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El artículo del día

Referéndum: ¿monarquía o república?

Ambas opciones tienen dimensiones filosóficas y éticas difíciles de resolver con un sí o un no

 

Juan Carlos y Felipe. -

Santiago Molina Santiago Molina
19/08/2020

Desde que el Rey emérito decidió marcharse a vivir al extranjero (no sé si por voluntad propia o porque le obligaron), han surgido muchas voces que reclaman la celebración de un plebiscito para conocer si el pueblo español desea que nuestro país siga siendo una monarquía o una república. No creo que la disyuntiva entre monarquía o república pueda ser dirimida con un simple SÍ o con un NO, ya que tanto una como la otra categoría política poseen dimensiones filosóficas y éticas difíciles de ser conceptualizadas en una consulta dicotómica, o incluso en un artículo periodístico. Por ello, no voy a entrar en esas disquisiciones teóricas. Solo me limitaré a ofrecer mis reflexiones personales sobre los pros y los contras de realizar ahora un referéndum dicotómico entre monarquía o república. Considero que para poder contextualizar el tema es necesario remontarse al año 1975, cuando murió el dictador Franco.

En aquel momento defendí que una monarquía que no respetaba el orden sucesorio, no era una monarquía legítima. A su vez, también consideré que una monarquía instaurada por una dictadura era incompatible con una democracia, aunque el monarca impuesto renegara rápidamente de los principios fundamentales falangistas que juró respetar y defender, como así sucedió. Asimismo, me pareció que el procedimiento elegido para conferir un barniz democrático a la monarquía no era el más apropiado: introducirla en la carta constitucional para dar la impresión de que si el pueblo votaba a favor de la Constitución, había votado también en favor de la monarquía. Entonces defendí que antes de aprobar la nueva carta constitucional hubiera sido necesaria la celebración de un referéndum en el que se preguntara a la ciudadanía si prefería que España fuera una monarquía impuesta por la dictadura, una monarquía regentada por el legítimo sucesor (es decir, por el padre de Juan Carlos ) o una república. En caso de que la opción republicana hubiera sido mayoritaria, después había que hacer otro plebiscito para comprobar si el pueblo estaba de acuerdo o en contra con el modelo republicano propuesto. Dado que no se hizo así, no participé en aquel referéndum constitucional. Pasados más de cuarenta años, me pregunto: ¿Tiene sentido celebrar hoy ese plebiscito, tal y como exigen los líderes de los partidos que apoyaron la investidura de Pedro Sánchez para ocupar la presidencia del gobierno? Rotundamente, creo que no es el momento si lo que se pretende es democratizar la jefatura del estado. En cambio, entiendo que puede ser el mejor momento si lo que se pretende es un cambio radical de régimen sin respetar el procedimiento que exige la vigente legislación. En cualquier caso, previamente habría que aclarar cuáles son las características básicas de ese nuevo régimen.

NO HAY QUE ser muy críticos ni muy inteligentes para suponer que el objetivo de los políticos que están exigiendo dicho referéndum no es el de modernizar y democratizar la jefatura del estado, sino la demolición del régimen surgido de la Constitución de 1978 para transformarlo en una república cesarista de corte neocomunista, en la que los dos principios fundamentales de la cultura democrática occidental (el respeto de la propiedad privada y la aceptación del libre mercado como base de la economía) desaparecerían del ordenamiento jurídico. Para hacer esa afirmación tan contundente me baso en las publicaciones y en los discursos de algunos de los líderes de Podemos. A través de esos documentos se constata que las bases teóricas son las mismas que las de los intelectuales que en el pasado siglo defendieron la ruptura definitiva de la democracia liberal tal y como había sido entendida a partir de la revolución francesa: el marxismo, el existencialismo, el estructuralismo y el postmodernismo.

«Fue en la década de los años sesenta y setenta del siglo XX cuando ciertas élites occidentales abdicaron definitivamente de sus orígenes. Como consecuencia de esa abdicación, los valores de la cultura occidental, como la aceptación crítica del pasado y la permanente evolución cultural, que servían para tomar lo existente como punto de partida e ir incorporando elementos nuevos, dieron paso a la idea de que la sociedad debía ser construida partiendo de cero. Ya no se trataba de matizar y perfeccionar el conocimiento de los hechos, como hacían los historiadores más rigurosos, sino de reescribir la historia por completo y de establecer la creencia de que nada sucedió como nos lo habían contado» (J. Benegas, La ideología invisible, 2020, pág.72). Es en ese contexto teórico en el que se justifica la necesidad de aprobar una ley de memoria histórica que permita interpretar la historia al gusto de los césares con mando en plaza, tachar de esclavistas a los personajes históricos mediante el bochornoso recurso de juzgar los hechos del pasado con pautas éticas actuales, y expulsar del juego político a quienes no aceptan las falsas y mitológicas identidades, creadas por los nuevos césares sin ninguna base científica, mediante el fácil recurso de cargarles el sambenito de fascistas. Ni que decir tiene que el momento actual es el más propicio para lograr esos objetivos, mediante un referéndum tramposo que aparentemente se centre única y exclusivamente en la dicotomía entre monarquía y república.

En cambio, si lo que se pretende de verdad es la democratización de la jefatura del estado y la modernización del sistema político, lo sensato sería plantear un cambio parcial de la actual Constitución, referido a los ámbitos que se han quedado obsoletos y a aquellos otros que son ineficientes, respetando el procedimiento que la propia carta constitucional determina. Es en ese contexto reformista y respetuoso con la legalidad vigente donde deberían plantearse los cambios que se consideren oportunos en relación a la jefatura del Estado y a la actual carta constitucional, tales como por ejemplo: la distribución territorial de España; el marco competencial de los gobiernos regionales; la composición del parlamento, del senado y de las cámaras territoriales; la ley electoral para impedir que, como sucede ahora, los alcaldes, los presidentes regionales o el presidente del gobierno, cuando ningún partido logra la mayoría absoluta, sean nominados a través de contubernios de despacho, dando lugar a que consigan las poltronas los líderes de los partidos menos votados. ¿Hay algún procedimiento menos democrático y caciquil que ese? 

 
 
16 Comentarios
16

Por José S. 1 8:17 - 23.08.2020

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A 15 Santiago Molina García 10:06 - 20.08.2020. Muchas gracias por su amable aportación. Coincido con usted en que no hay nada como debatir en persona. Evidentemente, esto no es posible durante el intercambio de ideas en un foro de opinión como este. Sin embargo, nada impide una conversación civilizada si existe el necesario interés por conducirse con decoro por parte de los participantes. A fin de cuentas, detrás del seudónimo está una persona y la contraposición de pensamientos al margen de conocer la identidad de nuestros interlocutores es, pienso, lo realmente interesante. Algo que nos facilita Internet. De nosotros depende cómo lo usemos. Un cordial saludo, señor.

15

Por Santiago Molina García 10:06 - 20.08.2020

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Después de leer los dos últimos comentarios, quiero dejar claro que respeto a don Minervo y a todas las personas que leen mis artículos. También me gustaría poder debatir directamente con mis lectores, pero, eso sí, con unos lectores que se identifiquen con su nombre, apellidos y su número de DNI. Me resulta imposible dialogar con pseudónimos. Una última aclaración: soy antimonárquico y muy republicano; no tengo miedo a las urnas; tengo miedo a unas lecciones reguladas por una ley electoral injusta y antidemocrática.

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Por brainforspain 20:01 - 19.08.2020

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Por más que el articulista exponga de forma descarnada sus fobias y demonios personales, hoy en día, como ocurre en todos los países medianamente democráticos, tanto una monarquía como una jefatura del Estado en forma de República tiejen una función estética más que otra cosa. Sus poderes, en general, son muy limitados en ambos casos. Pero al menos, en el caso de una República, los ciudadanos podemos darle una patada en el trasero al Presidente de turno si lo estimamos conveniente. Con la monarquía, de eso na de na, ya pueden hacer lo que hagan. Y por cierto, cuanto miedito a las urnas tiene, D.Santiago.

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Por José S. 1 19:59 - 19.08.2020

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Deseo salir en defensa de 'Don Minervo', un asiduo participante que, de hecho, me cae muy bien. La cuestión es que he debatido mucho con 'Don Minervo'; sobre asuntos tan variados y dispares como pueden ser las drogas ilegales --¡ay marihuana!-- o la valía literaria del autor Juan Bolea a quien leo con sumo agrado en este espacio y cuyas colaboraciones echo de menos. Quería decir que 'Don Minervo' y un servidor no coincidimos a menudo pero no me importa, en absoluto, me interesa más debatir las cuestiones de candente actualidad como, por ejemplo, la que hoy aborda el señor Molina que es realmente en lo que nos debemos concentrar. Sé, por lo tanto, que a veces todos sentimos cierta pasión por nuestras ideas, por ponerlo muy suave, y así, a veces también, el corazón se apodera de la mente lo cual puede ser hasta muy positivo si ánima el intercambio de ideas. De este modo, creo que cuando un comentarista discrepa de nuestro punto de vista o estimamos que lo hace de una manera, digamos, un tanto fuera de tono lo que procede es calmar los ánimos insistiendo en nuestras explicaciones tranquilas acerca del asunto abordado, tratando de aclarar nuestro pensar más si cabe. No se pretende obligar a cambiar el parecer de otras personas sino de hacer respetables todas las posiciones. Por ejemplo, si un servidor hubiese sido el autor de este, opino, correcto artículo y 'Don Minervo' se hubiese dirigido a mí hubiese aprovecho la ocasión para aclararle lo expuesto en el texto original y, además, le hubiera explicado por qué no estaba de acuerdo con el uso de su terminología para con la exposición de mis ideas y así sucesivamente. En fin, que no es para tanto que decía aquel, aquí cabemos todos. Cordiales saludos.

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Por Don Pantuflo 18:16 - 19.08.2020

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Leo con autentico embeleso este excelso artículo, exculpando por adelantado su truculento exordio, sin ninguna duda introducido para hacer tragar la medicinal píldora (o mejor dicho, el supositorio) de forma inodora a los lectores de tendencias masónicas, libertarias y disolventes, que sin duda en su ausencia no hubieran pasado de la lectura de la primera línea, o peor aun actuado tal como propugna cierto individuo que se jacta de ir directamente a leer los comentarios haciendo caso omiso de la doctrina expuesta en el contenido por la autoridad literaria oportuna que se digna ilustrarnos mientras nos deleita con sus sabias reflexiones. No obstante, amén de tantos añadidos y apéndices, encuentro a faltar uno en el que se califique de rata de alcantarilla al Coletas, ya que esta conclusión a modo de desenlace añadiría todavía mayor calidad moral y literaria a tan excelso escrito como el que hoy nos regala para deleite de nuestros sentidos.

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Por Don Minervo 17:44 - 19.08.2020

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Por cierto don Santiago, alguna vez si que he estado de acuerdo con algún artículo suyo, aunque usted no lo recuerde. Cuando uno se expone a la opinión tiene que saber aceptar las críticas con la misma humildad y buen humor que se aceptan los elogios. Tenga usted un buen verano.

10

Por Don Minervo 17:32 - 19.08.2020

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Don santiago, usted no me impresiona, resulta que demagogo y palabrero no es ningún insulto,, no tenga usted la piel tan fina, usted mismo dice cosas más fuertes en su filípica semanal. Yo creo que si he argumentado y lo he dicho bien claro, sin fárragos y adornos innecesario, otra cosa es que a usted no guste. Sus artículos están siempre cortados por el mismo patrón y disparando siempre hacia el mismo lugar. Ustedes lo grandes intelectuales siempre están sentado cátedra y convencidos de que sus palabras van a misa, También le agradezco que se haya dirigido a mi y no me siento insultado, aunque sus palabras lo han intentado sutilmente. así son ustedes los grandes intelectuales.

09

Por el manchonero 17:12 - 19.08.2020

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Para tantas ideas con tanta carga ideológica, no tengo respuesta, sólo después de más de 40 años sigo apreciando desigualdad, privilegios, racismo y xenofobia. Todos países que nos rodean, en su día se quitaron de encima coronas y diezmos.

08

Por Txelu 15:12 - 19.08.2020

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Lo mismo sirve para el fútbol como para la política y siempre a lo mismo, tío Paco. Que cruz con este hombre. Alguna vez tendrá razón alguna otra opinión que su verdad, verdadera

07

Por Santiago Molina García 13:51 - 19.08.2020

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Ruego que me perdonen los lectores y lectoras. Cuando a primera hora de esta mañana leí mi artículo en la edición digital faltaban esos dos párrafos que he copiado en mis dos comentarios anteriores. Ahora he comprobado que ya están incorporados al texto. Muchas gracias al equipo de redacción por su eficiencia. No suelo responder a quienes me critica, pero en esta ocasión voy a hacer una excepción con ese nuevo inquisidor que se esconde tras el seudónimo de don Minervo. Me sorprende que cuando no tiene ningún argumento contundente, se limite a insultar (en esta ocasión me llama demagogo y palabrero), o a inventarse lo que uno fue o hizo (en este caso dice que yo me apunté al mismo bombardeo al que se apuntaron todos). De todos modos, le doy las gracias por leer todos mis artículos a pesar de que no le gusta ninguno.

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