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El artículo del día

Ponerle puertas al campo

Cuando las libertades empiezan a ser objeción se da paso al adoctrinamiento y al populismo

 

Ponerle puertas al campo -

Javier Martín Javier Martín
23/06/2020

La sabiduría popular dice que no se puede. «No se le pueden poner puertas al campo», dice el refrán. ¡Pero, oiga!, y si se pudiera, y si ponerle puertas al campo fuera una gran señal de civilización, y si los de Beceite estuvieran en el buen camino de la historia al ponerle una buena puerta al Parrizal para detener la pandemia...

Lo que el dicho quiere decir es que no se puede evitar lo que es inevitable, que no se puede ir en contra de las fuerzas de la naturaleza, que no conviene luchar contra los elementos, que es de tontos pretender cerrar lo que por su propia naturaleza tiene la condición de abierto y en definitiva que la libertad es imparable.

Pero antes de nada habría que perfilar el concepto «puerta»: una puerta es algo que se abre, pero también es algo que se puede cerrar. Una puerta abierta franquea el paso hacia otro lugar, mientras que una puerta cerrada se convierte en un muro de esos que tanto le gustan a Trump, sobre todo si se coloca allá donde no la había y la puerta tiene llave y la llave tiene dueño. La puerta nos protege del exterior recluyéndonos en un lugar seguro. La puerta es al mismo tiempo lo que nos impide salir y lo que nos veda el paso hacia donde quisiéramos ir. La puerta es ambivalente, contradictoria, paradójica, insólita para el nómada e ineludible para el sedentario; civilizadora e incívica según de qué lado se esté de ella. Algunos dicen con ingenuidad que la puerta es un hueco complementario de otro; ya saben, ese hueco por el que sale algo, poco antes de que algo mejor entre por la ventana. Otros sostienen que detrás de cada puerta hay una oportunidad o que la vida hay que recibirla a puerta gayola…

En tiempos restrictivos como los que vivimos por causa de la pandemia, la tentación de ponerle puertas a la libertad para garantizar nuestra seguridad es tan grande como esa tentación a la que ha cedido el consistorio de Beceite, de ponerle una bonita puerta al Parrizal y así llevarle la contraria al refranero. Se podía, claro que se podía y como se podía se puso y ahí está la puerta para que todo el mundo la vea, cerrando el paso a un trocito de campo para protegerlo y para protegernos. Si alguien quiere entrar, que pida la llave.

Pero cuando se empieza a ponerle puertas al campo se corre el gravísimo riesgo de que la gente empiece a considerar normal que en el campo haya puertas. Cuando las libertades empiezan a ser objeto de objeción, se abre la puerta al adoctrinamiento, al populismo, al fascismo, al extremismo, a la dominación, a la caza de brujas, al regreso de los enemigos del pueblo, al fanatismo, al integrismo, al nacionalismo excluyente, al revisionismo histórico, al negacionismo más necio, a la superstición, a la censura, a la autocensura, al despotismo nada ilustrado de la corrección política, al abuso de poder, a la prohibición de los matices, al sectarismo, al racismo, al odio, a todas las fobias hacia el diferente, a la idolatría, al culto al líder, a las decisiones por aclamación, al neopuritanismo, a los juicios sumarísimos, a la quema de libros, a la iconoclastia, a los juicios mediáticos sin posibilidad de apelación, a la desconfianza en el vecino, a la delación, al bulo, a la posverdad, al linchamiento, al ostracismo, al pensamiento único, al ajusticiamiento, al clientelismo y a la alienación, entre otras lindezas.

En un primer momento, cuando el peligro todavía se ve lejano y solo atañe a otros, a nadie le interesa poner barreras ni levantar muros. Todavía aspiramos a salvar los muebles, a preservar lo que tenemos, lo que conocemos y lo que nos da identidad y algo que llevarnos a la boca; pero cuando todo empieza a irse al garete, cuando el miedo nos iguala, cuando empiezan a darse por perdidos los beneficios de la libertad y parece que ya no tenemos nada más que perder, es justo en ese momento crítico cuando corremos el grave peligro de que nos convenzan de que la libertad era un lujo, de que no era tan importante, de que ni siquiera es necesaria cuando está en riesgo una supuesta seguridad.

Ese momento crítico puede ser fugaz y tan volátil como un virus, pero no advertir su existencia puede tener consecuencias tan devastadoras como las del covid-19.

*Escritor

 
 
1 Comentario
01

Por El Bosco 10:10 - 23.06.2020

Una puerta abierta a grandes peligros.