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CONFESIONES DE UN NAVEGANTE JUBILADO POR LA RED

Libros aragoneses al alcance de un 'click'

 

La reciente noticia de que los libros de Antonio Machado, al haber transcurrido todo el tiempo reservado a la propiedad privada de sus parientes herederos, estaban a libre disposición de editores y divulgadores, me puso en alerta. Era una medida tomada por la Biblioteca Digital Hispánica de la Biblioteca Nacional (BN), desde hace unos años extraordinariamente reactivada por su directora, la aragonesa Ana Santos. Se indicaba que muchas de sus obras podrían ya «bajarse» en formato electrónico y poseerlas, leerlas, guardarlas.

De modo que me metí en las páginas web de la BN, evocando mis años de estudiante e investigador en su gran sala central, silenciosa, medianamente iluminada, y donde luego te quedabas a comer y ver amigos que coincidían.

El asombro de encontrar casi 12.000 libros de literatura que se podían ver o bajar, me llevó de inmediato a ver cuántos de autores aragoneses había. Porque haberlos los hubo siempre, en la BN al igual que periódicos en su Hemeroteca o en la Municipal de Madrid, siempre con lentitud y dificultades en mis años de busca, pero muchos sólo allí conservados y consultables. Y había pocos, en proporción, y lo primero que encontré fue una dedicación enorme a Cervantes y El Quijote. También muchas obras de autores muy populares, de Blasco Ibáñez a Galdós.

Y, en cuanto a aragoneses, me bajé varias docenas y están ya bien guardados: desde los históricos de Gracián (El Criticón en dos tomos), Mor de Fuentes, Borao, Agustín Peiro, Cosme Blasco, Cejador, Cavia, la Gimeno de Flaquer, mucho Matheu (el gran gusto de Azorín), el borjano Norberto Torcal, muchos títulos de Pilar Sinués, y otros de personajes vinculados como Polo y Peyrolón, Llanas Aguilaniedo, Fermín Galán. Y, desde luego, mucho Ramón y Cajal, a ver si cuaja la genial idea de dedicarle la Gran Vía zaragozana.

Qué alegrías. Qué buenas noticias, regalos de los Magos a los interesados en nuestras Letras. Y como se dice con frecuencia, «una cosa llevó a otra» y añado a ese fondo lo organizado y realizado aquí por la Biblioteca Virtual de Aragón, creada en 2007 y que en esta docena de años ha digitalizado fondos pertenecientes a seis bibliotecas: la de Aragón (Instituto Bibliográfico Aragonés); las bibliotecas públicas provinciales de Huesca, Teruel y Zaragoza, que prestan textos para e-books de temas generales; la premiada Municipal de Zuera (Zaragoza) y la del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza. Y, se indica que «gracias a la colaboración con el Instituto de Estudios Altoaragoneses, se han incorporado algunos documentos digitalizados por ellos». Y se añade que el grueso de la colección está compuesto fundamentalmente por manuscritos, libros impresos y periódicos y revistas, pero contiene, además, mapas, partituras, artículos de revistas, capítulos de libros y publicaciones electrónicas. Muchos lectores saben que desde hace años se puede consultar (pero no «bajar») desde Andalán (microfilmada pero, ay, no escaneada) hasta la Gran Enciclopedia Aragonesa.

Hay otras muy importantes bibliotecas digitales en la Comunidad Autónoma de Aragón: las de las Cortes de Aragón con fondos valiosísimos, la Diputación de Zaragoza (especialmente la Institución Fernando el Católico ofrece sus revistas y muchos libros de manera gratuita y abierta a través de su Biblioteca Virtual), el Ayuntamiento de Zaragoza, la Universidad de Zaragoza y la extraordinaria y pionera Biblioteca Virtual de Derecho Aragonés. Añado la Biblioteca Virtual Joaquín Costa, auspiciada desde la Fundación Giménez Abad, con un centenar de obras de y sobre nuestro gran patricio.

Ya sé que ahora todo el mundo tiene prisa, quiere inmediatez, prefiere ver una noticia o llamada en el teléfono móvil. O, al contrario, mis amigos bibliófilos (Tejero, Artal, Melero, sobre todos) prefieren como aún muchas personas el libro de papel, por ajado y viejo que esté, y cuanto más raro, mejor. Pero, por si unos cientos de personas de nuestra Comunidad, o de fuera (hoy nos leen muchos mexicanos, argentinos, norteamericanos, y de mil sitios más) quieren tener en sus pantallas cientos, miles, de libros de autor, tema o imprenta aragonesa, ya saben: tomen nota y comiencen a buscar. 

 
 
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