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«Ultrachismo» e hiperdemocracia

 

Vicente Calatayud Vicente Calatayud
25/01/2019

Pese a la experiencia que te regalan los años, es difícil comprender y mucho menos juzgar, a la sociedad en la que coexistimos, dados su variados y variables movimientos, laborales, scrachianos, culturales, erróneos supuestos biológicos, repartos económicos y beneficios sociales adaptados. Movimientos aparentemente democráticos, que con excesiva frecuencia aparecen perfumados o teñidos por un tinte político de la «izquierda boba», en mi opinión, no siempre necesario, que hace dudar de la veracidad del mismo hecho, –probablemente necesario–, al ser expuesto con demagogia ideológica más que con intención social.

La política debe ser al mismo tiempo ciencia, arte, justicia, sanidad pero sobre todo educación cultural y cívica, en beneficio de los ciudadanos. Pero si hoy nos hacemos la pregunta ¿qué es la política?, la respuesta es clara: Un «socialismo asanchizado scrachitizador». El lenguaje oral o escrito puede inventar palabras, igual que los políticos falsas propuestas. Otra cosa es que unas y otras sean creíbles y/o aceptadas. Pero como dice mi paisano y gran cómico actual: «Pero y si si». «Te has dado cuenta tu también».

Nos invade un materialismo absurdo pretendiendo demostrar solo la animalidad del ser humano, dominando la técnica sobre la razón y al que solo le interesa su cuerpo para el placer. Es el hombre posmoderno que destruye su pasado sin crear futuro; el hombre masa, aquel radical de vida fácil, que se autoinmuniza con una sensación de dominio y triunfo, creyéndose consumados intelectuales. Sin embargo son auto proclamados demoscrachitos que se dan sus propias leyes, hacen lo que les viene en gana y convierte en inadecuadas normas lo que les interesa, con desprecio agresivo al resto de la comunidad que no piensa como ellos.

Estamos llegando a lo que Ortega y Gasset llamaba «hiperdemocracia» donde ser de izquierdas es, como ser de derechas, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser imbécil; ambas en efecto son formas de una parálisis moral, cuya naturaleza radica en la irresponsabilidad con que manejan ideas que no han creado ni cultivado, pretendiendo transmitirlas con una deformación ideológica difícilmente reparable. Vivimos una especie de «hiperdemocracia», donde la parte de la sociedad definida como progresista, impone scrachalmente, su voluntad mayoritaria, su débil democracia y un posmodernismo intenso sin genero, sin litaciones biológicas ni éticas, adecuadamente subvencionado en centros docentes públicos y privados.

La otra parte del sistema hiperdemocrático es lo que también Ortega denominaba la «subdemocracia» constituida por los partidos, cuyas oportunistas cúpulas son exactamente quienes ordenan y mandan. En ambos casos, la libertad individual, como siempre, es la que sale perdiendo, aunque paseada en bus. Francamente, con la democracia pasa como con casi todo. Como diría el castizo, «más vale que sobre...que no que ….» o «pájaro en mano que ciento volando».

*Catedrático Emérito de la Universidad de Zaragoza