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HOLOCAUSTO

 

FERNANDO RivarésFERNANDO Rivarés 04/04/2004

El holocausto armenio, masacrados por los turcos, solo permanece en la memoria de sus descendientes. El de los indios norteamericanos tiene apenas un par de libros y alguna mirada critica al cine del oeste que los puso a caer de un burro (o un caballo pinto) mientras glorificaba las gestas de los yanquis blancos. Los gulags de Stalin, solo se recuerdan en los libros de historia. El de saharauis a manos de Marruecos no cuenta. El de los tutsis y hutus en Ruanda pasó de moda. El peor holocausto conocido, el judío a manos de los nazis, se ve en el cine, novelas, periódicos y la radio. Aunque no salen los muertos comunistas, socialistas o gays. Estos no tienen hijos que los reivindiquen. Pero la memoria es muy perversa. El recuerdo del horror al que sometieron a un pueblo entero y que dejó millones de muertos no puede ser la excusa para justificar otro holocausto: el que los palestinos sufren a manos de Israel que consigue que sus atentados sean acciones militares y los de sus enemigos terrorismo y que logra que la critica desaparezca bajo la sospecha de antisemitismo. La víctima reproduce al verdugo. Lo dijo Saramago y lo pagó. El dolor de un horror no justifica otro. Paz y libertad en Palestina.

*Periodista