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Sala de máquinas

No confundir eutanasia con eugenesia

 

Juan Bolea Juan Bolea
06/04/2019

La irrupción en el plano de la actualidad de un nuevo caso de eutanasia ha puesto patas arriba la campaña electoral. La muerte de María José Carrasco, inducida de común acuerdo por su marido, Angel Hernández, ha sorprendido a los líderes con la medicación cambiada. Simplemente, no saben qué hacer. Unos se oponen, otros la animan, otros quieren estudiarla, regularla más adelante... Como si no hubieran tenido todo el tiempo del mundo desde que hace veinte años Ramón Sampedro protagonizó uno de los primeros y relevantes casos de eutanasia, tanto que Amenábar le hizo una película. Siendo más que probable que en el Congreso de los Diputados haya unos cuantos que ni la vieron ni sepan siquiera diferenciar la eutanasia de la eugenesia. Incapaz de haberse puesto de acuerdo sobre el aborto, la asignatura de religión, Gibraltar o la crisis económica, el Congreso estará deseando en el fondo que este espinoso asunto vuelva a olvidarse, para volver a olvidarlo.

No podrán, sin embargo, arrinconarlo las decenas de miles de familias que cuentan entre los suyos con uno de estos enfermos en fase de postración total. Carentes de una mínima movilidad y con las facultades mentales progresivamente deterioradas por procesos irreversibles, para ellos una muerte digna pasa a ser, no ya una una esperanza, sino la única esperanza.

La Iglesia, arrendataria de las lúgubres estancias de la muerte, se opone, naturalmente, como la derecha que le sirve. Para ellos, obispos y conservadores, solo rentan la resignación, las atenciones espirituales y los cuidados paliativos.

En cambio, la España agnóstica, pagana, exige un final voluntario, digno y humano. Regulado, por supuesto, para evitar, por un lado, el lucro ilegítimo, la picaresca. Por otro, la comisión de errores, abusos o, poniéndonos en lo peor, crímenes amparados en supuestas súplicas de suicidio.

Un tema difícil y complejo, desde luego, que ha superado la escasa capacidad de los políticos españoles, aislados en su pequeña burbuja. En otros países, sin embargo, ha sido resuelto, legislado, regulado con inteligencia y precisión.

Aquí, para la próxima legislatura.

Como todo.

 
 
2 Comentarios
02

Por Don Minervo 11:56 - 06.04.2019

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Hoy estamos de acuerdo Juan, que no es poco. Estimado Raimundo, no me parece apropiado el nombre de Rocinante para su caballo, usted se merece algo más señorial, más regio, no el de un rocín flaco que por único amigo tenía un galgo corredor, creo que no se le conoce nombre alguno al caballo de don Pelayo. Ha pensado usted que a la vuelta de Covadonga y si viene el viento de la meseta la que se puede armar, entre las fabes ingeridas por la numerosa mesnada y su caballos le aconsejo que no se ponga al final del escuadrón.

01

Por Raimon 10:42 - 06.04.2019

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Hola Juan, es francamente triste la vida de algunas personas aquejadas de penosas enfermedades, no obstante la publicidad excesiva y morbosa de este tipo de ayudas que debieran de hacerse predominando la discrepción, no me gusta demasiado, hay cosas que deben de hacerse en la intimidad, pero en estos momentos de exceso de comunicación e información hay un frenesi por la exhibición. Salud escritor, ya falta menos para el dia del libro.

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