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Salón Dorado

La ‘Leyenda negra’ y el ‘brexit’

 

José Luis Corral José Luis Corral
24/03/2019

Desde que a mediados del siglo XVI inventaran la Leyenda negra, los ingleses han mirado a Europa, especialmente a España y países del sur, por encima del hombro. A base de libros primero, de revistas y periódicos después y de cine y TV ya en el siglo XX, cierta intelectualidad inglesa ha presentado a los españoles como sanguinarios genocidas en los países que conquistaron y a los británicos como agentes portadores de la civilización a territorios retrasados habitados por razas inferiores.

La historia no fue así. Es cierto que los españoles impusieron su poder y fuerza, como cualquier conquistador que se precie, aunque en alianza con tribus indígenas como los tlaxcaltecas, que estaban hasta los mismísimos de ser masacrados y esclavizados por los aztecas; pero los españoles también fundaron escuelas y universidades en América Central y América del Sur, propiciaron avances legales como las Leyes de Indias o las aportaciones del jurista Francisco de Vitoria, que desde su cátedra de Salamanca consideraba que todas las personas nacían libres e iguales, y propiciaron el mestizaje.

Dos siglos después de Francisco de Vitoria, los ingleses trataron a los indígenas de América del Norte, África, Asia y Oceanía como seres inferiores. El racismo anglosajón se basaba en la idea de superioridad de la raza blanca, especialmente la aria, sobre las demás. Lean las tesis de algunos de esos civilizados ingleses de los siglos XVIII y XIX sobre las razas inferiores (árabes, hindúes, africanos, amerindios, maoríes, asiáticos) y lo de ese canalla criminal llamado Adolfo Hitler les sonará bastante.

Pero pese a la salvaje y supremacista colonización anglosajona, y la de sus retoños estadounidenses, ganaron la batalla de la propaganda.

Mientras presentaban la colonización española como la peor de las catástrofes, los británicos del siglo XIX masacraban, violaban y expoliaban sus colonias de África y Asia, y los norteamericanos hacían lo propio en las llanuras del Medio Oeste, exterminando o reduciendo a las infamantes reservas a los sioux, comanches, apaches y demás pueblos indios.

Gran Bretaña, aunque quiere mantener su estatus de gran potencia, ya no es lo que fue. Su Parlamento, otrora célebre por su seriedad, es un gallinero de vociferantes políticos mendaces que no saben sacar a su país del fiasco en que lo han metido con el brexit.

Con trampas, como tantas veces, los políticos británicos han logrado ganar un par de semanas de tiempo, pero la Unión Europea no debería ceder a ese chantaje.

*Escritor e historiador

   
2 Comentarios
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Por José S.1 18:41 - 24.03.2019

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La historia de la que nos habla el cronista, de enfrentamientos y negras leyendas entre británicos y españoles, es su espacio natural que prudentemente dejamos en sus manos. Sin embargo, el “fiasco” del 'brexit' con la indudable historia que lo precede tiene más que ver con esos «… políticos mendaces…» que le ha tocado padecer al pueblo británico. Opinan algunos que en una democracia parlamentaria, la democracia directa, como la suiza, conduce a mayores problemas de los que intenta resolver. Particularmente, si la cuestión sobre la que se vota tiene un alcance internacional. Por ejemplo, el 25 de mayo de 2108 el Gobierno de la República de Irlanda convocó un referendo sobre una enmienda constitucional que de obtener una mayoría de sufragios permitiría la legalización del aborto, como así sucedió. Las opiniones de las personas de un país cambian con los tiempos; de padres a hijos, sin ir más lejos, se dan a menudo puntos de vista diametralmente opuestos. Un plebiscito nacional cuyo resultado refleje un nueva perspectiva social mayoritaria se presta, en un principio, a un menor grado de división irreconciliable entre sus ciudadanos. El referendo acerca de la permanencia del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en la Unión Europea fue harina de otro, mucho más complejo, costal. Se trató de una consulta sobre la extracción radical de ese país de la UE, una organización --y en las versiones que la precedieron-- a la que lleva vinculado oficialmente desde el 1 de enero de 1973, más de 46 años que se dice pronto, y de ahí semejante lío. Opino que el señor José Luis Corral señala bien que existe un deseo por una parte de la sociedad británica, incluidos los políticos que la representan, de «… mantener su estatus de gran potencia…». Es una visión nacionalista del mundo, empero, que no cuadra con lo que siente la aproximadamente otra mitad de ese país. Arrogancia, nacionalismos y fronteras, una fórmula para el desastre. Algún día aprenderemos de la historia.

01

Por Jorgeron 16:34 - 24.03.2019

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Totalmente de acuerdo