+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

SALA DE MÁQUINAS

Un tren en la noche

 

Juan Bolea Juan Bolea
30/06/2020

Una de las autoras aragonesas más interesantes de los últimos tiempos es Laura Riñón Sirera (Zaragoza, 1975). Su intensa vocación literaria la ha animado a abrir una librería en Madrid, Amapolas en octubre, como el título de una de sus novelas. Y acaba de aparecer la última, El sonido de un tren en la noche.
Se trata de un largo e intenso relato, intimista, ambientado en numerosos parajes y escenarios, pero sobre todo en el alma de una mujer. Esa capacidad de penetrar el espíritu de sus personajes y entregarnos las llaves de sus pensamientos y deseos es una virtud de la autora, pero no la única, ni mucho menos. Ayudada por una prosa detallista y sensible que va calando en el lector pronto nos arrastrará a su mundo, compuesto por los principales materiales de la vida y de la ficción: la creación, el amor, el sueño, el deseo, la búsqueda del conocimiento y de la identidad.

En ese camino sin límites, con trampas, a horizonte abierto, pero también escorado de abismos, las heroínas de El sonido de un tren en la noche nos invitarán a caminar con ellas al ritmo de sus corazones. Hablando, actuando, reflexionando sobre los primeros amores, sus placeres y miedos… «La soledad de que hablaba mi madre no desaparecía encendiendo la lámpara del pasillo al acostarme ni escuchando una voz familiar al otro lado del auricular. La soledad real es lo que queda cuando nada de eso existe y tu vida se queda flotando sin un punto fijo al que agarrarse».

Recuerdo haber oído afirmar a Laura Riñón que la literatura tiene una función terapéutica, sanadora, y haber estado bastante de acuerdo con ella. No hay problema cuya angustia real se resista a su disolución mediante la ficción. También la protagonista de la novela, Clementina, encontrará en la lectura un bálsamo. «La librería de mi amiga Dolly se convirtió en un reto. Escogí el primero libro sin leer su título.

Aquella noche conocí a Beryl Markham, volé con ella en su avioneta, viajé a África, disparé a los leones, domé caballos y tomé el té en la casa de Karen Blixen. Todo resulta más sencillo cuando uno consigue escapar a las páginas de una novela».

Completamente de acuerdo. Y también en que, a veces, no regresaríamos…

 
 
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de El Periódico de Aragón

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla