaron en una pira en el centro y se les prendió fuego. Notre Dame estuvo a punto de arder y se hubiera perdido, tal vez para siempre, de no haber sido por la rápida intervención de los parisinos, que acudieron a apagar las llamas.

En 1960, las vidrieras altas fueron sustituidas por unas nuevas que se elaboraron siguiendo fórmulas y tonos de colores medievales; por último, entre 1992 y 2005 se restauró y limpió la fachada principal.

El lunes ardió Nuestra Señora de París; el mundo entero llora la pérdida del emblema de Francia.

Referencias:

-José Luis Corral, El enigma de las catedrales, ensayo histórico, ed. Planeta.

-José Luis Corral, El apogeo del gótico. Notre Dame de París, en Historia Nacional Geographic, 49, pp. 2-15, Barcelona 2008.

-José Luis Corral, El número de Dios, novela histórica, ed. Edhasa.

-José Luis Corral, Fulcanelli. El duelo del secreto, novela , ed. Marlow.

*Historiador y escritor