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DE LOS NERVIOS

  •  La tensión, debida a diversos factores, crispa a los dos principales partidos, PSOE Y PP, evidenciando sus diferencias internas


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    JUAN BoleaJUAN Bolea 09/11/2004

    Tradicionalmente, los meses de octubre y noviembre son, en política, calientes. La canción del verano ha dado paso a una locomía de actos, comisiones, plenos. Hay debates, congresos, y la pugna por los presupuestos todo lo tiñe con el color del euro. Meses son éstos en los que el estrés de nuestros cónsules sube de tono, y es más amarga y torrencial su secreción biliar.

    Nervios, sobre todo, en el Ayuntamiento de la capital aragonesa, porque la elección de la Expo está al caer y Zaragoza no acaba de comerse el roscón del BIE. Belloch, pese a haber realizado un considerable esfuerzo promocional, que debe valorarse en su justa medida, no ha conseguido, empero, que nuestra candidatura se enarbole como un proyecto de Estado. Aznar pasó de nuestras aspiraciones con olímpico desdén, pero Zapatero, aun haciéndose la foto, y habiendo esgrimido diversas promesas, tampoco ha rematado la tarta con las velitas presupuestarias. Las insolventes declaraciones de Solbes, considerando prematura la consignación de las partidas de infraestructuras, fueron como un zapatazo de ZP en el espaldar de una Expo zaragozana, que concurre en París no en cueros, pero con los números cogidos con pinzas. No así Trieste, fastuosamente dotada por un Berlusconi que asume la elección como un reto para Italia, y cree saber dónde está la sorpresa del roscón.

    El lógico desasosiego de Belloch contrasta con esa láctea calma exhibida por Iglesias en los momentos de crisis, cuando la tensión se dispara, y nuestros contrincantes crecen, y nuestras empresas cierran (otras abren, es verdad).

    El presidente aragonés tampoco ha logrado, al cien por cien, implicar a La Moncloa en el sueño de Ranillas, y si se esfuerza por mantener el decoro entre sus filas puede que sea porque tampoco las tenga todas consigo, por lo que a la Expo se refiere. Aunque de nadie fuera la culpa, pues se ha trabajado con rigor, un fracaso en París, el 16 de diciembre, dañaría la imagen de Belloch y abriría una fuente de conflictos en el PSOE-Aragón. Imagino que los fontaneros socialistas, en un sentido y en otro, deben estar preparando el día después. Si se gana, hay que exprimir la victoria; si se pierde, habrá que descubrir una fórmula para el consuelo y justificar tanta expectativas con una nueva opción, un plan B, una batería de proyectos, una pequeña Expo en el Bicentenario de Los Sitios.

    Nervios, también, en el Partido Popular, donde la brava familia de Atarés rumia en silencio su reciente derrota y baraja los movimientos a realizar en la antesala del Congreso regional. El grupo municipal popular, con Atarés y Buesa a cara de perro, con el candidato oficial --Buesa-- en minoría, ejerciendo de oposición interna --cristianos versus jabalíes --, depara una situación anómala que puede dinamitar el horizonte de unidad preconizado por Alcalde.

    Nervios, asimismo, en La Aljafería, donde el tribuno de hierro, Angel Cristóbal Montes, ha vuelto a electrocutar las sesiones imputando nepotismo a Iglesias por contratar a un cuñado suyo, Andrés Cuartero, y amonestando a la prensa por su trato "de algodón" al presidente autonómico.

    Ignoro si Iglesias se puso de los nervios; la prensa, no lo creo.

    *Escritor y periodista

     
     
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