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Meditación

 

Juan José Millas
31/07/2020

Me siento y no hago nada, excepto observar las modulaciones del aire, alteradas ocasionalmente por el paso de una mosca que, al tiempo de atravesar el salón, recorre también de lado a lado mi bóveda craneal. Cierro los ojos y reproduzco el paso del insecto como el que rebobina una película para contemplar de nuevo esos cien o doscientos fotogramas impactantes. Después los abro y la realidad se coloca espontáneamente en play. Acaba de saltar el termostato del aire acondicionado y llega desde el techo una corriente que al golpearse contra mi hombro se divide en dos y se pierde hacia la zona del aparador. Parpadeo para lubricar los ojos y me viene a la memoria, sin saber qué puede haberlo provocado, un poema que me sabía, aunque me atasco al alcanzar el cuarto verso. Observo atentamente el atasco. Llega de la calle un grito. Observo atentamente el grito.

Me pregunto si esto es a lo que llaman meditar. Me pica la nariz. pero me resisto a la tentación de rascármela. La tele se acaba de encender por propia iniciativa. Lo hace con alguna frecuencia. Dice el técnico que se debe a un contacto suelto o flojo del mando a distancia. No se trata, pues, de que se me haya aparecido el telediario como a los místicos se les aparece la Virgen. Imagino un mando a distancia capaz de provocar alucinaciones. Presiono la tecla número 1 de ese mando y aparece una alucinación oficial, pública, financiada por todos los contribuyentes. Hay una zona de alucinaciones de pago, pero no estoy abonado todavía. Dispongo, en cambio, de Movistar y Netflix.

Una mosca, quizá la de antes, vuelve a atravesar el salón y mi bóveda craneal en sentido contrario al de antes. El chorro de aire acondicionado la echa para atrás, de modo que regresa, hace un par de piruetas y se desvanece en el aire como por arte de magia. Me quedo solo de nuevo, en fin, aunque quizá observado por la mosca desde algún rincón. Vuelvo la cabeza para buscarla y la hallo atrapada en una telaraña. La araña abandona enseguida su lugar de reposo y se acerca al insecto, envolviéndolo en un capullo de seda como el que envuelve un bocadillo en papel de aluminio. Luego regresa a su puesto de observación y yo continúo meditando. O lo que sea esto.

 
 
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