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turbulencias

Grandes cuentistas americanos

Thomas Wolfe, Octavia Butler, Gregory Porterm, Joshua Redman y amigos y The Mavericks

 

Joshua Redman, Brad Mehldau, Christian McBride y Brian Blade. -

Javier Losilla Javier Losilla
18/09/2020

Reconozco mi pasión por la obra de Thomas Wolfe (Carolina del Norte, 1900 – Maryland, 1938), poderosa, original y vibrante, y especialmente por una de sus formas de narrar, esa que más perturba a sus detractores. Conocido principalmente por novelas como 'Look Homeward, Angel', y 'You Can’t Go Home Again', Wolfe es menos apreciado en las distancias cortas: los cuentos. Pero curiosamente esas piezas son la mejor forma de entrar en su universo. Recientemente se ha publicado en España 'Cuentos' (Páginas de Espuma), una colección de 58 historias o lo que es lo mismo: la traducción de 'The Complete Short Stories Of Thomas Wolfe', volumen editado por Francis E. Skipp en 1987. La traducción la firma Amelia Pérez Villar (sombrerazo para ella), quien ha tenido que lidiar bravamente con una escritura compleja, inclasificable, dispersa en ocasiones, y ha salido indemne y brillantemente airosa.

En 'Cuentos' se ha seguido el orden establecido en la edición original, y, como en ella, no hay datos sobre dónde y cómo se publicaron los relatos. Les ahorraré esos detalles, pero no el hecho de que la compilación contiene obras publicadas como narraciones cortas, pero también otras procedentes de manuscritos que inicialmente iban a formar parte de novelas. El volumen (921 páginas) recoge, además de piezas breves, otras más largas como 'No hay puerta', por ejemplo, aunque, al igual que en la edición en inglés, no contempla escritos como 'The Web Of Earth'. Unas y otras forman parte del impulso de Wolfe, que en ocasiones no utiliza tramas en sentido convencional, usa el mismo nombre para personajes de cuentos distintos, narra una misma historia desde puntos de vista distintos, remarca aspectos del relato con paráfrasis sobre lo escrito unas líneas más arriba…

América, la América de su época, repleta de luces y sombras, asuntos que pueden parecer autobiográficos y cantos de esperanza y de pesimismo pueblan los cuentos, en los que asoman dos tipos de escritura: la plasmada antes de 1936 y la realizada después de ese año. La primera es exuberante y arrolladora: estamos aquí ante un poeta que no escatima en recursos literarios (la anáfora revolotea sin parar), que suelta guiños por doquier a obras ajenas ('El Cantar de los Cantares', 'La tierra baldía', 'El mercader de Venecia'…), que envuelve al lector con un torrente de palabras (por cierto: sostengo que Lorca se inspiró en relatos de Wolfe como 'Ese hermano orgulloso' para escribir 'Poeta en Nueva York'. No pudo se al revés, ya que el libro del granadino se editó dos años después de fallecer Wolfe). La segunda es más austera y directa, sin apenas referencias externas. Uno prefiere al Wolfe desbordante y desbordado, pero mi recomendación no puede ser más clara: lean 'Cuentos' y déjense engañar por un genio.

Otra escritora singular fue Octavia Butler (California, 1947-Washington, 2006), compatriota de Wolfe, pionera de la ciencia ficción escrita por mujeres negras, cuentista y (esencialmente) novelista premiada. Fue encuadrada dentro del afrofuturismo, esa taxonomía algo equívoca, usada tanto en artes como en literatura, ensayo y música, cuya función, según Ytasha Womack, autora de 'Afrofuturism: The World of Black Sci-Fi and Fantasy Culture', es «desmontar la raza como tecnología». Traducida ahora por primera vez al español por Arrate Hidalgo, Octavia Butler se acerca a nosotros a través del libro 'Hija de sangre y otros relatos' (Consonni), que contiene siete cuentos y dos ensayos (uno de ellos autobiográfico; el otro, sobre el arte de escribir) publicados y editados entre los años 70 y 90 del siglo XX. Quien más quien menos interpreta las fantasías literarias de Butler en clave política y social, y esa es sin duda una lectura, pero la escritora cierra cada relato con un epílogo, en el que bien puede desmontar cualquier idea que uno se haya hecho sobre él.

Así, tras el texto que da título al libro, escribe: «Me asombra que algunas personas hayan interpretado 'Hija de sangre' como una historia de esclavitud. No lo es. Sí que es otras cosas. Una historia de amor entre dos seres muy diferentes (…), una historia de paso a la madurez (…) y mi cuento sobre hombres embarazados». Quedémonos pues con la libertad de pensar el presente con la mirada puesta en futuro, de disfrutar del talento de Butler y, por qué no, de llevarle la contraria.

Y tras la lectura, la escucha. 'All Rise' (Blue Note / Universal) es el sexto álbum de estudio del espléndido cantante Gregory Porter. Tras lo que creo fue un fallido homenaje discográfico a Cole Porter, Gregory vuelve a su gozoso terreno de neo-gospel, soul y jazz para agitarnos con su voz de barítono, su mundo interior y la crítica social. En un par de excelentes baladas recuerda a Sinatra, y no se olvida de un homenaje al funky-soul setentero y del swing. Troy Miller firma una producción impecable, detallista y bien construida. Una sección de cuerda participa en la grabación.

En 1994 el saxofonista Joshua Redman, el pianista Brad Mehldau, el bajista Christian McBride y el batería Brian Blade marcaron tendencia con 'Mood Swing', su primer disco juntos. Ahora, 26 años después de ese encuentro, han decidido repetir experiencia y grabar 'RoundAgain' (Nonesuch / Warner), donde los encontramos menos rompedores pero más sabios. Dos piezas de Redman ('Silly Little Love Song', un modelo de diálogo, sinuosidad y elegancia, y 'Right Back Round Again') destacan en el conjunto.

Aviso para navegantes y seguidores de la ecléctica banda rockera The Mavericks: su nuevo álbum, titulado (y cantado) 'En Español' (Mono Mundo Recordings / Everlasting) contiene versiones de piezas argentinas ('Sombras nada más'), hispano-francesas ('Me olvidé de vivir'), italianas ('Cuando me enamoro'), cubanas ('La sitiera' y 'Me voy a Pinar del Río') y mexicanas ('Sabor a mí' y 'No vale la pena') más cinco notables originales de Raúl Malo. No es la primera vez que The Mavericks cantan en español, pero este álbum produce sentimientos encontrados. Aunque conviene escucharlo sin prejuicios. 

 
 
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