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El artículo del día

Meritocracia o mediocridad

Cuentan más los contactos y las relaciones personales que las habilidades propias de cada uno

 

Óscar Forradellas Óscar Forradellas
21/01/2019

En España, debates del día a día en torno al ascenso de nuevas fuerzas políticas o cambios en el sistema de partidos, el desafío del independentismo catalán o la incierta evolución de una economía que no consigue aumentar el bienestar de quienes más lo necesitan ni siquiera en periodo de crecimiento están abstrayéndonos de otros asuntos que son los que acaban por determinar cómo funcionan nuestras sociedades. Como nunca se es el único en nada, los países de nuestro entorno están inmersos en una dinámica similar que se reproduce con algunas particularidades. Así, en Gran Bretaña han sido el Brexit y, en su día, la escisión de Escocia los asuntos que han marcado, a contrapelo de muchos votantes, la agenda política durante los últimos años. En Francia, el movimiento de los chalecos amarillos surgió precisamente como reacción a una agenda institucional que minusvalora algunos problemas de los ciudadanos, como los impuestos de los combustibles. Y en Italia, la inmigración ha venido acaparando el debate público hasta situarse como una verdadera emergencia nacional cuando todo el país se encuentra en bancarrota.

En realidad, durante estos años convulsos de la crisis han sido pocas las voces que han apuntado a los problemas de fondo. Quizá la única excepción a esta regla haya sido el intenso debate en torno a la desigualdad, con aportaciones de autores como Piketty que han insuflado un aliento igualitarista a las nuevas formaciones de izquierda alternativa que han aparecido durante los últimos años (Syriza, Movimiento Cinco Estrellas y Podemos). Sin embargo, otros asuntos clave como el funcionamiento del ascensor social y los ajustes en el Estado del Bienestar han permanecido en un discreto segundo plano. Alguna voz aislada se ha alzado aquí y allá para denunciar lo que a ojos de muchos es una absoluta obviedad: el final de la meritocracia en nuestras sociedades, tanto en la empresa privada como en los cargos públicos, que han acabado con la legitimidad del sistema social.

En un polémico artículo –El triunfo de los mediocres– que se hizo viral en las redes atribuido a falsos autores, la denuncia fue planteada por el que sería director de El Mundo, David Jiménez, en un alegato contra el adocenamiento nacional que resultaría premonitorio en el devenir de su carrera profesional: no logró aguantar un año al frente del periódico. En la misma línea –y en medio de la enésima crisis gubernamental provocada por la llegada de inmigrantes a las costas sicilianas–, el economista italiano Michelle Boldrin publicó el pasado verano un artículo en la plataforma Linkiesta.it que contenía una provocadora tesis: el triunfo de la mediocridad está decantando el saldo migratorio del Bel Paese, a fuerza de expulsar a los miembros más válidos y de atraer a los más vulgares. «El italiano medio ha decidido construir y defender un sistema que expulsa y expulsará la excelencia prácticamente de todos los campos», rezaba el escrito.

Para Boldrin, la política es el «motor» de este sistema de selección inversa que se ha generalizado a todos los demás ámbitos: «no creo que se hubiera visto antes en el Parlamento una peor mesnada de incompetentes, alcahuetes, chapuceros, fontaneros, desviados, ignorantes, mentirosos, trepas y megalómanos», afirma. ¿Les suena? Sin lugar a dudas, muchos juzgarán duras e injustas estas palabras y querrán sacar algunos nombres a la palestra que las desmientan (aquí y allí). Aun así, no cabe la menor duda de que la actual desafección por la política nace de la falta de ejemplaridad que puebla hoy sin rubor las más altas instancias de representación. Siguiendo con Boldrin: «Mediocridad, desdén por la competencia, parasitismo congénito y búsqueda del favor gracias a los contactos políticos y familiares son las reglas que dominan la atribución de los factores de producción». ¿Hay una descripción más ajustada al reciente desastre de los socialistas en las elecciones andaluzas después de 36 años al frente de la Junta?

Inexorablemente, el triunfo de una dorópolis global en la que cuentan más los contactos y las relaciones personales que las habilidades y competencias ha acabado por minar el sistema meritocrático sobre el que se basaba nuestro Estado del Bienestar. El intento de compensar las desigualdades originadas en las dispares condiciones de partida con las que todos afrontamos la carrera de la vida (Rawls) tenía como contrapartida un reconocimiento del mérito individual apoyado en el esfuerzo y el talento.

Ha sido esta inversión de los valores la que ha provocado la frustración de las nuevas generaciones, despertando movimientos de protesta como el 15-M que contenían una búsqueda de reconocimiento. Lamentablemente, las raíces del problema se hunden profundamente en un sistema educativo que ha apostado por igualar a los alumnos a la baja con el consentimiento expreso de sus padres, allanando así el camino a quienes cuentan con una posición adquirida de antemano.

*Periodista

   
2 Comentarios
02

Por Esloquehay 21:18 - 21.01.2019

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Enel se pudo quedar con Endesa después de que el gobierno de Zapatero con su funesto Miguel Sebastián hiciera una operación de sabotaje en toda regla para tumbar la situación de Endesa y hacerla digerible para Gas Natural en manos de Repsol y bañada en el oro de La Caixa. Crear el campeón económico catalán con el que comprar votos al PSC... El omnipresente PSC que controla todos las derivas del PSOE postfelipista y que controla la izquierda española y que la acabará enterrando. Pero bueno. Si ZP y Miguel Sebastián ya lo intentaban con el BBVA a través de Sacyr y Repsol... Endesa era otra más. Ayssss ZP. Lastima que no lograsesbel Nobel de la Paz con la negociación con ETA... No será porque no le pasasteis chivatazos de la policía y todo. Entre la cal viva y el mamoneo había un término medio ¿no?

01

Por José de Zaragoza 19:11 - 21.01.2019

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Parece sorprendente que, a estas alturas del tarde, y ante un artículo tan robusto, macizo y excelente ni Don Minervo ni sus adversarios , al manada de Trolls, hayn dicho nada en esta página. Sr. Forradellas, chapeau, mediocridad a tope. Uno se pone a ver los mensajes del congreso del PP y tópicos, estereotipos, másteres, de tómbola, y mucho trepa. El Sr. Beamonte, el nuestro, ha dicho hoy en 2 medios que lo de andorra tienen la culpa Zapatero por la venta a Enel. Y a mí me suena que fue el prebowste Sr. Piz

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