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Una caída con todo el equipo

La eterna plaga de lesiones, la ineficacia en las dos áreas, decisiones extrañas o la pérdida de valentía explican la mala dinámica en la que ha entrado el Zaragoza

 

Cristian Álvarez levanta a Marc Gual del suelo al término del partido disputado en La Romareda ante el Málaga. - ÁNGEL DE CASTRO

Jorge Oto Jorge Oto
28/03/2019

A cuatro puntos del descenso a Segunda B, 17 del sexto clasificado y 24 del ascenso directo, el Zaragoza atraviesa por su peor momento desde la llegada de Víctor Fernández. El técnico aragonés rescató al equipo de un naufragio seguro y fue luz entre tinieblas, pero cuatro derrotas en los cinco últimos encuentros han devuelto la desazón, el nerviosismo y la congoja. Para volver a sacar la cabeza, el Zaragoza debe recuperar virtudes que parece haber perdido por el camino. Otros aspectos, sin embargo, parecen ya una causa perdida.

SIN DOMINIO NI EFICACIA EN LAS ÁREAS

Sabido es que el Zaragoza carece de efectividad en el área contraria, terreno que ya no visita en tantas ocasiones como antes. Cada vez llega menos y peor. En este sentido, la ausencia, debido a su tercera lesión muscular de la temporada, de Álvaro Vázquez ha supuesto un problema de dimensiones considerables. Acertadamente o no, Víctor Fernández ha pregonado a los cuatro vientos que el catalán es su delantero titular, su referencia ofensiva y un jugador capital. Sin él, el Zaragoza pierde olfato, talento, llegada y gol. Es, con ocho tantos, el máximo realizador del equipo y su regreso debe significar un punto de inflexión para acabar con la sequía. Eso sí, mejor como delantero centro. Víctor suele colocarlo en la izquierda, donde Álvaro también puede aportar, pero su principal virtud es el remate y cuanto más cerca esté del área, mucho mejor.

Pero el Zaragoza también sufre un déficit importante en su propia área, donde no ha sido capaz de imponerse en toda la temporada. Y eso que Cristian Álvarez está siendo, otra vez, el mejor jugador del equipo y sus actuaciones han salvado al Zaragoza de males mayores. La aportación de Dorado y, sobre todo, de Guitián figuran en el lado positivo de una balanza que, sin embargo, continúa muy desnivelada ante demasiados aspectos negativos. Entre ellos sobresale la extrema fragilidad del equipo en jugadas de estrategia y la defensa del balón parado y centros laterales. Víctor ha conseguido mejorar algo este apartado, pero no hay remedios milagrosos a males endémicos. El Zaragoza, uno de los equipos más pequeños en estatura de toda la categoría, paga caro su escaso poderío aéreo, a lo que se añaden constantes y numerosos errores individuales en la marca, con Lasure y Verdasca especialmente desafortunados en esta faceta, aunque no los únicos.

EL ZARAGOZA CADA VEZ CHUTA MENOS

Poco queda de aquel Zaragoza osado, valiente y atrevido que basaba su forma de ser en el fútbol vertical y la llegada a puerta. El equipo aragonés ha perdido eficacia y eficiencia sobre todo porque ya no dispara tanto como antes. Entre los tres últimos partidos ha lanzado entre los tres palos en apenas cinco ocasiones. Los lanzamientos fuera rondan la decena en cada uno de esos duelos, pero lejos de aquellos 19 que, por ejemplo, produjo ante el Oviedo, encuentro en el que disparó en ocho ocasiones a puerta. Ante el Málaga lo intentó en casi una veintena de ocasiones (5 de ellas entre los tres palos) y el asedio al Extremadura incluyó casi 30 tiros en total. La pérdida de gol es evidente. El Zaragoza ha marcado dos tantos en los seis últimos partidos y acumula tres salidas consecutivas sin perforar el marco rival. El equipo ya no sorprende y cada vez hay menos desmarques, lo que también reduce mucho los pases que superan líneas del rival. El Zaragoza actual toca bien, es aseado, pero poco efectivo.

LA ETERNA PLAGA DE LESIONES

Para la historia más negra quedará una temporada marcada por la incesante plaga de lesiones que azota al Zaragoza desde el verano. El parte médico revela un lesionado por semana, un dato elocuente que estremece. Otro: en tres de los cinco últimos partidos ha habido un lesionado antes de la media hora. Todos ellos defensas. El mal no solo cuestiona la preparación física desde el verano, el diseño de la pretemporada o la coordinación entre servicios médicos y asistenciales del club, sino que enfatiza la pobre calidad física de una plantilla en la que varios futbolistas han sufrido ya tres lesiones musculares. No es normal que cada entrenamiento sea una amenaza y que cada partido suponga extender el parte de guerra. Ya han caído prácticamente todos los componentes de la plantilla. Solo Pombo se libra hasta el momento. El caso de Papu, el jugador de campo que menos minutos ha tenido durante la temporada, es paradigmático. Un elemento importante relegado a una presencia casi testimonial.

EXPULSIONES RIGUROSAS QUE MATAN

Está resultando demasiado sencillo expulsar a un jugador del Zaragoza últimamente. El conjunto aragonés ha acabado con uno menos sobre el campo en tres de los últimos cinco encuentros y en dos de ellos la expulsión ha sido determinante para el resultado final. Lo fue en Pamplona, donde la doble amarilla a Eguaras nada más comenzar la segunda parte dejó al Zaragoza a merced de un Osasuna que, sin embargo, sufrió para acabar doblegando a los aragoneses. Y también fue clave la roja a Nieto en Mallorca, justo cuando el Zaragoza atravesaba por su mejor momento aunque ya con desventaja en el marcador. Al final, la inferioridad numérica afectó demasiado al Zaragoza, que encajó tres pero bien pudieron ser varios más. En ambas ocasiones, el árbitro de turno se mostró excesivamente riguroso.

En cambio, la expulsión de Soro –la única con roja directa– fue la menos trascendente al producirse en los últimos compases del duelo ante el Almería.

EL CALENDARIO NO HA AYUDADO

Bien es verdad que la crisis del Zaragoza, con cuatro derrotas en los cinco últimos partidos, ha coincidido con el tramo menos amable del calendario y en el que el equipo aragonés se ha enfrentado a rivales poderosos inmersos en la lucha por ascender a Primera División. Es el caso de Osasuna, Granada y Mallorca, todos ellos situados entre los seis primeros clasificados, y, en menor medida, el Almería, aún con aspiraciones a alcanzar la sexta plaza. Ante el Elche, el único de todos ellos que se encuentra en la segunda mitad de la tabla, el Zaragoza logró ganar por la mínima. Ahora el calendario se suaviza, lo que debe suponer una mayor cosecha de puntos. Las victorias ante Nástic y Alcorcón sin imprescindibles y otorgarían más de media salvación. Así lo admite el vestuario.

DECISIONES DE VÍCTOR UN TANTO EXTRAÑAS

La coherencia presidió la primera media docena de partidos de Víctor Fernández al frente del Zaragoza. Su lógica aplastante a la hora de diseñar alineaciones y plantear los partidos eran gloria bendita en comparación con el pasado más reciente, pero el técnico parece haber dado cierto paso atrás, quizá obligado por las importantes carencias y defectos del equipo y las numerosas adversidades. Quizá todo comenzó en Pamplona, donde sorprendió la irrupción en el once de Pep Biel ante un adversario de enjundia en un escenario difícil. Una semana después, Víctor apostó por Lasure en el lateral izquierdo ante el Almería a pesar del buen rendimiento que venía ofreciendo Nieto incluso en plazas muy complicadas. En Granada también hubo sorpresa, con una especie de cuatrivote en la medular formado por Eguaras, James, Ros y Zapater, pero la fragilidad defensiva a balón parado echó por tierra el plan inicial en el minuto 3. Frente al Elche, Víctor rescató de nuevo a Pep Biel y situó a Zapater en el lateral zurdo ante la ausencia por sanción de Nieto y la recuperación aún incompleta de Lasure. En Palma, la novedad fue Ros, que volvió al once para formar en el centro junto a Eguaras y desplazar a James a la izquierda. Y Soro, al banquillo.

POCOS HAN DADO UN PASO AL FRENTE

El Zaragoza viene necesitando desde comienzos de temporada ese paso al frente que no han sido capaces de dar jugadores que estaban llamados a ser importantes. La sensible ausencia de Borja Iglesias debía ser cubierta entre Álvaro y Gual, pero no ha sido así. Las lesiones han castigado al primero, cuyo promedio goleador no es malo, pero el segundo no ha rendido conforme se esperaba. En realidad, la plantilla diseñada por Lalo el pasado verano parecía mucho mejor, pero ha quedado patente que no ha dado el nivel. De los cuatro centrales que empezaron la temporada, uno está lesionado de larga duración, otro ha sido cedido y los dos restantes son suplentes. Lasure, llamado a ser pilar básico, está completando una campaña demasiado irregular y, al igual que Benito, el otro lateral supuestamente titular, se ha perdido numerosos partidos debido a varias lesiones. Otros elementos esenciales, como Eguaras o Guti, también han andado lejos de su mejor versión por sus problemas de pubis. Y solo James y, sobre todo, Cristian, están cumpliendo con lo que se esperaba de ellos. También Soro, convertido ya en un jugador importante y cotizado. Otros canteranos, sin embargo, no son los de la campaña pasada. Sobre todo, Pombo, desconocido desde aquel episodio con la afición en los aledaños de La Romareda y demasiado afectado por los problemas con el club acerca de su renovación.

   
2 Comentarios
02

Por Alfon1911 11:09 - 28.03.2019

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Alguien sabe a que se dedica el Director General, si el carácter de la plantilla tiene que ser el que se imprime desde arriba, apañados estamos, son unos flojos.

01

Por Artimaño 9:09 - 28.03.2019

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Una perogrullada pero efectiva: La solución para ganar al Extremadura es tirar por lo menos 20 veces a puerta. Alguna entrará. Me da igual si es desde el medio del campo. El caso es atreverse y tirar.