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Los increíbles

El Huesca golea al Valladolid por pura sencillez y valentía y se agarra al milagro

 

Gallego salta por el balón con Fernando Calero en presencia de Herrera. - EFE / JAVIER BLASCO

SERGIO RUIZ ANTORÁN
02/02/2019

Lo insólito. Un delantero que marca goles. Un portero que para. Un centrocampista que pasa y se ofrece, pasa y se ofrece. Disfrutar una segunda parte pensando en la cena que te espera en casa o las cañas en la Milla de Oro y no en reservar cama en el Hospital San Jorge por la taquicardia. Ir ganando 4-0. Sí, ir ganando 4-0. Y ganar. Esas cositas tan raritas, y tan buenas, que tocaría Paco de Lucía, exquisitas y sublimes que ocurren en el fútbol. Esas que habían pasado de largo este año por esta provincia. Como el invierno. Hasta esta semana de nieves. Hasta una afición que anima, que se anima con el «sí se puede», que termina haciendo la ola y despidiendo a su equipo orgullosa. Increíble. Esa extraordinaria normalidad se presentó ayer por el Alcoraz en una victoria clara y deseada, una goleada de pura sencillez y convencimiento de que la permanencia está lejos, hoy a ocho puntos, quizá sea poco probable, pero se va a luchar con el ADN de un club que no rebla.

El Huesca fue ayer un obrero raso. Se dejó de acciones de puntilla fina y prefirió encasquetarse bien el traje de faena, ensuciarse por el oro. Luchando todo, hasta la vida, jugando de forma directa, sin bisuterías baratas, engendró una victoria tranquila, sin que mediasen sustos ni errores que le condenasen como en otras noches y encadenando su segundo partido seguido sin encajar goles. ¡Aleluya! Y cerrando tres partidos sin anotar. ¡Aleluya! En cuatro acciones de pim, pam, pum se plantó con una victoria repleta de alegría.

La apuesta por los cinco defensas de Anoeta continuó con el implante del debutante Javi Galán en la izquierda y una filosofía más guerrillera con Enric Gallego hecho Curro Jiménez. La serie se fue tiñendo al blanco y negro de ataque minimalista, de plena tradición vasca, donde un delantero de origen catalán de pronto te despeja un balón en área propia que se lanza a por remate en la otra. Increíble.

NUEVA VERSIÓN

 En una de esas a Enric le dio por ir a muerte tras una cesión de cabeza del mejorado Cucho, meter una puntera dura en su pugna con el central, ganar un envite por bajo y encarar con la pelota a Masip. La secuencia continuó con unos segundos interminables de angustia por el desenlace de un uno contra uno tantas veces amargo, de recuerdo de disparos al muñeco, pero este chico que fue camionero no ha venido a Primera a ser un burgués de pelito a la última moda de Milán. Derechazo y para dentro. Y a celebrar. Tan sencillo como complicado.

Tan guapetón se vio el Huesca en esta versión de patadón que se acomodó a ella. Buscando ese balón aéreo, ese error de los centrales, esa contra traicionera, fue cediendo espacios y el control de la pelota para un Valladolid que no parecía tener muy claro qué hacer. En ese pulso de espera y de desesperación se fue construyendo un partido feo en estética y bello en ejecución. El único fallo de Santamaría, que casi remata en propia puerta Etxeita, y un gol anulado por fuera de juego a Óscar Plano con 3-0 fueron las únicas ráfagas de peligro de un Valladolid desmejorado y que, de paso, perdió el golaverage particular con los oscenses. Quién sabe.

La segunda parte esta vez no fue un calvario, porque en dos acciones se sentenció. Primero un córner que ejecutó con un cabezazo a la escuadra Pulido y después una maraña de rebotes entre las piernas que cayeron en un Moi Gómez con el trabuco preparado para el fusilamiento. El 3-0 en un visto y no visto, un resultado maravilloso, se iluminaba en la noche oscense como una señal de supervivencia.

Al Huesca no le dio esta vez por especular. La grada y el equipo querían más. Con una línea defensiva que no dejaba huecos para el miedo, con un Insua portentoso y un Roberto Santamaría seguro, el Valladolid siguió sin inquietar ante un rival fortalecido en su autoestima por el resultado. Esta premisa, inexistente hasta ahora, se complementa con un centro del campo más equilibrado, con las bandas cubiertas por los falsos laterales, un Rivera que mejora en prestaciones a Musto y un Yángel Herrera con creación y llegada, aunque falto de fondo. A ese dibujo se deberán acoplar Juampi y Dieguez, los fichajes de invierno del club azulgrana. Hay esperanza.

La puntilla, en otra acción sencilla, tras otro error, otra recuperación, la firmó Chimy Ávila, recién salido al campo, sentenciando un pase del debutante Javi Galán solo ante un Masip batido y abatido. El argentino no marcaba desde la segunda jornada de Liga. Cómo lo celebró el Comandante. Desde ahí al final todo fueron celebraciones, cánticos alegóricos hacia la permanencia y un éxtasis que es solo momentáneo. Esto cambia mucho y cambia poco. Qué importa. Disfrutemos del momento.

Huesca, 4: Santamaría, Miramón, Etxeita, Insua, Javi Galán; Rivera, Yángel Herrera (Musto, m.71), Moi ; Cucho (Chimy Ávila, m. 76) y Enric Gallego (Ferreiro, m. 88).

Valladolid, 0: Masip; Antoñito, Olivas (Anuar, m. 82), Calero, Nacho; Keko Gontan (Hervias, m.63), Rubén Alcaraz, Borja, Toni (Unal, m.53); Óscar Plano y Sergi Guardiola.

Goles: 1-0, m.18, Enric Gallego. 2-0, m.49, Pulido. 3-0, m.53, Moi Gómez. 4-0, m. 77, Chimy Ávila.

Árbitro: Munuera Montero, andaluz.

Tarjetas: Amonestó a los locales Cucho, Pablo Insua, Jorge Pulido, Musto y Moi Gómez y a los visitantes Anuar y Calero.

Incidencias: 7.100 aficionados en El Alcoraz Antes del partido se guardó un minuto de silencio en memoria de Angelines Arnal, madre del expresidente Fernando Losfablos.