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Relación de los presidentes con la cultura

 

Juan Bolea Juan Bolea
08/01/2016

El periódico El país publicaba el otro día un artículo de David Cameron, el primer ministro británico, sobre William Shakespeare, de quien se cumple en 2016 el 400 aniversario de su muerte. Cameron esgrimía una enérgica y sensible defensa del legado skakesperiano, destacando su belleza y universalidad y sus innovaciones en la versificación, gramática y vocabulario, al extremo de que cuando Samuel Johnson recopiló el primer diccionario en lengua inglesa incorporó cerca de tres mil términos procedentes del legendario bardo.

Pero si este artículo me llamó la atención no fue por su loa al autor de Hamlet, sino por el hecho de que lo firmara un presidente de gobierno. Porque ninguno de los nuestros, si desde la Transición hablamos, se ha tomado un particular interés hacia nuestro patrimonio cultural.

Si, desde Suárez a Rajoy, los presidentes --y los reyes-- españoles hubiesen hablado y escrito más de nuestra presencia histórica en América, en Europa o en Filipinas, o de la obra de Sender y Picasso, de Goya y Ramón y Cajal, de Bartolomé de las Casas y de Blas de Lezo, de Baltasar Gracián o de Félix de Azara, de Quevedo o de Teresa de Jesús, se nos difundiría y respetaría bastante más, contribuyendo esa aportación a situar nuestra cultura y patrimonio donde deberían estar. Pero, claro, los próceres tienen cosas más importantes sobre las que reflexionar.

Excepción a esta general desidia es el presidente de Aragón, Javier Lambán, quien sigue la actualidad cultural y bucea en la historia, de donde extrae argumentos y estrategias.

Su reciente crisma navideño hacía referencia a la efémerides de Fernando el Católico, de cuyo fallecimiento se cumplen en 2016 quinientos años, cien más que de la muerte de Shakespeare.

Lambán destaca del rey Fernando su dimensión como estadista y su capacidad para gobernar mediante pactos sus estados peninsulares, habiendo logrado en su época convertir la Corona de Aragón en un conjunto de reinos donde cada uno guardaba celosamente sus propias leyes, hasta ser internacionalmente conocido como Rex Hispaniorum, Rey de las Españas.

"Son valores aragoneses el pacto y la lealtad --concluía Lambán--. A la tarea de conservarlos y difundirlos en tiempos tan necesarios como los actuales me permito convocarles". Una cita más que obligada.