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LA OPINIÓN DE SERGIO PÉREZ

De Verdasca, Muñoz y Benito a Vigaray y Atienza

 

Vigaray celebra con la afición zaragocista el 0-3 de Alcorcón. - DANI SÁNCHEZ

SERGIO PÉREZ
09/09/2019

Después de un 0-3 fuera de casa, con un juego tan contundente como el propio marcador indica y con un gol de bandera al contragolpe para cerrar la tarde soñada, es difícil fijar la mirada en otro lugar que no sea el entusiasmo que una exhibición así provoca. Los ojos se van siempre a la vistosidad, al encanto de un taconazo, al pase medido al espacio, a las combinaciones rápidas, a lo que han hecho los atacantes, a las celebraciones… Es inevitable. Sin embargo, tras cuatro jornadas es obligado apuntar en la dirección contraria: el Real Zaragoza lleva solamente un gol encajado en el primer mes de competición, el que menos de toda la categoría junto al Almería. Hasta ahora, el promedio es magnífico: 0,25 por partido.

Seguramente, esa es la gran noticia de este esperanzador inicio de Liga. Al equipo de Víctor Fernández todavía tendrán que probarle rivales con más armas ofensivas que el Tenerife, la Ponferradina, el Elche y el Alcorcón, en situaciones de mucha más dificultad y contra delanteros de mayor empaque, pero en lo que ha jugado ha mostrado una progresión sensible con respecto a lo que ofrecía durante la temporada pasada. Al Zaragoza apenas le están haciendo peligro, y cuando se lo han hecho Cristian Álvarez ha vuelto a responder con el nivel sobresaliente con el que ha bien acostumbrado al respetable. Tampoco se han producido errores individuales gruesos, al estilo de los que eran habituales en los últimos tiempos y que obligaban a redoblar los esfuerzos, demasiadas veces de manera baldía.

Mucho tiene que ver esto con los nombres. La distancia entre Verdasca, Álex Muñoz o Benito y Vigaray y Atienza es apreciable. El lateral derecho es, hasta el momento, el fichaje del verano. Capaz de ofrecer un despliegue inhumano, es un hombre fuerte, resistente y competitivo en defensa y en ataque. El central hace mejores a sus compañeros, domina por arriba y juega con una serenidad sorprendente en una zona donde antes no había más que ataques de nervios. En sus figuras, como en la de Luis Suárez, se puede sintetizar el cambio drástico que ha sufrido el perfil del equipo este año. Para bien.