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LA ENTREVISTA DE JORGE OTO

"No me arrepiento de nada, pero ahora me siento más maduro"

 

Jorge Pombo posa con un escudo del Real Zaragoza. - NURIA SOLER

J. OTO
09/10/2019

–Vaya palo lo de Dwamena…
–Un mazazo. Nos hemos enterado justo antes del entrenamiento, cuando el presidente y Lalo nos lo han contado. No sabíamos nada y nos ha sorprendido mucho, pero estamos tranquilos porque va a salir de esto echando leches y mientras lo hace estaremos a su lado y contará con todo nuestro apoyo.

–¿Cómo lo han visto?
–Está triste. A nadie le gusta que le den una mala noticia pero esto es fútbol y antes está la persona y su salud. Eso es lo más importante.

–¿Y usted, cómo está?
–Bien. Muy tranquilo.

–Pasó la tormenta…
–Pero son cosas del fútbol y de la vida. No soy ni el primero ni seré el último al que le pasa algo así.

–Le han pasado demasiadas cosas en un año, ¿no?
–Sí, pero no solo en el fútbol, sino también en el plano personal que no sabe nadie. Ninguna persona puede predecir lo que va a pasar en el futuro, así que yo siempre me he centrado en trabajar día a día y que las cosas salgan bien ya no es solo asunto tuyo, sino del equipo, del rival… de muchas cosas. Se trata de trabajar y estar tranquilo.

–¿Ha cambiado?
–Me siento más maduro. He pasado por una situación que nunca antes había vivido y tenía un pie o más fuera del Zaragoza, pero al final no solo te quedas sino que, además, renuevas con el equipo de tu vida con todo bien hablado y acordado. Ha sido una situación nueva para mí y me ha enseñado mucho.

–Y ha moldeado su carácter, dice.
–Estoy más tranquilo, no soy tan impulsivo ni hago solo lo primero que se me viene a la cabeza. Obviamente, una persona no puede cambiar de la noche a la mañana, pero sí me noto más tranquilo.

–¿También en el campo?
–Depende de cómo pases la semana y te encuentres anímicamente. Ahora me siento muy bien en el campo, tranquilo y con las ideas claras, tratando de hacer lo que me pide el míster. Tenía ganas de sentirme bien y también las tengo de ser titular, pero los minutos que he tenido y los que tenga trataré de hacerlo lo mejor posible.

–¿Se arrepiente de algo?
–Para nada. Arrepentirse no me parece una buena actitud. No he hecho nada malo para que me pueda pasar algo negativo en el futuro. Se trata de decisiones, actos que han sucedido y no hay que darle más vueltas.

–¿Tampoco de haber salido a hablar con aquellos aficionados al término del partido ante el Cádiz de la pasada temporada?
–Yo no salgo a hablar con nadie. Me encuentro de repente rodeado de 50 personas y salen los sentimientos que, como salimos de una derrota y estamos en una mala racha, están a flor de piel. No dije nada malo ni eché mierda al grupo ni nada de eso. Solo hablé de lo que sentía y ya está. Se malinterpretaron muchas palabras y no me arrepiento de nada. Pero seguro que si se volviera a dar esa situación no sucedería lo mismo. Pero que quede claro que yo no tengo por qué salir a hablar con nadie. Quizá si nuestros coches no estuvieran ahí dentro tampoco pasarían esas cosas.

–¿Por qué no aclaró las cosas entonces?
–Consideré que no había que darle más bombo ni vueltas a aquello. La gente que hable lo que quiera. Yo pedí disculpas al grupo porque hay gente que, lógicamente, pudo sentirse molesta y ya está. Los que estábamos ahí sabemos de qué se habló y los demás pueden seguir diciendo lo que quieran.

–¿Qué le molestó más?
–La gente se creía que yo salí a echar mierda o a salvarme el cuello y para nada fue así. Te vas a casa y respondes a un chaval que te dice cuatro cosas y, de repente, te encuentras rodeado de 50 personas. No es culpa de nadie ni hay que darle más vueltas. Solo fue una conversación con una persona y el resto estaba escuchando. Pero ya le digo que si alguien quiere seguir diciendo mentiras que lo haga.

–¿A partir de ahí se torció todo?
–Somos gente madura y son cosas que pueden pasar y que están dentro de lo normal. Las cosas van mal, te pones a hablar con uno y te graban. Ya está. Hay que ser maduros y dentro del club lo hemos sido todos y se han hecho las cosas bien. ¿Y si luego hubiésemos ascendido? ¿Aquello habría sido bueno? No me parece lógico ni razonable que se señale aquel episodio como responsable de una mala temporada.

–Me refería a usted. Nada le fue bien desde entonces.
–No lo creo. Recibí muchos mensajes de apoyo y de gente que me decía que había dicho verdades, pero no es así. No salí para hacerme el machote o para salvarme el culo. Ni hablar.

–Pero al club no le gustó…
–Claro. Ni al vestuario, pero saben que no fue con mala intención. No pasó nada más.

–¿Se sintió señalado tras aquel episodio?
–Un poco sí, pero cuando las cosas no salen bien la gente siempre señala a alguien.

–Su gente…
–Al final, cuatro pitos se escuchan más que diez aplausos. Estoy tranquilo porque sé que trabajo siempre al cien por cien.

–¿Le costó alguna lágrima todo aquello?
–Son cosas que se sacan de contexto, pero no tengo por qué llorar porque la gente me aplauda o me pite. Es más, tengo que estar orgulloso de estar donde estoy, de aprender de lo mal que lo he pasado y, sobre todo, de que mi salud y mi familia estén bien. Esto es un trabajo y estar triste no me aporta nada. Puedes estarlo un día, dos o tres, pero hay que cambiar el chip y pensar en el siguiente partido.
–¿Le dolieron aquellas palabras de Lalo cuando se empezó a enquistar su renovación? Aquello de quien quiera estar, estará y el que no, no estará…
–Me dolió, claro. Porque a nadie le gusta que hablen mal de uno, pero al final todo se ha suavizado, tranquilizado y se ha logrado un acuerdo que es lo que todo el mundo quería.

–¿La relación es cordial? ¿Borrón y cuenta nueva?
–Siempre ha sido cordial. Sí que hubo alguna tensión, obviamente, porque forma parte de una negociación. Pero ahora ya es pasado. Tranquilidad.

–¿Por qué aceptó la renovación una vez concluido el mercado veraniego de fichajes y no meses antes?
–Por muchas cosas que no puedo especificar. Si a ti te gusta una cosa la aceptas y si no, no. A mí nadie me va a ayudar en el día a día fuera y tengo que mirar por lo mío y, en ese aspecto, ser egoísta y mirar por mí mismo.

–¿Le sorprendió que el club rescatara esa oferta?
–Se abría un escenario nuevo que nunca había vivido. No se puede explicar lo que sientes porque te vienen muchas cosas a la cabeza, pero tienes que seguir entrenando y estar preparado físicamente y, además, llevarlo lo mejor posible en el aspecto anímico. Todo sirve de aprendizaje.

–¿Cuántas veces se vio fuera del Zaragoza?
–Vas por la calle y te preguntan, estás en casa y te preguntan, en las redes te preguntan. Todo eso satura porque no lo había vivido nunca y, además, no estás en un club fuera de tu casa del que casi te da igual irte o no, sino en uno al que siempre has querido y querrás y en el que quieres ser el mejor y un ídolo para la gente. Por eso, ver que te están machacando por algo normal como es que alguien te ofrezca más o menos y tú pidas más o menos, al final te agobia y asquea. Es una de las razones por las que llegas a pensar: mejor me voy.

–¿Era un alivio marcharse?
–Era lo mejor que podía hacer porque la gente estaba medio mosca. La Romareda es complicada. Es muy bonita cuando las cosas van bien y muy jodida cuando van mal porque es muy exigente, aunque a mí me encanta que esta afición sea así porque siempre está ahí vaya bien o mal.

–Tras renovar, fue recibido con una ovación de gala…
–Y te das cuenta de lo que realmente te valoran. No lo esperaba y me emocionó. Ya antes de empezar la temporada, en el Ciudad de Zaragoza, antes de tirar el penalti la gente me aplaudía y entonces te das cuenta de que lo eres para el club y para ellos. Son motivos que te ayudan a firmar.

–Pues si lo llega a fallar… Y eligió tirarlo a lo Panenka.
–Al final se te pasa por la cabeza y no puedes pensarlo mucho. Lo haces y ya está, pero sabes que tienes más a perder que a ganar.

–Bueno, no había puntos en juego.
–En La Romareda da igual un amistoso que un entrenamiento.

–¿Le falta autocrítica?
–No. La gente puede decir lo que quiera, pero más autocrítico que uno mismo no hay nadie. Sé lo que hago mal y lo que hago bien, aunque puede ser que cosas que crees hacer bien estén mal, pero eso es parte del aprendizaje, de la madurez, del momento, de la vida y del ciclo de una persona y un futbolista.

–¿Qué debe mejorar?
–No puedo decirle una cosa en concreto, pero día a día vas aprendiendo. He cambiado mucho. Antes era más impulsivo y ahora más tranquilo, pienso más las cosas. Trato de evolucionar siempre para bien.

–¿En eso se diferencia sobre todo este Pombo del Pombo del año pasado?
–Es el mismo básicamente. Quizá entonces tenía la mentalidad de titular, pero son cosas del trabajo.

–¿Y este Zaragoza, en qué se diferencia del de la pasada temporada?
–No ha cambiado mucho. Hay gente con mucha experiencia también y al final los resultados están siendo positivos y estamos siendo más regulares. Tenemos más los pies en la tierra que el año pasado, cuando perder un partido parecía el fin del mundo. El año pasado jugábamos muy bien aunque no marcábamos todas las que teníamos, pero todo se torció pronto.

–Demasiado pronto.
–No hay que meter mierda a nadie, pero cuando cambias dos veces de entrenador no es buena señal. Pero eso ya es pasado y salimos ilesos. Este año es distinto.

–¿El equipo está en un bache, algo más o algo menos?
–Yo al Zaragoza lo veo muy bien. No hay por qué preocuparse o alarmarse por tres empates y una derrota. Todos habríamos firmado este inicio de temporada. Vamos quintos y estamos en octubre. Hay que tener los pies en el suelo y estar tranquilos.

–Llegó la hostia en La Romareda de la que advirtió Eguaras…
–Y también nos la pegarán fuera. Y nosotros la pegaremos. Fútbol.

–¿Qué conclusión saca de todo lo que ha pasado?
–Ha sido bueno para mí, para aprender y me ha ayudado a saber que me va a tocar pasar por momentos difíciles y que estoy preparado para superarlos.

–¿Qué es el Zaragoza?
–Mi vida, mi casa, mi tierra, mi hogar. Me siento muy cómodo aquí.

–¿Y qué cree que es Pombo para el Zaragoza?
–Quizá una esperanza.