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EN LA FRONTERA

  •  El vanguardista ciclo no podía haber comenzado mejor que con un rifirrafe entre la concejal Borraz y la popular Martínez del Campo


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    JUAN BoleaJUAN Bolea 08/05/2004

    El programa cultural En la Frontera , una vanguardista repesca del Ayuntamiento de Zaragoza para acoger las propuestas de las nuevas tendencias, no podía haber empezado de mejor manera. Con un rifirrafe entre la concejal del ramo, la socialista Rosa Borraz, y la concejal del PP María Jesús Martínez del Campo a propósito de la transgresora performance sobre el universo de la pornografía que se ha montado en la vieja sede del Instituto Anatómico Forense.

    Estas broncas de comisión entre la derecha y la izquierda, a vueltas siempre con el modelo cultural, son ya un clásico, una salsa picante en el guisillo municipal, y suelen dar juego a la canallesca, atenta siempre al contraste y al pugilato político. El PSOE, fiel a su bandera, empieza a programar actividades políticamente incorrectas, cuya heterodoxia, sin embargo, no parece incomodar a casi nadie, salvo a la reserva cultural de Rajoy y, ahora, de Martínez del Campo.

    Cultura son las jotas, claro, y los belenes, y hasta aquella colección de botijos que programó un prócer de la Provincial, hoy en la reserva, pero la creación contemporánea precisa romper diques, fronteras, para volar libremente y descubrir nuevos territorios a la imaginación. Según acaban de hacer, por ejemplo, en una sorprendente exposición colectiva, Paco García Barcos, Bolívar, Pablo Milicua o Antonio Fernández Molina en la galería de Fernando Latorre, dando curso inaugural a otra de las actividades englobadas En La Frontera .

    Cultura es también el exceso. A los artistas plásticos no se les puede pedir que sigan dibujando marinas y bodegones, retratos realistas o el madelman de las academias. A un escritor actual hay que exigirle novedad, ruptura de cánones, nueva interpretación, nuevos contenidos. A un poeta, compromiso y belleza. A los actores, renovados personajes y voces, otra dimensión escénica. Y así, sin miedo, sin reparos, sin censura, hasta depurar el espíritu moderno de las desinencias del pasado ya registradas en el acervo común, en la herencia tan sabida.

    El artista, hoy y siempre, tiene que estar contra el poder, incluso contra el poder que le tiende la mano. Incluso contra la mano que le da de comer. Lo contrario, la pleitesía, la rendición al gusto antiguo, el homenaje retro, la reiteración, el plagio, sólo nos causa, al público, un cansancio anunciado, desesperanza y hastío. La espantosa certidumbre de que todo, en la noria del pensamiento y a la creatividad plástica, oral, literaria está dicho, interpretado, analizado.

    Por eso, para seguir bebiendo en las fuentes de la eterna juventud artística, hay que promover, o permitir manifestarse, todos aquellos intentos de renovación del lenguaje verbal, audiovisual o escénico que nuestros creadores sean capaces de soñar. Sólo de esa manera, contra viento y marea, podremos cumplir la obligación generacional de anticipar las estructuras de comunicación que, de una manera o de otra, al final conseguirán salvar por sí mismas todos los obstáculos, e imponerse de manera natural. Poner puertas al campo, o vallas al Anatómico Forense, no conduce a nada.

    *Escritor y periodista

     
     
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