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Dani Torres: «Me refugiaba en el alcohol y la fiesta. Llegué a perderlo todo»

El centrocampista colombiano repasa su pasado y afronta su etapa como zaragocista con ilusión

 

Dani Torres posa para EL PERIÓDICO en las instalaciones de la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza. - NURIA SOLER

J. OTO
12/02/2020

–Su historia es la de un chico que se marchó solo a Bogotá para jugar en Santa Fe y que, en sus propias palabras, pasó por una etapa de irresponsabilidad entre 2010 y 2011.
–Creo que todo formó parte de un proceso de aprendizaje. Cuando miro atrás veo momentos buenos y otros que, aunque aparantemente no lo parecen, fueron incluso mejores porque me hicieron crecer como persona en el aspecto familiar y espiritual. Me di cuenta de que tenía un desorden de prioridades pero Dios vino a reorganizar mi vida otra vez por completo y poner todo en su lugar. Necesitaba priorizar y creo que, básicamente, todo ha sido un proceso de aprendizaje.

–Llegaba a beberse dos botellas de whisky al día y el club le perdonó varias veces hasta que lo mandó al Nacional de Medellín, donde la cosa fue a peor...
–Pero no recuerdo aquella época con amargura y dolor porque me sirvió para aprender. Dani Torres está como está y dónde está y tiene la esposa e hijos que tiene gracias a aquello. Pude haberlo perdido todo y de hecho así fue durante un tiempo. Me quedé sin trabajo, sin mujer y sin mi hijo, pero Dios tuvo misericordia de mí y me devolvió el fútbol y mi hogar. Y ahora me ha dado la oportunidad de recalar en el Real Zaragoza y de disfrutarlo.

–¿Qué buscaba en la bebida?
–Quizá mi infancia no fue la mejor, pero tampoco la peor. Ahora me doy cuenta de que muchas personas han vivido situaciones aún peores que la mía. Me hacía falta el amor de Dios, del que entonces estaba totalmente apartado, y me refugiaba en el alcohol, en la fiesta y en que me tratasen como a alguien importante, con dinero. Pero me di cuenta de que eso era pasajero. En muy poco tiempo, en semanas o quizá un mes, todo se vino abajo y entonces supe que todo era ficticio y que esas personas estaban conmigo por interés, no porque me quisieran. Empecé a darme cuenta de la importancia de algunas personas en mi vida y de la prioridad que es Dios para mí. Él me dio la oportunidad de comenzar de cero y eso es algo espectacular que mucha gente no puede tener.

–¿En qué momento se dio cuenta de que no podía seguir así?
–Cuando pierdo a mi esposa y mi hijo Manuel. Ya me había separado, pero no habíamos dejado de compartir casa durante un año y medio, pero al final de ese tiempo, me sacaron del Atlético Nacional cuando el fútbol lo era todo para mí. Y todo se derrumbó. Levanté la vista y no tenía nada, ni trabajo ni esposa ni hijo. Sí estaban mis padres y hermanos, que nunca me abandonaron, pero ya tenían ciertas duda y me miraban diferente. Les ocasionaba dolor y daño. Vi que me había equivocado y que estaba en el abismo, pero Dios me hizo estirar la mano y encontrar refugio en Jesús para, a partir de ahí, edificar todo con fundamento bíblico. Gracias a Dios y a su misericordia pude edificar todo nuevamente.

–¿Cuándo encontró a Dios?
–Conocí a Sandra Merino, una guía espiritual que era suegra de Camilo Vargas, portero del Santa Fe. Cuando todos tenían dudas de que pudiera ser alguien, ella, en su relación con Dios, podía ver más allá de lo que sus ojos observaban y enfocar más en lo espiritual y en el potencial que Dios había puesto en mí y el futuro que había decidido que podía tener. Estaba totalmente fuera de lugar, todo era fantasía para mí, pero esa ayuda, ese apoyo y ese acompañamiento fueron fundamentales para que mi esposa decidiera esperar a su esposo y al padre de su hijo y no hiciera lo que normalmente hacen las personas en esa situación: abandonar totalmente y empezar una nueva vida. Con Sandra salgo a orar cuando salto al campo y con ella hablo de temas espirituales cuando camino descalzo por la cancha antes de los partidos.

–¿Cree que ya ha pagado todas sus deudas pendientes?
–No me enfoco tanto en las personas porque, si así fuera, tendría muchas deudas pendientes. Dios pagó lo que tenía que pagar por mí a través de su hijo y gracias a eso yo tengo la oportunidad de empezar, crecer y ayudar. Porque no solo te das cuenta de lo que hizo Dios a través de personas en tu vida, sino también de lo que hizo en otros a través de tu testimonio. Muchas veces nos preguntamos dónde está Dios en situaciones adversas, pero estamos en ellas por nuestras malas decisiones y Dios lo permite para que aprendamos, crezcamos y enseñemos a otros.

–¿El fútbol ahora ocupa el mismo lugar que en aquella etapa irresponsable de su vida?
–No. El fútbol lo era todo, pero me di cuenta de que hay prioridades. Claramente, es algo importante porque es mi profesión y es el don que se me ha dado, pero mi prioridad es Dios, mi esposa, mis hijos y, a partir de ahí, todas las autoridades espirituales y físicas: mi papá, mi mamá, Sandra y varias personas que Dios ha puesto en mi vida y que son autoridad ya sea por el cargo o por la que Dios ha puesto sobre ellos.

–Capitán casi siempre, pieza clave en sus equipos, internacional...pero se quedó a las puertas de ir al Mundial de Rusia. ¿Tiene esa espina clavada?
–Sí. Es un anhelo en mi corazón, pero tengo esperanzas de poder acudir a un Mundial. Cada año que pasa te alejas más, pero creo en ese Dios de milagros y por eso jamás perderé la fe en llegar allí. He estado cerca varias veces, pero entiendo que no era el momento y quizá habría sido dañino para mí porque no estaba preparado. Lleva un proceso y espero que me llegue la oportunidad, como sucedió con la Copa América, que disfruté mucho. Y los míos también.

–¿Dudó mucho cuando el Zaragoza le reclamó?
–No. Me lo pensé más el año pasado, cuando me llamó el Albacete. Nunca había bajado a Segunda y creo que siempre menosprecié bajar de categoría. Pero entendí que era la voluntad de Dios y me salieron muy bien las cosas. Por eso, cuando se dio la oportunidad de venir al Zaragoza no lo pensé mucho, aunque había otros equipos interesados. De hecho, era un poco incrédulo acerca de que se pudiera dar porque mi situación contractual no era fácil y había asumido que estaría en el Alavés hasta el final de la temporada sin jugar ni participar. Había decidido aguantar, pero todo se alineó después de mucho tiempo y pude venir a un gran club con un objetivo muy claro.

–¿Qué sabía del Zaragoza antes de venir?
–Mi representante de aquí, Javier Abad, me hablaba sin parar del Zaragoza. Él es de aquí y siempre me decía que algún día podría llegar al Zaragoza y yo le decía que ojalá. Así que estaba ya muy familiarizado con ese nombre.

–¿Qué se ha encontrado?
–Sabía ya que es un club grande. con una gran afición y mucha historia. Me encantó el fútbol del equipo cuando vine a jugar con el Albacete. Y también el ambiente. Recuerdo que cuando acabó el partido, me preguntaron en el vestuario si así se jugaba y si ese era el ambiente que se vivía en Primera y yo respondía que me lo recordaba mucho. Nada me ha sorprendido, sino que se ha confirmado lo que ya sabía.

–¿Es demasiado pronto para plantearse echar raíces?
–Siempre intento acoplarme para echar raíces. Pude haber dejado a mi familia en Vitoria y estar cuatro meses aquí y ya está, pero no soy así y trato de vincularme y ser uno más no solo con mi compromiso, sino involucrando a los míos también. Si estoy en Zaragoza mis hijos son del Real Zaragoza.

—El Santa Fe llevaba 37 años sin salir campeón hasta que usted conoció a Sandra y, asegura, influyó en el equipo para acabar con esa maldición. El Zaragoza lleva siete años en Segunda. ¿Ve alguna similitud en ambas situaciones?
–Muchas. El número 7 lo usaba en Santa Fe y 37 fueron los años sin salir campeones después de llegar muchas veces a las últimas fechas y quedar eliminados o perder la final en el último instante. Era algo impresionante. Pero ganamos la séptima estrella y el club la hizo más grande que las otras para reconocer que esa estrella representaba a Jesucristo que había entrado en el equipo rompiendo la maldición. Y el león, curioso, era la mascota. Cuando llegué al Zaragoza me dieron a elegir varios números pero solo me gustaba el 3 porque es el de la Santísima Trinidad. Veo mucha similitud con Santa Fe y espero que el final sea igual. Dios está haciendo algo y está dispuesto a ayudar a traer la paz a nuestros corazones para conseguir ese objetivo.

–¿Cree entonces que puede ser el año?
–Mi fe y confianza están depositadas en Dios y tengo la esperanza y la convicción de que se puede dar y se va a dar. Un pueblo sin una misma visión no prospera pero cuando un equipo tiene la misma visión, como es el caso del Zaragoza en lo que se refiere a cuerpo técnico, plantilla y afición, Dios puede proveer. Porque hay buenos jugadores, muy buen ambiente, una gran afición y se están consiguiendo resultados. Tengo la convicción y la seguridad de que se va a dar.

–¿Cómo se encuentra?
–Me falta ritmo de competición porque llevaba mucho tiempo sin jugar. Me he esforzado en estar bien físicamente pero me falta la dinámica de jugar y por eso le estoy muy agradecido al míster por haberme dado la oportunidad de jugar los últimos minutos y tomar ese contacto nuevamente. Lo que me emociona es que acaban los partidos y quiero más y eso es algo muy bueno. Físicamente me siento bien, mentalmente aún mejor.

–Usted conoce bien a Burgui. ¿Qué ficha el Zaragoza?
–Vamos a tener dinamita arriba. Va a ser espectacular la parte de arriba con él y lo que ya tenemos. Ojalá todos nos podamos fortalecer y beneficiar de ello.

–¿Le ha afectado a Luis Suárez el cuarto penalti fallado?
–Es un gran jugador. Hay cosas que han sido una carga para él en el plano futbolístico y en el personal, pero lo ha sabido llevar muy bien. ¿Los penaltis? Cuando fallamos sentimos a veces que somos muy malos pero cualquiera puede errar y a la siguiente puedes acertar. Él lo lleva muy bien, pero debemos apoyarlo. 

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1 Comentario
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Por Suñen 17:34 - 14.02.2020

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