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El señuelo del crecimiento económico

Se corrige el déficit por la vía de los recortes sociales cuando podría hacerse por la del incremento de los ingresos

 

CÁNDIDO Marquesán Millán
11/01/2014

Abundan cada vez más los predicadores que nos sermonean desde suntuosos y vendidos púlpitos políticos, económicos, mediáticos y académicos que para salir de esta crisis, recesión o depresión --¡qué más da el nombre!-- debemos alcanzar el crecimiento económico. Con él, cual si fuera el bálsamo de Fierabrás, brotarán a borbotones millones de puestos de trabajo con unas justas remuneraciones, y los trabajadores veremos ampliados los derechos socio-laborales ya reconocidos en nuestra Carta Magna. Por lo que pronto el paro será una antigualla prehistórica. Tanta bonanza, tanta felicidad y tanta prosperidad para los trabajadores serán posibles gracias a la extraordinaria reforma laboral, de la que es principal artífice, nuestra ínclita Fátima Báñez. Esta señora tiene ya reservado un lugar en los manuales de Historia de España.

Eso sí para crecer económicamente, hay que sanear las cuentas públicas. O lo que es lo mismo, reducir el sacrosanto déficit público. Que para eso ZP y Rajoy una noche tenebrosa para nuestra ya averiada democracia, se reunieron a modificar el artículo 135 de nuestra constitución. Una regresión que, según Gerardo Pisarello, excedía incluso lo exigido por el Banco Central Europeo y que carece de parangón en el Derecho constitucional comparado. Por tanto, lo primero que hay que pagar es la deuda pública, es decir a los bancos, si para ello hay que despedir médicos, profesores, policías o asistentes sociales, se despiden. O retrasar mamografías, se retrasan. Y punto.

Muy pocos se preguntan por el origen de ese casi billón de euros de deuda. Quien tiene la osadía de hacerlo es arrojado sin contemplaciones al Averno. Mas, sería lógico en un país democrático, el que la ciudadanía quisiera conocer cuándo, quiénes, cómo y para qué se asumieron tantos gastos superfluos. ¡Qué menos! Mas en una democracia de pantomima, aquí nadie explica nada, aunque tampoco existe una fuerte presión social para que nuestros gobernantes tengan que hacerlo. A veces irrumpe el gran Floriano --vaya papelón el suyo-- para reprendernos: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y por ello debemos pagar por nuestros pecados. Ese déficit lo han generado las subvenciones a los sindicatos, el subsidio de desempleo, las pensiones, las autonomías y la nómina de empleados públicos. Por supuesto, los responsables son los socialistas. Y punto. La gran mayoría este discurso lo cree. Si alguno no convencido de la respuesta insiste en querer saber, es acusado de antisistema o antipatriota.

Por ende, nuestros políticos ufanos se lanzan en tromba a corregir el déficit por lo vía de los recortes del gasto social. Obviamente podría hacerse por la vía del incremento de los ingresos. No les interesa. Tendrán poderosos motivos. Pero claro que podría hacerse. Es una clara opción política que está ahí y que defienden afamados y reconocidos economistas. ¡Anda que no hay posibilidades ahí! Una reforma fiscal en sentido progresivo, eliminación de los paraísos fiscales, persecución del fraude fiscal de chorizos y mangantes de cuello blanco. ¡Anda que no abundan en esta querida España nuestra! Gürtel, Noos, La Muela, Plaza- A la izquierda cuando roba suelen cogerla más pronto y saliendo con un saco a rastras, ya que la justicia con ella suele ser extraordinariamente diligente; en cambio la derecha es más sutil, y más acostumbrada sabe robar más y mejor, --lo que no le impide arrogante llenarse la boca con la palabra de patriotismo--, tras suculentos banquetes en restaurantes de muchos tenedores, en los despachos de notarios o como señala César Molinas en su encomiable libro Qué hacer con España, tomando canapés en el bar adjunto al palco del Santiago Bernabeu, auténtico centro neurálgico de la política económica del país. Por supuesto, cuando los delitos de todos estos mangantes de la derecha son flagrantes y obligan a intervenir a la justicia, los procedimientos se eternizan y el juez que lleva el caso tiene que andarse con pies de plomo, ya que al mínimo error procedimental será apartado contundentemente de la carrera judicial. Ejemplos tenemos, como los de Baltasar Garzón y Elpidio Silva. Y el juez José Castro debería estar preocupado al provocar tanto martirio.

Retorno al tema del crecimiento, ¿qué crecimiento? Si llegan los millones de puestos de trabajo, ¿en qué condiciones? Y además, no es cuestión baladí, ¿vamos a crecer destrozando este bellísimo planeta que nos legaron las generaciones que nos precedieron? No existe el planeta B. Como dice Boaventura de Sousa Santos en la Primera Carta a las Izquierdas, "el siglo pasado reveló que la relación de los humanos con la naturaleza es una relación de dominación contra la cual hay que luchar; el crecimiento económico no es infinito". Tiene razón. Nosotros, los que nos escandalizamos porque una mujer aborte, no lo hacemos por la destrucción de la Naturaleza o la Madre Tierra. Las generaciones futuras nos pedirán cuentas por ello. Quiero finiquitar con unas palabras de Keynes, llenas de sabiduría y premonitorias de la capacidad destructiva del ser humano: "Destruimos la belleza del paisaje porque los esplendores de la naturaleza, de los que nadie se ha apropiado, carecen de valor económico. Seríamos capaces de apagar el sol y las estrellas porque no dan dividendos". Profesor de instituto

 
 
2 Comentarios
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Por yolanda 16:53 - 11.01.2014

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creo que lo primero que deberiamos aprender es a valorar lo que tenemos y a disfrutarlo hoy solo nos importa poseer lo ni siquiera si nos gusta

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Por José S. 12:57 - 11.01.2014

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Los nombres que los economistas y otros comentaristas políticos como él mismo dan a nuestra situación económica son marginales. Pero a veces, los nombres que damos a nuestros problemas nos ayudan a enfocar mejor la búsqueda de posibles soluciones. Una bajada de la actividad económica, o recesión, que tiende a ser pasajera, no es lo mismo que una depresión económica con un desempleo masivo [¡sobre todo el desempleo!], gran deflación [en particular de la vivienda], una notoria disminución del uso de recursos y semi-nulas inversiones. España pues, sigue más bien en un estado de depresión económica galopante. Así las cosas, al político gobernante responsable de los derroteros de la economía le interesa más hablar de 'crisis', un término éste más genérico y abstracto que el poder malea a su antojo. Dicho esto, a nadie se se le escapa que el ciclo depresivo capitalista en el que nos encontramos tiene múltiples orígenes. Gobiernos e instituciones financieras de control que se durmieron en sus laureles, entre otros grandes responsables. Pero para uno el verdadero y último responsable fue el sector bancario que se saltó a la torera la tradición de prudencia que siempre caracterizó a los que prestan dinero como negocio con la aquiescencia del poder. La actitud privatizadora, por otro lado, a que se refiere el articulista y que forma parte fundamental de la política del Gobierno conservador español puede contribuir a la tan ansiada recuperación que no, afectivamente, a un reparto de la riqueza generada por todos. No fue la empresa privada per se la que nos trajo aquí, sino la falta de control al sistema financiero. Y en el caso español, la pertenencia al desastroso club del fatídico euro. Con unos sindicatos obreros apáticos, sueldos por debajo de un nivel de vida digno mínimo y unos servicios públicos muy deteriorados, el discurso ilusionante de la oposición política no se ve por ninguna parte, efectivamente. Buen artículo. Saludos.

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