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TOMA DE POSESION

  •  El nuevo Delegado del Gobierno en Aragón, Javier Fernández López, sorprende con un discurso muy personal, afectivo y abierto


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    JUAN BoleaJUAN Bolea 29/04/2004

    La toma de posesión, ayer, en Zaragoza, del nuevo delegado del Gobierno, Javier Fernández López, resultó, por este orden, atípica, interesante y amena.

    Como era lógico, al poncio entrante le precedió en el uso de la palabra el delegado saliente, Eduardo Ameijide, quien, de forma pausada, elegante y caballerosa, y con un poso de cierta tristeza que le fue imposible disimular, realizó un breve recorrido por sus intensos cuatro años de trabajo, defendiendo los logros obtenidos y reiterando su convencimiento de haber situado en todo momento los intereses de Aragón por encima de cualesquiera otros.

    Aunque Ameijide baraja estos días distintas posibilidades para su futuro profesional, tengo la impresión de que no abandonará del todo Aragón ni la política aragonesa, que tan precisamente ha llegado a conocer desde sus cargos de responsabilidad en Huesca y Zaragoza. El PP-Aragón, que atraviesa uno de sus peores momentos institucionales y orgánicos, está ciertamente necesitado de personalidades de relieve que refuercen su alicaída estructura, y sumen experiencia y entidad a sus futuras estrategias. En ese sentido, es bastante lo que todavía puede aportar un político profesional, rodado y hábil en las relaciones humanas, como lo es Ameijide.

    Por su parte, Javier Fernández sorprendió a todos --y estaba presente buena parte de la sociedad aragonesa-- con un discurso nada convencional, abierto y sincero, en el que pasó revista a su vida, y, cosa nada usual, se esforzó por definir su personalidad y su talante en base a las experiencias que le habían marcado. Habló de su familia y de su padre, que fue guardia civil, de su infancia en el antiguo cuartel de la avenida de Cataluña (que sería volado por ETA), de la Academia General Militar, de la facultad de Derecho zaragozana (con un cariñoso recuerdo a su maestro, Manuel Ramírez), de su colaboración con entidades (María Domínguez ), fundaciones (Lucas Mallada ) y asociaciones (Escritores de Aragón , una de cuyas firmas, Joaquín Sánchez Vallés, le inspiraría la lectura de un poema como colofón a su discurso), así como de sus fluidas colaboraciones con los medios de comunicación, cuya respuesta hacia su nombramiento quiso personalizar de manera simbólica en Lola Ester, y en el artículo que recientemente ella le dedicó.

    En el capítulo de las obligaciones y deberes que le aguardan entre las severas paredes de la delegación, Fernández López hizo especial mención a la lucha contra la violencia de género, la necesidad de integrar a los colectivos de inmigrantes y el desafío que supone incrementar los niveles de seguridad ciudadana frente al terrorismo histórico y a las nuevas formas de terror organizado que nos vienen amenazando.

    Por lo que respecta a los contenidos ideológicos del primer mensaje institucional, el nuevo delegado lanzó un guiño a Marcelino Iglesias, que presidía el acto y, recordó que, aunque carece de carnet de partido, se siente próximo a José Luis Rodríguez Zapatero (con quien comparte la enseñanza del Derecho Constitucional). Lo dicho: atípico.

    *Escritor y periodista

     
     
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