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LA CONTRACRÓNICA DE SANTIAGO VALERO

La vuelta al rombo

Víctor ordenó por primera vez desde su llegada al equipo en torno al anterior sistema de cabecera y el Zaragoza, con Kagawa como enlace, fue mejor en la primera parte, donde gobernó el partido

 

Kagawa y Soro, durante el partido. - CÉSAR SÁNCHEZ

S. VALERO
26/08/2019

«El rombo es trending topic en Zaragoza», dijo Luis Alcaraz en los primeros días de su breve y negra estancia en Zaragoza el curso pasado. Con él y antes con Imanol Idiakez y en la temporada anterior con Natxo González ese sistema táctico fue el de cabecera, tanto que el propio Idiakez reconoció en este diario meses después ese «intento de influenciar» por parte de la dirección deportiva de Lalo Arantegui con ese esquema. Por decirlo suavemente, claro está. El caso es que Víctor, que arribó a La Romareda a finales de año, en el último partido del 2018, borró de un plumazo esa herencia. El rombo pasó de ser un dogma a entrar en el baúl de los recuerdos. Hasta ayer, casi nueve meses después, cuando volvió.

Entendió Víctor al llegar que el Zaragoza no podía asumir por la configuración física de la plantilla ni sin tener a plenitud a jugadores como Eguaras o Guti ese dibujo. El criterio fue el adecuado y el Zaragoza se levantó mirando otros esquemas, otras formas de jugar. Sufriendo, pero ató la permanencia.

Esta temporada sigue sin estar la mejor versión de Eguaras pero Javi Ros ha comenzado el curso con fuerza para llevar ese rol, aunque en El Toralín fue de más a menos, y Guti es el de antaño en su despliegue. Con él y con James de escuderos del navarro y con Kagawa como la parte más adelantada de ese rombo para enlazar con Luis Suárez y Dwamena. Las armas son otras y el japonés es un futbolista con último pase y con calidad para ser determinante en ese puesto. El curso pasado no había un futbolista así. Este año sí lo hay.

Así que el Zaragoza se ordenó en ese rombo que funcionó en el primer acto, donde el equipo tuvo más el balón, sobre todo tras los instantes iniciales de asedio de la Ponferradina. El gobierno del partido fue zaragocista durante unos muy buenos 25 minutos, hasta el tramo final de ese primer acto, con una vaselina fallada por Kagawa con la jugada ya anulada por fuera de juego y un centro de Vigaray al que no llegó Dwamena, que disparó raso después a pase de Luis Suárez, como mejores opciones. Un tiro colocado de James fue la última ocasión en ese tramo de superioridad, donde los laterales, Vigaray y Nieto, fueron claves, porque el rombo también se sustenta en la fortaleza de ambos, ya que tienen mucho campo por delante.

Víctor mantuvo el dibujo al comienzo de la segunda mitad, donde el Zaragoza se adelantó, como ante el Tenerife, en una contra. Esta vez conducida por James a pase de Guti y sellada por Kagawa. El cambio de Soro por Dwamena disolvió el rombo, al juntar a Kagawa con el ejeano por detrás de Luis Suárez y después Víctor sacó del campo al japonés por Álex Blanco para que el Zaragoza se ordenara con un 4-1-4-1 con el extremo alicantino a pierna cambiada y Soro entrando por la izquierda.

Esos dos cambios de Víctor sentaron fatal al Zaragoza, que perdió el balón de forma definitiva y también el sitio para propiciar que la Ponferradina reaccionara, marcara el empate y hasta se tuviera que encomendar a Cristian para salvar el segundo gol local. En Ponferrada el mejor Zaragoza se vio con rombo, casi nueve meses después, señal de que el dibujo es válido, si tienes los jugadores para llevarlo a cabo. Y ahora Víctor los tiene.