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El artículo del día

¿Enseñanza de la medicina?

En el nuevo paradigma laboral médico da igual ser licenciado o graduado, solo te valoran si tienes el MIR

 

VICENTE CALATAYUD MALDONADO
13/03/2019

La ilusión que, como aspirante a docente nos inundó en la década de los 70-80 ante el posible retorno a la universidad española a sus facultades de Medicina, de las estructuras docentes y científicas consolidadas en otros países de nuestro entorno, se vio frustrada a principios del XXI, gracias a la desastrosa gestión de los médicos políticos, de los políticos médicos y de algunos estudiosos de la medicina, que cuestionaban: los procesos de aprendizaje de las universidades públicas y las pocas privadas que impartían, la antes llamada, licenciatura en medicina, así como a los hospitales de los organismos que tenían la responsabilidad de fortalecer el desarrollo profesional de los estudiantes y profesionales de la practica medica.

Pero una memoria clínica, aunque sea política, debe comenzar siempre por una buena historia.

La avalancha democrática de los 70, permitió el no menos flatulento empacho democrático, que exigía nuevos retos para los profesionales de la salud, con la finalidad de hacer frente a las demandas de la sociedad. Lo cual obligo a diseñar actividades de aprendizaje, sin contrastar su beneficio, y capacitar, sin esfuerzo, neófitos y anónimos profesores y catedráticos que abarataron la dura pero valiosa selección, diseñada por un gran socialista, Giner de los Ríos, en la Institución Libre de Enseñanza, diseño respetado por la dictadura. Se engendró una aberración académica, llena de malformaciones genéticas denominada ANECA, con la supuesta finalidad de acoplar la calidad de la atención con la eficacia de la educación.

Olvidaron que la medicina esta sujeta a las exigencias de la producción y a los cambios demográficos que requieren flexibilidad y pensamiento creativo, necesidad de preservar el capital humano ante los usuarios exigentes y participativos, capacidad de respuesta de los servicios y prolongación de la vida socialmente útil de los médicos. Nada de eso se tuvo en cuenta en el prematuro y distócico parto. La malformación genética, resulta difícil de corregir. No hay uci para estos casos.

Se diseñaron planes de estudios a demanda del capricho personal del político partidista de turno, inmortalizando su nombre en el BOE. El colofón final lo puso la precipitada aplicación del siniestro Plan Bolonia. El licenciado (graduado) termina sus estudios de seis años y sale de la facultad sin estar capacitado, sin estar facultado para ejercer la medicina en institución pública alguna. Solo le sirve la titulación obtenida, tras seis años de su joven vida, para conseguir el papel que le permita examinarse del MIR.

¿Para que se ordenó aquella norma de «cesión demanial a instituciones sanitarias», con criterios igualitarios, y finalidad de intensificar las clases prácticas? Los resultados parecen ser poco satisfactorios. Se cambió el concepto de alumno, licenciado o doctor; de médico interno, profesor ayudante, profesor adjunto o catedrático a graduado, master y/o MIR .

En la FP se eliminó aquello tan social y beneficioso para la formación profesional: aprendiz, oficial y maestro. Los sistemas democráticos se desacreditan solos, si su gestión es manipulada por incompetentes cerebros o fanáticos narradores partidistas de cualquier ideología. Es un problema de sentido común gerencial.

El médico competente y capaz, que mas tarde desee perfeccionarse y especializarse, debe adquirir, en su caminar universitario, la capacidad de integrar y ofrecer una imagen completa durante el aprendizaje de la medicina en la facultad correspondiente y tras seis años, estar reconocido, con una formación integral que le permita ejercer su profesión no especializada y saber pasar de lo objetivo a lo subjetivo en términos de comprensión del paciente, que relata una historia y una biografía. ¿Por qué no ocurre así? ¿Sobran facultades de Medicina? ¿Faltan docentes capaces? ¿Faltan médicos clínicos y sobran pensadores políticos? Antaño, nos sentíamos orgullosos de pertenecer a la escuela médica de un maestro.

Hace pocos años un título universitario iba paralelo a un puesto de trabajo asegurado para toda la vida, se valoraba la facultad, la universidad donde habías realizado tu formación y el maestro que te instruyo. Hoy puede ser que alguna organización un poquito arcaica siga valorándolo; pertenecer a una escuela es sumisión y perder personalidad. El ego desvirtúa la convivencia. Dentro de 10 años presumir de licenciado será motivo de chirigota pública.

En el nuevo paradigma laboral médico da igual que seas licenciado, graduado o que hayas aprendido viendo vídeos en Youtube, solo te valorarán si has aprobado el MIR, aunque no seas capaz de aportar nada, de lo que debieron enseñarte en la facultad.

Que hayas estudiado Medicina significa mucho más que «ser» médico. El que seas médico no le importa ya a nadie, casi no te importa ni a ti. Solo si apruebas el MIR. ¿ Para que sirven las Facultades de Medicina hoy? En 2013, Laszlo Bock, jefe deRecursos Humanos de Google dijo que estaban dejando de «valorar el expediente académico» por la «desconexión» entre lo que se enseña en la universidad, en la facultad y el trabajo que hace falta en la sociedad, en nuestro caso en la salud.

El desafío para confrontar el futuro es diseñar un sistema de enseñanza de la Medicina, con base en las necesidades para hacer frente a la diversidad demográfica y geopolítica existente. En época de retos, de nuevas tecnologías y de inserción en la economía global, este desafío debe ser un reto para las facultades de Medicina.

*Catedrático emérito de la Universidad de Zaragoza