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LA ENTREVISTA DE LA SEMANA

Fernando Morientes: «Llevaba un año en el Zaragoza y quería quedarme para siempre»

El exdelantero llegó con 19 años desde el Albacete con la difícil misión de hacer olvidar a Esnáider y, tras marcar 28 goles en dos temporadas, el Real Madrid pagó mil millones de pesetas por él

 

Fernando Morientes, durante un acto en representación de LaLiga. - ZHANG XINYAN

J. OTO
16/02/2020

—Solo estuvo dos temporadas en el Zaragoza, pero dejó huella.
–Fueron dos años muy gratificantes a nivel profesional, pero también personal. Porque tenía 19 años y acababa de empezar en el fútbol profesional. Sin duda, fueron solamente dos años, sí, pero muy intensos y que no se olvidan así como así.

–Llegó del Albacete tras una gran temporada, pero la apuesta por usted fue fuerte.
–Había estado tres años en el Albacete, aunque solo la última temporada a nivel profesional. Me fichó el Real Zaragoza y lo que yo pensaba que podía durar mucho tiempo se convirtió en una estancia de tan solo dos años porque la cosa fue muy bien. Tengo mucho que agradecer al Real Zaragoza porque seguro que sin esa oportunidad que me dio no habría dado el salto definitivo en mi carrera, llegando al Real Madrid.

–¿Cómo se fraguó su fichaje?
–Fue muy natural. Sabía que varios equipos estaban interesados en mí, pero me seducía mucho el Zaragoza porque el año anterior había ganado la Recopa de Europa y todo el mundo sabía que era un equipo que jugaba muy bien y generaba muchas oportunidades. Era un gran sitio para seguir progresando. Además, había vendido a Esnáider al Real Madrid y la plaza de delantero quedaba vacante. En realidad, pensaba que todo iba a ser mucho más tranquilo, que no iba a jugar tan rápido y que las cosas irían con calma, pero Víctor Fernández confió en mí desde el primer momento, me dio el ‘9’ y todo fue rodado. Ya le digo que tenía muchas opciones, pero no había dudas. Siempre le dije a mis agentes que la opción que más me seducía era la del Zaragoza. Mucho más que cualquier otra.
–Pero el listón estaba alto. El equipo venía de ganar un título europeo con Esnáider como gran estrella. Recoger el testigo no era una tarea sencilla.
–Al revés. Para mí era un aliciente porque cuando eres joven quieres tener la oportunidad de jugar en grandes sitios. Fue algo similar a lo que luego pasaría cuando me fui al Real Madrid ya que hablamos de equipos en los que la exigencia era máxima y el listón estaba muy alto. Pero es lo que quieres cuando llegas al mundo del fútbol profesional. Ese tipo de oportunidades no te las dan en cualquier sitio y para mí, que era muy jovencito y aún algo inconsciente, era un reto. Mucha gente me decía que me quedara en el Albacete porque en el Zaragoza no iba a jugar, pero no lo dudé. No se juega en un campeón de la Recopa todos los días.

–Y cayó de pie.
–No era muy conocido. Venía del Albacete y había hecho pocos goles, pero la gente me cogió cariño desde el comienzo. Tomé el ‘9’ de Esnáider y empecé a marcar y a jugar bien. La gente, es verdad, me recibió muy bien y siempre le estaré agradecido.

–Aunque el equipo sufrió un bajón la campaña siguiente a la conquista de la Recopa. ¿La resaca del éxito?
–En Liga no fueron las cosas bien pero había que ser realistas y pensar que competíamos ante equipos con mucho poso. Es verdad que no estuvimos al mismo nivel que en años anteriores, pero para mí era todo nuevo y estaba encantado de todo lo que vivía. Jugaba con futbolistas como Aragón, Poyet, Pardeza, Higuera… Referentes para mí y algo impensable. Pero las temporadas son así y desde entonces el Real Zaragoza ha vivido muchos altibajos. Son ciclos y hay que aprender a disfrutar de los buenos momentos.

–¿Vio la final de la Recopa?
–Claro, por supuesto. No me lo perdí.

–Vaya gol el de Esnáider, aunque el de Nayim es otra historia.
–Fue espectacular. Me alegré muchísimo. Fue una final muy disputada ante un grande de Europa como el Arsenal y ese gol supuso un antes y un después en la historia del Zaragoza y también del fútbol español. Es un equipo que siempre ha caído muy bien en España y todos estábamos a muerte con él y deseando que lograra el título.

–¿Ya había entonces interés del Zaragoza?
–Yo no sabía nada de un posible interés que luego sí surgió. Al poco tiempo estaba jugando para ese equipo que hace poco estaba viendo por televisión y que me tanto me gustaba cómo jugaba.

–¿Veía que usted encajaría bien?
–No me lo imaginaba. Cuando estaba en el Albacete mi ilusión era jugar allí y convencerme de que podía llegar a Primera División. No tenía las miras más altas. Luego van surgiendo los acontecimientos y vienen equipos interesados, pero ni por asomo pensaba que podía jugar en el Real Zaragoza.

–Pero el estilo le iba como anillo al dedo a su fútbol.
–De eso me di cuenta enseguida. Ya en pretemporada tenía claro que el estilo y la filosofía de Víctor, que apuesta por un fútbol muy atractivo, venía muy bien a los delanteros y sabía que si lograba coger ese punto de referencia en la delantera luchando con jugadores tan contrastados como Pardeza, Higuera, Dani o Rambert, que vino en el mercado de invierno, iba a disfrutar.

–¿A quién recuerda con especial cariño?
–A chicos del filial, como Íñigo, que me ayudó muchísimo en mi primer año. Cuartero, Aragón, que era uno de los que ya estaban asentados en el equipo, Cedrún, Belsué… la verdad es que me acogieron muy bien y era un grupo muy majo. Yo era joven, estaba soltero, solo y sin novia en una ciudad nueva y me sacaban y me traían de aquí para allá. Era como el niño de la plantilla y guardo un gran recuerdo de todo.

–El Zaragoza pagó por usted 325 millones de pesetas y lo vendió luego por 1.000 al Real Madrid, el importe de su cláusula.
–Era un paso obligado. El presidente quería que me quedara mucho tiempo en el Zaragoza y me ofreció una mejora de contrato y yo le dije que mi ilusión era quedarme allí siempre, pero que el futuro tenía esas cosas y, si son para el bien del jugador y del club, había que dar el paso. Le transmití claramente que me apetecía mucho dar ese salto, como había hecho dos años antes cuando decidí salir del Albacete para marcharme al Zaragoza. Y al final creo que fue un buen negocio para ese club en el que tan a gusto estuve y al que siempre estaré muy agradecido.

–Marcó 28 goles con el Zaragoza. ¿Con cuál se queda?
–Hubo varios. El hat trick al Valencia fue muy especial. También hice tres goles al Sporting y al Athletic en San Mamés en Copa. Y todos fueron especiales porque quería marcar que para eso me habían fichado. Víctor me pedía ser el referente del equipo en ataque y acabar las jugadas y eso trataba de hacer.
–No tardó en abrirse la puerta de la selección para usted. ¿Cree que habría llegado igual en caso de haberse quedado?
–Por eso le digo que había que dar el paso, pero estoy convencido de que si me hubiera quedado en el Zaragoza también habría llegado a la selección porque hacía goles y el combinado nacional necesitaba un jugador de mis características. Es verdad que un sector del público estaba un poco enfadado por irme, pero es normal, aunque recientemente estuve en La Romareda para jugar el partido de Aspanoa y la gente me volvió a demostrar su cariño.

–¿Tiene la sensación de que se fue sin despedirse?
–Son épocas distintas. Ahora hay muchas facilidades con las redes sociales y entonces la única despedida posible era en el campo y haciendo lo que sabía: jugar al fútbol. No se hacía ni siquiera una rueda de prensa y ahora está todo más cuidado que hace 25 años. El fútbol ha evolucionado y ha ido a mejor, pero me quedo con la sensación de que hice algo importante en el Zaragoza y que la gente me recuerda para bien. Igual que yo a ellos. Su cariño es lo que cuenta.

–¿No tiene espinas clavadas?
–Afortunadamente, no he tenido ningún problema allá donde he estado. Al contrario, siempre he dejado buenos amigos y mejores recuerdos. De eso se trata, de hacer una buena carrera y dejar un buen sabor de boca en la gente a nivel profesional y, lo más importante, a nivel personal.

–Y eso que su segunda y última campaña no fue fácil. Cuatro entrenadores en una misma temporada y el equipo luchando por evitar el descenso.
–Pero como yo lo vivía todo desde la juventud, era como un aprendizaje forzoso. Apenas tenía 20 años y acababa de empezar, pero a nivel personal me iban tan bien las cosas que ese mal sabor de boca por los cambios de entrenador lo iba superando merced, quizá, a esa inexperiencia por mi juventud. Fueron momentos duros y tensos, pero es el fútbol y hay que valorar mucho los buenos ratos y de los malos tratar de salir cuanto antes.

–¿Esa inexperiencia de la que habla explica que dos de las tres veces que fue expulsado durante su carrera fueran en el Zaragoza?
–Una ante el Betis en Sevilla y otra contra el Compostela, si no recuerdo mal. Así es. Esa inexperiencia y vivirlo todo de una forma más visceral tiene estas causas. No sabía ni protestar y por eso me expulsaban.

–¿Con qué se queda de su carrera?
–Con haber podido disfrutar de tantos años de fútbol y de vestuarios y compañeros, así como de los buenos momentos. Cuando termina tu carrera dejas atrás los momentos más desagradables y te quedas con los buenos, como el debut con el Albacete, mi paso por el Zaragoza o haber llegado a ser un referente a nivel nacional o con la selección. Me quedo con los títulos de Liga, Champions, campeonatos en el extranjero, Copas… una carrera llena de éxitos que queda en forma de copitas pequeñas pero que simbolizan grandes momentos.

–¿Y el peor momento?
–La lesión de pubis en el Real Madrid, sin duda. Me hizo pasar un año muy fastidiado al tener que pasar por el quirófano. Nosotros queremos jugar al fútbol y hacerlo en tu mejor versión, pero cuando estás lesionado sabes que es necesario pasar un tiempo de espera y de trabajo para recobrar el físico que la lesión te ha quitado.

–¿Cómo ve al Zaragoza?
–Lo sigo mucho, al igual que al Albacete. Es complicado volver a Primera una vez que bajas y el Zaragoza lo sabe bien. Hay muchos equipos que quieren el mismo objetivo y aunque los presupuestos no son los mismos, a veces el dinero es secundario y lo importante es hacer un buen grupo y conectar con la grada. El Zaragoza lleva mucho tiempo tratando de dar ese paso y, por afición, historia y ciudad, tiene que estar en Primera y recuperar aquella época dorada y volver a luchar por entrar en Europa. Está diseñado para eso. A ver si este año, con Víctor, se puede dar ese paso y poner al Zaragoza donde le corresponde.

–¿Le parece el técnico idóneo para lograrlo?
–Lo es. Le tengo muchísimo cariño tras coincidir con él en el Zaragoza y hablar después en muchas ocasiones, incluido el curso de entrenador. Me parece el técnico ideal porque conoce perfectamente el fútbol, posee un extenso currículo y lo sabe todo de ese club y esa ciudad. Le deseo lo mejor.

–¿Su futuro está en los banquillos?
–Me saqué el título de entrenador y he ejercido en categorías inferiores del Real Madrid y en Segunda B. Si sale algo interesante, buscaré dar el salto y, si no, seguiré ligado al fútbol como embajador de LaLiga, como llevo haciendo desde hace tiempo.

–Quizá el Zaragoza y usted vuelvan a juntarse en el futuro.
–Nunca se sabe. Jamás pensé que podía jugar en el Zaragoza cuando veía la final de la Recopa por la tele y luego lo hice y fue una experiencia inolvidable. A los más cercanos les decía después del primer año en el Zaragoza que me encantaría quedarme toda la vida. Estaba muy a gusto y disfruté de momentos mágicos.