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EL ARTÍCULO DEL DÍA

Marcelo Usabiaga

En estos tiempos de soberbia, su modestia es modelo de virtud para quienes aspiran a cambiar las cosas

 

Marcelo Usabiaga -

España se queda sin héroes. El inexorable paso del tiempo hace que, en silencio, toda una generación de luchadores por la democracia nos vaya dejando sin el menor reconocimiento de una sociedad que ni siquiera llegó a conocerlos. La falsa democracia que se gestó en la Transición se construyó sobre el olvido del pasado y sobre la creación de mitos que nada tenían que ver con la realidad. Así, por ejemplo, el rey Juan Carlos I, a pesar de sus estrechísimos lazos con la Dictadura y su papel de garante del famoso "atado y bien atado", fue presentado a la opinión pública como artífice de la democratización del país. Pocas palabras, sin embargo, para los miles de presos que durante años, desde dentro de las cárceles, erosionaron al régimen y contribuyeron a crear las condiciones para un cierto cambio.

Uno de esos presos fue Marcelo Usabiaga. Condenado a muerte por el incendio de Irún, se libró de la ejecución por el testimonio de una monja que atestiguó que Usabiaga convalecía,en el momento del incendio, en el hospital del que ella era enfermera. A pesar de ser evidente su inocencia, fue condenado a cadena perpetua. Cumplió veintiún años en las cárceles franquistas, sufriendo terribles torturas por parte, entre otros, del siniestro Melitón Manzanas a quien nuestra sui generis democracia considera, en triste paradoja, víctima del terrorismo. Marcelo, sin embargo, nunca fue considerado víctima del terrorismo franquista. Al parecer, ese terrorismo, que aniquiló a miles de personas una vez acabada la guerra y que torturó a otros miles, no existió.

Si algo me ha sorprendido siempre en esta generación de héroes, en la que también encontramos a Manolo Gil, a Sixto Agudo, entre muchos y muchas más, es su extrema modestia. A pesar de haber luchado en la guerra, en la guerrilla, en el maquis francés, haber sufrido cárcel y tortura, su actitud era siempre la de no hablar de sus gestas, como si carecieran de importancia. En estos tiempos de soberbia, en los que hay quienes, sin haber hecho nada todavía, levitan dos metros sobre nuestras cabezas, su modestia se me antoja como una de las mayores virtudes que deben acompañar a alguien que, desde el compromiso con la gente, quiere cambiar las cosas.

 

EN MARCELO Usabiaga brillaba, además, con un fulgor extremo, otra virtud: una bondad que puede parecer sorprendente en alguien a quien le han robado más de veinte años de su vida por un solo delito: defender sus ideas y la democracia frente a la barbarie fascista. Marcelo era una persona buena, carente de rencor, de mirada limpia. Quizá esa limpidez de su mirada, y el entusiasmo que la acompañaba, estuviera relacionada con la pureza de sus ideales de fraternidad.

Marcelo murió hace unos días, a los 99 años. Parece como si la naturaleza, generosa, le hubiera querido devolver lo que el franquismo le quitó. No es una fórmula decir que hasta el último momento siguió peleando por aquello en lo que creía. El 14 de abril, día de la República, izó la tricolor en Eibar, como venía haciendo en los últimos años. Hace dos años, mientras se descargaba archivos de un ordenador, me decía en su casa de Hernani que se iba a poner a estudiar euskera porque lo hablaba mal.

Tuve el privilegio de ser amigo de Marcelo Usabiaga, de charlar con él, compartir veraneos en el Pirineo aragonés, al que acudió durante casi cuarenta años. La cárcel le había incentivado la pasión por los espacios abiertos, por el diálogo sincero y fraterno. Y no logró borrarle una amplia sonrisa ni hizo mella en su entusiasmo y en su confianza en el ser humano. Se nos ha ido otro héroe, otra persona imprescindible, de esas que, en los momentos de duda o desánimo, nos empujan a seguir para delante. Una pena haberle perdido. Un orgullo haber merecido su amistad.

 

 

   
6 Comentarios
06

Por Juanico 20:53 - 28.07.2015

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Los pobres nos iremos de este mundo pero los ricos tambièn se iràn y es mucho peor morir siendo rico que siendo pobre porque el rico lo pierde todo y el pobre no pierde casi nada.

05

Por PC 16:34 - 28.07.2015

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Malo el fascismo habra fascistas de izquierdas,posiblemente si.

04

Por José S. 12:49 - 28.07.2015

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Justamente acabo de leer este, no cabe duda, bonito y emotivo artículo del señor Aragüés cuya prosa tan brillantemente nos traslada sus sinceros puntos de vista tornándolos muy respetables. Además, la humanidad que rezuma la vida del señor Marcelo Usabiaga en las palabras del columnista tiene un perfecto acomodo en el otro asunto central de este trabajo: la lealtad de algunos seres humanos a sus principios éticos contrarios a la barbarie y la opresión que los hace realmente unos héroes universales. Evidentemente, la otra cuestión de la que se ocupa al cronista es, una vez más, es brutalidad --e ilegalidad-- con la que el régimen franquista se impuso para así también mantener su hegemonía hasta el momento en que murió el dictador. Son unos hechos históricos incuestionables. Igualmente cierto es que, por las razones que fuere, en España no se ha homenajeado debidamente a tantas personas que como Marcelo Usabiaga hicieron méritos más que suficientes en su lucha por la prevalencia de, en definitiva, unos derechos humanos básicos. Razón --ésa falta de reconocimiento-- que invita a muchos españoles a afianzar su decisión de que esta actitud es un ejemplo más de que el modelo de Estado que aparece después del fallecimiento del General Franco nunca ha acabado de «sacudirse» la esencia intolerante en que se fundaba el modelo precedente. No podía ser de otra manera, piensan, pues éste es una continuación «ligera» --o quizá no tanto-- de aquél. Sin embargo, esta postura no tiene el por qué ser definitivamente correcta. Ya hemos dicho «que el olvido del pasado» que recalca el señor Aragüés es un hecho real pero que no indica necesariamente que ahora estemos ante una «... falsa democracia que se gestó en la Transición española...» que es la misma, si no la idealmente elegida por algunos, que nos permite tratar estos asuntos en libertad. Existe espacio suficiente para maniobrar en ambas direcciones --con sentimientos incluidos. En cualquier caso, un espléndido artículo. Saludos.

03

Por karlos 11:42 - 28.07.2015

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si, el de la peluca y toda la dirección del PCE, traicionaron a su propio partido y a la mayoria de los españoles

02

Por JC 10:52 - 28.07.2015

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Pues si, en la España democrática estos ciudadanos no son considerados héroes (bueno algunos si que lo son, pero en Francia). Ni siquiera son considerados como victimas (El torturador franquista Melitón Manzanas, si que lo es entre otros) incluso deben de estar muy agradecidos porque se les tolere el que puedan expresarse en público (la mayoría no lo han hecho, más que por modestia por pura prudencia, o incluso temor), en lugar de continuar perseguidos, en la cárcel o en el exilio (acusados de “antidemócratas” y de “terroristas”) Continúan siendo para algunos el enemigo al que no se le debe dar ni agua, mientras que para otros son un molesto legado del pasado que hay que ocultar debajo de la alfombra, que no se les vea, no sea que los que realmente mandan se enfaden y se piensen que no somos lo suficientemente sumisos como para poder acceder a compartir la administración de municipios y otros entes y no es cuestión de poner en peligro nuestro futuro político por estos molestos e incomodos símbolos de libertad.Que vergüenza!!!

01

Por Serafín 8:50 - 28.07.2015

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Que diferencia con el de la peluca ¿eh?

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