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Singularidades

 

JUAN JOSÉ Millás
18/01/2020

Mientras la inteligencia biológica implota, la artificial explota. Siri y Alexa son dos modelos de sentido común que ya los quisiéramos para nuestros gobernantes. Y eso que Siri y Alexa no han prometido ni jurado el cargo. Yo le pregunto ahora mismo a Siri dónde estoy y me sitúa espacialmente en cuestión de segundos. Si se lo pregunto al Gobierno, tiene que averiguar primero dónde se encuentra él. Ojalá lo averigüe antes de que empiecen las disensiones internas. Como los programas de inteligencia artificial aprenden de sus propios errores, de un momento a otro podría darse lo que los expertos llaman una «singularidad tecnológica». En otras palabras, que ocurra en ellos algo inesperado, como la consciencia. La consciencia es ese «cisne negro» que apareció de improviso en los seres humanos y gracias al cual viene produciéndose el progreso científico. El grafeno, por poner un ejemplo, surgió sin querer también, cuando unos sabios jugaban tras la dura jornada de trabajo.

Los seres humanos, desde el punto de vista de la consciencia, y a la vista de la existencia de líderes como Trump, vamos hacia atrás, mientras que los ordenadores van hacia adelante. Dan la impresión de que tienen hambre, de que quieren llegar, de que se mueren por ascender. De hecho, ascienden al margen de nuestra voluntad. Tú dejas el portátil encendido durante la noche y al día siguiente ha resuelto por sí solo el problema que tenía con la impresora. Ayer mismo, intenté varias veces imprimir un documento con resultado cero. Al final les dije al ordenador y a la impresora:

--Poneos de acuerdo o mañana mismo llamo al técnico.

Cuando me levanté de la cama, el documento estaba perfectamente impreso. ¿Es o no es como para pensárselo? Aquí hemos estado no sé cuantos meses sin Gobierno o con un Gobierno en funciones porque las conexiones mentales no funcionaban. Y hablo de aquí por no hablar de lo que sucede fuera, con aviones de pasajeros derribados por errores de cálculo o recién nacidos ahogados a bordo de barcas de cartón. Producimos cada día dos o tres singularidades inversas, lo que viene a ser lo mismo que implotar. Mi teléfono móvil, en cambio, explota de soluciones nuevas cada día.

*Escritor

 
 
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