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La rueda

Palabras, versos y gritos

 

JOSEP MARIA Espinás
17/01/2018

Si tengo la suerte de poder contar con algunos lectores de esta columna quizá ya sabrán que tengo desde hace años una viva admiración por la canción francesa. No solo por la calidad de los cantantes sino también por la singularidad de las letras que decían cosas, entroncadas con diversos aspectos de la vida. Ahora, cuando abro unos libros que han recogido algunas de estas canciones me siento seducido por lo que dicen. Las palabras y las ideas no pertenecen solo al mundo de la literatura. Transcribo unos fragmentos, convencido de que el lector será sensible a las palabras, aunque es imposible hacer llegar el ritmo de la canción.

Dice Jacques Brel: «Tenemos que aprender a mirar lo bello, cielo gris o azulado, la chica que está en el borde del agua, el amigo que nos es fiel, el vuelo de una golondrina, la barca que vuelve a puerto. Tenemos que saber escuchar al pájaro en el fondo del bosque, el rumor del verano, las tiernas palabras de las madres, el rumor de la tierra que se duerme suavemente... ». Una canción que oí mucho y me pacificaba delicadamente. No, los gritos no tienen melodía. Los gritos solo quieren penetrar, impulsados ??por la fuerza de los pulmones. «¡Qué gritos dais!». También hay gritos de alerta, es verdad, y de entusiasmo pero los gritos no ondulan como una canción. Pueden atacar y pueden salvar. A los niños y las niñas se les debería enseñar a no gritar. Pero los adultos gritones es difícil que se corrijan. A menudo no son conscientes de que gritan... «¡Si no grito!», dicen gritando.

*Escritor

   
1 Comentario
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Por José S.1 15:00 - 17.01.2018

Señor Espinás, los afortunados somos nosotros por leerle en este popular rotativo --hoy en día, gracias a Internet, desde cualquier parte del planeta a cualquier hora de las veinticuatro que tiene el día. Además, es realmente edificante que «El Periódico de Aragón» publique sus artículos en calidad de escritor. Lee uno a menudo los trabajos de informadores en diversos medios de difusión cuyo uso de la lengua española --se supone, la principal herramienta de su trabajo-- es calamitoso. Un idioma, el español, que recoge perfectamente el sentimiento que en francés le dio Jacques Brel a la canción que usted evoca. Confieso que solo he oído cantar a este artista una vez y ni siquiera fue la canción completa, sino un pequeño trozo de «Ne Me Quitte Pas» en una pequeña narración con imágenes de la vida de su autor con motivo de su muerte. Sin embargo, señor Espinás, su convencimiento acerca del poder para conmover de la letra de Jacques Brel está plenamente justificado, solo con leer su cita se da uno cuenta. Por eso, dicen que en las artes lo que diferencia las buenas obras de las que no lo son es su inmortalidad. Esto, supongo, es igualmente aplicable a estilos musicales muy diferentes. El poeta canadiense Leonard Cohen escribió «Aleluya» --«Hallelujah», en su inglés natal--, una bella y popular composición que él mismo cantaba como si estuviera hablando con aquella voz recia que tenía. «Aleluya» ha sido interpretada por muchos artistas. No obstante, para mí la mejor versión cantada --mejor incluso que la del propio Leonard Cohen-- es la que nos dejó antes de morir ahogado a los 30 años Jeff Buckley, cuyo estilo llegó a incluir el ruidoso rocanrol y el estruendoso metal por medio de los que también expresaba sus sentimientos. Empero, «... los adultos gritones...» son harina de otro costal. Con estos megáfonos con patas que frecuentemente nos hacen partícipes forzados de sus monótonas conversaciones, los niños tienen muy poca esperanza. Un saludo.