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La rúbrica

Gary Cooper en La Romareda

 

Gary Cooper en La Romareda -

José Mendi José Mendi
05/07/2020

Gary Cooper se encuentra en medio de un poblado. El escenario es silencioso, polvoriento y desolador. El sol ardiente parece la única compañía de nuestro protagonista. Está tranquilo pero se le nota indefenso, traicionado y teme por su vida mientras mira a su alrededor. La toma de cámara se aleja de su figura y sus gestos. Se empequeñece al mismo tiempo que se amplía la escena, ya de lejos. Es en ese momento en el que los espectadores somos conscientes de que el sheriff Kane está solo ante el peligro. Se trata de la secuencia cumbre de la película High Noon (en España, Solo ante el peligro). Una de las mejores películas del género western, que se sostiene en la psicología del suspense y la toma de decisiones.

Algunos cinéfilos hablan del subgénero del psicowestern. Su director, Fred Zinnermann, quiso hacer una película para advertir del maccarthismo, en la época de la caza de brujas, contra la izquierda cultural norteamericana. El guionista de la película fue procesado por sus ideas progresistas y se sintió tan solo como Gary Cooper. Todo un estilo para afrontar el peligro.

Los humanos respondemos ante el riesgo con tres tipos de conductas: luchamos, huimos o nos quedamos paralizados. No es tan simple, pero me sirve de ejemplo. Lo que hagamos en cada situación dependerá del análisis que hagamos en cada momento, de la percepción de los estímulos y de la que consideremos mejor opción para la supervivencia. Tenemos una tendencia a utilizar más unas respuestas que otras. Estilos de afrontamiento los llamamos en Psicología. Las personas y organizaciones que necesitan apoyo psicológico tienen dos debilidades. O no saben evaluar adecuadamente las situaciones o tienden a utilizar, exclusivamente, un tipo determinado de respuesta. Lo que causa frustración consigo mismo y a los demás. A partir de aquí la autoestima se hunde, porque los sujetos, o grupos, asumen que no saben interaccionar con el entorno, fuera de un patrón estable de comodidad. Sufren ante el oleaje emocional y los conflictos habituales. No tanto por los problemas en sí, que pueden llegar a ser nimios, sino porque no saben flotar en aguas agitadas.

Las respuestas ante la pandemia muestran diversas formas de encarar los problemas. La huida por la inconsciencia de la irresponsabilidad forma parte de las causas en los rebrotes. La paralización del miedo a salir de casa puede llevar a la agorafobia. Un trastorno que llena de ansiedad el hecho de cruzar el umbral de la puerta. La lucha parece más digna. Pero agota, si no fructifica, por dificultades ajenas a nuestro cerebro. La solución consiste en utilizar diferentes estrategias en diversos momentos. Ponerse de perfil no es una huida, pero ayuda a soportar el cierzo. Surfear una ola no implica enfrentarse a una marejada. Detenernos en analizar un problema, conociendo los pros y contras de una situación, no es una parálisis sino algo necesario para evaluar y tomar decisiones sin precipitación. No debemos olvidar que la responsabilidad de haber ejercido una opción, aunque fracase, provoca menos frustración que la incapacidad de decidir.

Las decisiones en el fútbol, en etapas de crisis, expresan conflictos de mentalización. Lo vimos en el partido del viernes, que dejó fuera del ascenso directo al Real Zaragoza. El nuevo balompié ha cambiado la concentración, la orientación y, en particular, el papel de la motivación para mejorar la intensidad competitiva. El entrenamiento físico es imprescindible para la mejora de los deportistas. Pero el entrenamiento mental, en el deporte, fortalece a las personas que juegan. Son indisolubles. Más ahora que los jugadores están solos ante el peligro. Eso se supera. Pero el problema es que los futbolistas maños están solos ante sus peligros. La meta es y debe seguir siendo la misma.

En psicología deportiva pedimos a los equipos que se fijen metas difíciles, pero accesibles. Es lo que ayuda a conseguirlas. Para acercar esa meta la estructuramos en objetivos asequibles y mensurables que jalonan el camino de la recompensa. Por mucho vértigo que den las palabras, la meta es el ascenso.

El objetivo del partido a partido debe sustituir al perdido a perdido que se instala como vudú amenazante. Las dinámicas se cambian con trabajo y concentración, no por rachas fruto del azar. Para eso trabajamos en psicología, en la adaptación, con diversas estrategias de respuesta. Un ejemplo: ahora todos los partidos tienen prórroga. Con prolongaciones que oscilan entre cinco y diez minutos. Casi toda una parte de las viejas eliminatorias empatadas. Podemos establecer una rutina de reactivación que coincida con la muestra del tiempo añadido. Una señal de inicio para comenzar el final del partido que tantos goles genera en el nuevo fútbol. En resumen, si no sabes estar cerca de la cima mucho tiempo, la opción es alcanzarla ascendiendo desde el campo base. ¿Retroceder para coger impulso? ¡Por supuesto!

Mañana Víctor Fernández y nuestro Zaragoza estarán solos ante el peligro. Nada mejor que vencerlo, y ganar el partido, derrotando a los propios miedos. Necesitamos que nuestro Kane futbolístico siga con su chapa de sheriff, reagrupe a los buenos para vencer a los espíritus forajidos y a los fantasmas del desierto goleador. Así, fortalecidos contra el peligro, subiremos juntos al tren de Primera.

*Psicólogo y escritor

 
 
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