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Punto de vista

Llorar después de votar

 

Carmen Lumbierres Carmen Lumbierres
01/06/2019

El lunes por la mañana nada más entrar en su coche, un taxista me pregunta como he visto el resultado electoral de hace unas horas. Con los prejuicios y estereotipos que arrastramos algunas por mucho que disimulemos, pensé que me tocaba un discurso de por fin se ha iniciado la remontada, la derecha ha vuelto. Pero no, el taxista estaba indignado con los ciudadanos que no fueron a votar el domingo, casi el 35% de la población.

Y especialmente con la clase trabajadora que no percibe la utilidad de votar, también con la estrategia de destrucción interna de los partidos de izquierda. No nos dejamos un lugar común como el que la derecha siempre está movilizada, la necesidad del voto útil en la izquierda, o las dudas de salir a quejarse a la calle cuando no habían pasado ni doce horas del resultado electoral.

Los lamentos después de la «fiesta de la democracia» sirven poco más que para el desahogo, y la necesidad de valorar los aciertos de los vencedores y los errores propios debería imponerse en todos los partidos.

Pero bien es verdad que se consolida un modelo de democracia excluida, con unos nudos bien diferenciados donde la mayoría de los habitantes no vota: los suburbios de las ciudades caracterizados por su falta de recursos y derechos. Además de concentrarse ahí los problemas económicos y de desigualdad, sufren una severa exclusión política.

La participación electoral es un mecanismo que puede corregir las desigualdades socioeconómicas. Y cuando un grupo no vota, los políticos no se interesan por ellos, ellos no se sienten escuchados y vuelven a abstenerse en las siguientes elecciones.

Si bien uno de los requisitos definidores de la democracia es el de la participación activa e igual, no lo es como una obligación, si no como la posibilidad legal de hacerlo. Habrá que incentivar la posibilidad, porque la participación electoral es contagiosa. Los ciudadanos desconectados socialmente, que no tienen sentimiento de pertenencia a la mayoría, desconectados digitalmente con menores estímulos e información deben recuperarse para para la representación y la gestión de los intereses de todos.

Y mientras tanto, la decisión está tomada, hemos elegido para un periodo de cuatro años, que muchos agradeceríamos que se cumpliera. La responsabilidad está en sus manos, y más que lamentarse, es el momento de influir y negociar. Pactar con quienes discrepas es acceder a la política adulta.

*Politóloga

   
2 Comentarios
02

Por Proscrito 13:20 - 01.06.2019

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Muy de acuerdo con la politóloga. . .cada vez está mas claro que el voto le resuelve poco a las clases mas pobres, mas abandonas y marginadas, en riesgo de exclusión. Por eso no votan, porque ya han ( hemos ) visto demasiadas veces que la ilusión y el desencanto aparecen nada mas que la practica real contradicen las promesas hechas, y se ve que la vida real nada cambia en la dinámica explotadora del sistema, es mas, tiende cada vez mas a exasperar la desigualdad y la pobreza entre las capas mas expuestas. . .esto es un hecho probado y constatado.

01

Por jauto47 12:54 - 01.06.2019

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Nos lamentamos de exceso de abstención del voto y no reflexionamos el porque de ésta. no será muy importante si durante la legislatura dejamos sentir nuestro desacuerdo en diferentes leyes normas que nos afecten. hace más efecto las quejas en la calle que las promesas electorales.