+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

Tres en uno

Equilibrista

Ángela Labordeta escribe sobre la productora teatral Kathleen López

 

Daniel Gascón Daniel Gascón
12/11/2020

En Equilibrista (Los Libros del Gato Negro) Ángela Labordeta escribe sobre la productora teatral Kathleen López Kilcoyne (1964- 2018) y sobre el cáncer que acabó con ella. El libro, como Amarillo de Félix Romeo, está escrito en segunda persona, dirigido a la persona que ha desaparecido. Son capítulos cortos, sincopados, con una escritura lírica y tremendista, donde se habla de heridas explícitas y se alude a otras que deliberadamente se quedan en insinuaciones.

El libro sobre la enfermedad y/o la desaparición es un género: sobre el padre en Patrimonio de Philip Roth, sobre el amigo en Ravelstein de Saul Bellow, sobre el hijo en Sergio del Molino y La hora violeta, sobre la pareja y la hija en Joan Didion, sobre el amigo en Los idiotas prefieren la montaña de Aloma Rodríguez, sobre la madre en Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz, sobre los padres (y otras cosas) en Entre ellos de Richard Ford... Puede ser muy poderoso. Despierta lo atávico --es una forma de enterrar a los muertos, un impulso que nos hace humanos-- y convoca lo mágico --la palabra expresa la pérdida y a la vez aspira a mantener vivo al fallecido a través del retrato y la memoria--.

En el libro de Ángela Labordeta el punto de vista es peculiar: la protagonista era la pareja de su hermana. La historia sucede entre Madrid y Zaragoza, y los personajes son sobre todo mujeres con una extraña combinación de dureza y afecto, de tenacidad y desamparo. Es el proceso de degeneración, con los temores --por ejemplo, a los efectos en el cerebro--, los desencuentros --a veces entre quien quiere cuidar y el deseo de aprovechar el tiempo que te queda--, las esperanzas --cifradas en la ciencia, con la ayuda de Carlos López Otín, y finalmente frustradas--. La escritura recuerda a Rapitán, que aparece en estas páginas (como José Antonio y Miguel Labordeta, como Félix Romeo): es intensa y rotunda, con metáforas, con una cotidianeidad amplificada que se puebla de amenazas y monstruos, con el retrato de una intimidad construida desde nombres inventados (equilibrista, pastorcita) y complicidad lacónica, con una presencia ritual de la música y algún momento de humor. Mi preferido es cuando Kathleen pide una película de Woody Allen, no hay y le llevan una cualquiera, sin leer la sinopsis: es la historia de una enferma de cáncer terminal. Escribe Ángela Labordeta: «Me lo dijiste cerrando los ojos, me dijiste que los días de sol te traían el recuerdo de lo que no volverías a tener y también me dijiste que eso te daba igual y que los ibas a aprovechar como si ese rayo dorado fuera a limpiarte y llevarte a tiempos remotos de otra felicidad». Me acuerdo de Kathleen López, la equilibrista, subida en una mesa de Casa Emilio, en una cena con mucha gente.

 
 
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de El Periódico de Aragón

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla