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Los sindicatos, un valor en Opel

 

Nicolás Espada Nicolás Espada
31/01/2018

Los nuevos dueños de la factoría de Opel España debían tener referencia de cómo era la labor sindical en Figueruelas, pero ahora la han visto en primera línea, y no es lo mismo. Lo han vivido en la negociación contrarreloj de un convenio que a día de hoy se ve mejorable pero también empeorable. Llegaron con muchas intenciones los de PSA y un plan estratégico que requería de firmeza empresarial abriendo así un conflicto laboral de manual. Los trabajadores se resisten a un recorte que es respondido con un órdago de deslocalización y un ultimátum por parte de la compañía. Podía ser una amenaza o una realidad, pero es muy difícil que ocurra porque Opel no tiene capacidad a corto plazo para absorber la producción industrial del Corsa. Una retirada gradual puede ser, pero ahí entran en juego muchos factores, como las administraciones y la responsabilidad social. Los sindicatos en Opel han demostrado en toda la historia de la fábrica que han sabido asumir cualquier revés, pero no a cualquier precio. Buena parte del éxito de Figueruelas reside en los sindicalistas --ahí está el preacuerdo-- pese al rechazo que a veces han tenido de la plantilla --quién sabe si hoy--. Los sindicatos son conscientes que Opel tiene problemas de negocio en Europa, que el crossover no está siendo su punta de lanza, que su posición en el coche eléctrico sigue siendo residual o que la robotización --que amenaza la mano de obra-- está muy verde. PSA debe contar con los sindicatos para resolver, avanzar y crecer. Ellos son los más interesados en que la planta siga, y sea fuerte. En esta guerra el más damnificado siempre es el trabajador y la legislación acaba abriéndose a los recortes. PSA tiene en Aragón unos grandes aliados: una mina de empleados, aunque sean caros, y unos sindicatos que ponen en valor la fábrica. Un lujo.

   
1 Comentario
01

Por Abejorro 15:43 - 31.01.2018

Estoy totalmente de acuerdo con tu análisis de la negociación del convenio de Opel, llevado a cabo estos días. Y totalmente de acuerdo en que este convenio es susceptible de ser mejorado y empeorado. Pero como todas las negociaciones de convenio realizadas en todo el mundo. Ninguna de las dos partes consigue todo lo que aspiraban al principio. Y totalmente de acuerdo en que hoy la realidad empresarial de PSA es la de una falta de capacidad para hacer frente a plazo corto para la absorción de la producción del Corsa por la necesidad de ponerse al día en cuanto innovación tecnológica, licencias, ¿ayudas?, la situación del mercado, etc. Pero estos gigantes de la producción del automóvil…y de cualquier bien, no se rinden tan fácilmente ni se acobardan. Eso queda para los de siempre, los trabajadores, que deben sufrir las presiones del poder económico y cuentan con todos los medios, del apoyo incondicional de las instituciones y de las organizaciones patronales. No hay más que ver la satisfacción que el resultado del referéndum ha producido en las autoridades políticas autonómicas y nacionales, de las CEPYMEs y de la CEOE, confirman la previsión que desde el mundo laboral se preveían. Aun así, no cantemos victoria. Nada de extraño tendría que esta situación se repitiera dentro de cuatro o cinco años y esto no sea sino un tanteo de los nuevos proietarios de cómo es la realidad, tanto de la firmeza de los sindicatos, su capacidad negociadora y el talante de las instituciones y los apoyos que en un determinado momento pueden recibir del entorno empresarial de la zona. Me alegra que el referéndum haya obtenido este resultado gracias al buen hacer sindical (no había otra opción), pero esta dinámica de presión y de amenazas a los trabajadores debe acabar. Si no, el camino a dónde nos lleva es a la sociedad lumpen y al esclavismo.