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Cosas que pasan

Miedo

 

Me llamo Lucía y solo tengo 18 años, aunque ya soy mayor de edad y eso me hace ilusión. Me da mucha rabia pasar miedo cuando vuelvo a casa de mis padres y tengo que cruzar el parque a cualquier hora de la noche. Sobre todo los fines de semana cuando ya no hay autobuses en mi ruta, ni tranvía, ni nada. Y los taxis no me los puedo permitir; además, nunca pasan por mi zona. Solo trabajan por el centro y punto. Empiezo a caminar rápido porque el parque de noche no está muy iluminado y la una de la madrugada tampoco es que sea una hora desmesurada; digo yo. El corazón lo llevo acelerado, de vez en cuando me vuelvo para ver que no viene nadie detrás de mí. Siento un miedo intenso, aunque no está pasando nada. Me envuelve la soledad y la tenue luz de alguna farola que otra. Pienso, no lo puedo evitar, que me arriesgo a que me den un susto: que un hombre salga de pronto, me tire al suelo y me viole en el silencio de la noche, sin nadie que me ayude a quitármelo de encima. Salgo del parque sudando, como si hubiera corrido una maratón. Ya estoy a salvo al llegar a mi barrio donde todavía a estas horas hay algo de vida. Abro la puerta de mi casa y los latidos empiezan a serenarse. ¡Joder!, por qué tengo que pasar un mal rato solo por ser chica y salir de noche porque he quedado con mis amigas y ninguna vive por aquí. Es el camino más corto, y tengo todo el derecho del mundo a andar por donde quiera y sola. Me meto en la cama con un enfado mayúsculo. Oigo a través de la puerta cerrada de mi cuarto a mi madre que me pregunta «¿estás bien, hija?». «Sí, mamá estoy bien».

Me llamo Violeta y tengo 27 años. En nochevieja saliendo de una discoteca oí a un grupo hablar en términos elogiosos de Vox (ese nuevo partido de mierda). No pude evitarlo y dije bajito lo que pensaba. Un fuerte golpe en la cara me tumbó en el suelo y quedé medio inconsciente sangrando por la boca. Mi amigo también recibió por intentar defenderme. Acabamos en urgencias los dos. El agresor era un hombre joven al que no conocía de nada. Se largaron de allí (él y sus amigas. Unas pijas totales) riéndose y llamándome de todo. Desde entonces estoy un poco deprimida y con un diente partido. Los labios van recuperando su estado natural y las moraduras de todos los colores van remitiendo. Sigo sin estar bien.

Me llamo Carmen y tengo 60 años. Tras la separación me he apuntado a una página de contactos aparentemente seria para conocer hombres y relacionarme un poco porque me siento muy sola y muy triste. Voy con mucho cuidado eligiendo los perfiles pero no puedo evitar tener miedo. Es curioso, antes teníamos miedo al sida, a las enfermedades por contagio sexual y esas cosas. Ahora tengo miedo a encontrarme con algún depravado, psicópata, o violento que me haga daño. Cuando lo único que en general buscamos las mujeres es un poco de ternura, compañía y sexo en buenas condiciones. Me parece incomprensible que a mi edad siga teniendo miedo a ejercer mi sexualidad como me dé la gana. Ellos no conocen estos miedos.

*Periodista y escritora

   
1 Comentario
01

Por Raimon 10:54 - 19.01.2019

Hola Zagala, son una bomba las conflictivas relaciones entre hombres y mujeres, que a veces llegan a situaciones extremas delictivas, en este momento tan solo se me ocurre culpar a la distinta biologia que hay entre ellos, ademas con el refuerzo de una mala educación desde tiempos ancestrales, la realidad es que estan condenados a entenderse, a pesar de los conflictos, en caso contrario,si explota la bomba se acaba la vida humana sobre la Tierra, salud escritora,Margarita se llama,.........