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El artículo del día

Os haremos un río

El paso del tiempo no convence a la clase política de que hay mentiras que ya no cuelan

 

FERNANDO Carnicero
16/04/2019

Llega el tiempo de las promesas. Coincide con la manifestación en Madrid de decenas de miles de ciudadanos de la España vaciada que hartos ya, salen a la calle para expresar su dignidad de habitantes de unas tierras que han sufrido el abandono de las distintas administraciones y gobiernos.

Los políticos de turno, algunos con más de treinta años en el ejercicio del poder en sus diferentes formas, se acercaron a los manifestantes preocupados por una situación que deberían de conocer de primera mano. ¿Para qué? ¿Para darles apoyo o mejor para pedir perdón?

Estos ciudadanos demasiadas veces han escuchado en sus pueblos las promesas del candidato a diputado, muchas veces cunero y en otras de la tierra pero desconocedor del sitio donde está, prometer: «Os haremos un puente» «pero si no tenemos río» responden los del pueblo, «pues os haremos un río».

En eso estamos, pero los ciudadanos hartos ya de tanta mentira, no confían en los políticos.

Si rebobinamos en nuestra historia reciente, podemos observar como propuestas que se consideran imprescindibles en las agendas de los partidos políticos en campaña electoral o ante situaciones críticas de nuestro país, han desaparecido no solo del debate sino del objetivo a conseguir. Por eso los partidos día a día pierden prestigio y el respeto de los ciudadanos dejando paso abierto a planteamientos populistas que interpretan que da igual lo que digamos si después desde el poder hacemos lo que queremos.

Los ciudadanos hemos visto cómo se ponían sobre la mesa ideas de convertir España en un Estado Federal ¿donde está la propuesta y cómo lo harían? Pues ahí seguimos con el problema catalán y el déficit de financiación de las autonomías. ¿Alguien recuerda aquella necesidad de un mando único de seguridad del Estado que coordinara todos los cuerpos que velan por nosotros en defensa de los delitos más graves que surgió después de los atentados de Madrid? Silencio absoluto. Qué decir de la estructura administrativa que nos gobierna: diputaciones provinciales sí o no, comarcas en algunas autonomías, agrupación de ayuntamientos. La administración crece día a día sin que nadie le ponga coto y los ciudadanos que soportamos la carga vivimos en la sospecha, cada día más hecha realidad, de que los partidos necesitan muchos agujeros donde colocar a los suyos. ¿Para cuándo una racionalización de la administración para que cumpla su función sin ser un lastre para la economía del país? Qué nos dicen de las pensiones, porque propuestas no hay, que son la garantía de un estado de bienestar por el que se ha luchado tanto. Y hay dos temas fundamentales que son otros pilares del bienestar y desarrollo de los países. La educación y la sanidad. ¿Cuándo se van a dar cuenta nuestros políticos de que son unos Servicios Públicos de los ciudadanos que ponemos en sus manos para que los gestionen en interés nuestro y no para hacer negocios con sus amigos o someterlos a idearios partidistas que van en perjuicio de la mayoría? Hace falta un acuerdo de estado para que estos asuntos solo se puedan cambiar con una mayoría cualificada para que los planes establecidos tengan continuidad a lo largo del tiempo y no dependa de la decisión partidaria del gobierno de turno.

Y de política fiscal hemos escuchado de todo. Pero llama la atención la comparación con Europa del tanto por ciento que España dedica en relación al PIB respecto a cualquier servicio y la escasa referencia que se hace a la presión fiscal de los países de la UE para poder conseguir esos servicios tan mejorados (conciliación familiar, pensiones, educación, investigación). Aquí parece el mundo al revés, ¡los pobres financiando a los ricos! ¡ Cómo no vamos a tener déficit!

Caminamos hacia una economía basada en impuestos indirectos que pagamos todos y una exoneración de los mayores patrimonios, grandes fortunas y grupos financieros que por no se sabe que artículo, se salen de rositas. Por ahí tenemos esas propuestas y leyes aprobadas de eliminación o reducción al mínimo de impuestos que afectan a las potencias económicas del país, mientras crece la brecha económica y aumenta la pobreza incluso entre aquellos que trabajan. Difícilmente se pueden prestar servicios con menos ingresos.

Nuestras calles y plazas se van a llenar de colorido, anuncios, plazas de toros y pabellones de mítines, vuelta a repetir lo mismo, los candidatos vuelven al puente y el río. Pero los ciudadanos esperan otro comportamiento, les hubiera gustado que sus diputados, durante la legislatura hubieran recorrido sus pueblos explicando sus propuestas en el Congreso y recabando información sobre sus problemas reales para solucionarlos. Una vez más suena mal la música y los ciudadanos van a tener que realizar un gran esfuerzo para separar el trigo de la paja y poner la responsabilidad del gobierno en las mejores manos. Se acrecienta además la duda de donde terminaran sus votos, una cosa es lo que dicen y otra lo que hacen al menor atisbo de poder, un abuso que debiera de terminar ya.

*Periodista

 
 
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