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La rúbrica

La ley del deseo

 

Lambán y Page, en una imagen de archivo. -

José Mendi José Mendi
15/12/2019

Queremos lo accesible, deseamos lo inalcanzable y necesitamos lo que debemos tener. Para que me entiendan, quiero que llegue pronto el fin de semana, deseo que me toque el gordo y necesito un descanso. Con sus matices, el lenguaje tiene pleno sentido en cada variante de lo que queremos decir, cómo lo decimos y en referencia a qué. Cuando hablamos de personas el instinto lleva al deseo, las emociones a la necesidad y la razón al querer.

El equilibrio mental perfecto, y afortunadamente inexistente, daría como resultado un triángulo acutángulo equilátero de estos tres términos. Es decir, los tres lados y los tres ángulos de dichos conceptos serían iguales, tanto en distancia entre sí como en amplitud. Las personas que expresan malestar psicológico consigo mismas, con los demás y con el mundo, no suelen tener bien analizados estos tres elementos y los confunden. Una terapia rápida y efectiva, muchas veces, no requiere de instrumentos demasiado complejos.

Un bolígrafo y un papel pueden ser suficientes para describir y situar lo que queremos, lo que necesitamos y lo que deseamos, en el lugar apropiado de nuestra vida. Si fuéramos conscientes de los esfuerzos que dilapidamos luchando por nuestros deseos, desaprovechando las oportunidades de conseguir lo que queremos y respondiendo a las necesidades de forma irracional, observaríamos que nuestro comportamiento, en ocasiones, no es psicológicamente sostenible.

La política está llena de buenos deseos. Incluso solo de deseos. Pero es menos habitual resaltar lo indeseable. Primero por una norma básica de la comunicación que señala que se transmiten mejor los mensajes en positivo. Segundo porque conviene reafirmarse resaltando mejor las virtudes propias que los defectos ajenos. Y tercero porque transformar lo que se quiere en un deseo es erróneo, pero si además lo conviertes en indeseable podrías estar calificando de indeseables, también, a todos aquellos que están trabajando por lo que quieren. Lo que nos lleva a la pregunta básica de inicio ¿queremos todos lo mismo? Estos días Javier Lambán ha calificado a la formación política catalana, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), de «partido indeseable para la gobernabilidad». Si hablamos de deseos todos los partidos desean gobernar en solitario y no desean compartir el poder. Pero al llevar el debate de las negociaciones para formar gobierno al terreno de los deseos, se evita hablar de objetivos racionales, de la meta a la que se quiere llegar y se juega, incluso, con la emoción de la necesidad para suscitar una activación de rechazo. Es más, lo que se está haciendo es pervertir el debate de la política real para transformarlo en el debate de los deseos. Y los deseos no se debaten. Se tienen. No pasa nada por desear lo contrario de lo que quiere la mayoría que ha respaldado a Pedro Sánchez. Igual que no pasó nada en el pasado. Se asume, o no. Defender lo mismo, de forma que parezca que se defiende lo contrario, o viceversa, puede ser muy «baronil» pero no es leal. El futuro gobierno será de coalición, solo, entre el PSOE y Unidas Podemos.

El resto de actores que sintonizaron con la moción de censura que llevó a Sánchez al gobierno, podrán facilitar con su apoyo o abstención la investidura. Pero a nadie se le pide un contrato de gobernabilidad. Ni a ERC, ni tampoco al PP, Vox y Ciudadanos que han decidido estar en la misma oposición que ostentan en Aragón. Esperemos que la sintonía de declaraciones entre Page y Lambán se quede en un mero intercambio de deseos. Aunque quizás lo sea también de regalos navideños, si comparten esa atracción por la baroselina. Esa sustancia concebida, exclusivamente, para los barones que son muy barones.

Parece que algunos dirigentes necesitan, tras las primarias, otro manguerazo de izquierda para aliviar tanta tensión política no resuelta. Y es que la genial escena de La ley del deseo, protagonizada por Carmen Maura, elevó el deseo a metáfora de la vida política. A Lambán y Page se les conoce ya como los Panchos del socialismo. Responden con uno de sus famosos boleros a la llamada de la Moncloa. Pero pueden tener un problema como se encuentren en la puerta con su inquilino recibiéndoles con una ranchera feminista de Paquita la del Barrio.

En fin, ante tanto despropósito no vendría mal que se oyera alguna voz más, desde la izquierda del Gobierno aragonés, para defender el diálogo y los acuerdos alcanzados. Ayudaría a que se atemperen aquí, y en Madrid, los deseos discrepantes de nuestro presidente. Y por favor, que la habilidad y la inteligencia política demostrada por Javi Potter en el Pignatelli a la hora de conformar su gobierno no alimente a los Voxdemort de las derechas.

Ahora Pedro Sánchez ya es, oficialmente, candidato a presidente. Habrá nuevas conversaciones y contactos de todo tipo y con todos. Natural. Hablar no es una cesión, sino un deber y un derecho. El diálogo debe seguir avanzando, no porque lo deseemos, sino porque lo queremos. Es una voluntad. La clave para resolver las diferencias es utilizar el mismo lenguaje. No necesitamos traductores de sensaciones ni deseos, sino un idioma común de entendimiento.

Creo que es la mejor reivindicación para celebrar hoy el 160 aniversario del nacimiento de Lejzer Zamenhof, creador del esperanto. Felicân naskifgtadon.

*Psicólogo y escritor

 
 
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