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Viernes Santo / En primera persona

Un sepulcro que cada año marca huella

 

Un hermano adora los pies del Cristo. - CHUS MARCHADO / EDU NAVARRO

Las Esclavas hacen parada ante él. - CHUS MARCHADO / EDU NAVARRO

LUIS M. GABÁS
19/04/2019

Hace nueve años que la Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza, con siete siglos de historia a sus espaldas, recuperó la tradición de representar el sepulcro el Sábado Santo. Uno de los mayores secretos de La Pasión zaragozana y que se gestó de la mano de Ernesto Millán, anterior hermano mayor, y de Luis Segura, vocal de Semana Santa de esta hermandad, que es la encargada de organizar la procesión del Santo Entierro, considerado el Vía Crucis escultórico de mayores dimensiones de toda España.

Segura cumple este año 22 años como hermano de la Sangre de Cristo que compagina, tal y como reconoce, con la cofradía de La Entrada, conocida popularmente como la de la burriquita, donde entró cuando era muy pequeño por su relación con el colegio de los maristas donde estudió. Reconoce que representar el santo sepulcro «es una labor complicada», especialmente porque todos años se representa «de una forma diferente». Una labor en la que le ayudan otros dos personajes de la Semana Santa zaragozana, el restaurador Francho Almau, y el joyero y experto en indumentaria histórica y religiosa, Fernando Ortíz de Lanzagorta. «He llegado a estar en la playa y venirme a la cabeza una idea que se la he trasladado a mis compañeros y que al año siguiente se ha plasmado», destaca Segura, quien no puede evitar sonreír, mientras reconoce que su esposa alguna vez le ha preguntado si ya estaba pensando en eso.

No lo puede evitar y lo demuestra con su actitud mientras explica, con orgullo, cómo es la organización de este sepulcro que cada año sorprende a visitantes y zaragozanos y que es una cita obligada en la agenda cofrade en un día considerado por muchos como valle, puesto que está entre el Viernes Santo y su kilométrica procesión por las calles de Zaragoza y el Domingo de Resurrección cuando las mantillas blancas y las jotas llenan la plaza del Pilar para celebrar el triunfo sobre la muerte. El año pasado sorprendió con una representación en la que había hasta una talla del imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci, perteneciente a una colección privada que lo cedió.

Los dos protagonistas que cada año repiten son el Señor de La Cama (del siglo XV), titular de La Sangre de Cristo, y la dolorosa de talla completa realizada en 1856 por Antonio Palao que procesionaba la cofradía de los Dolores hasta que introdujo la realizada por Manuel José Calero Arquellada en 1949. Ambas se diferencian porque la de Palao no llora, una concepción muy diferente de las dolorosas representadas en la actualidad.

Segura no quiere adelantar cuál será el montaje de este año, si bien no habrá espacio para las improvisaciones. No obstante, sí sugiere que en el 2020 se cumplirán diez años de la recuperación de esta tradición y que su idea es «realizarla en medio de la iglesia y no frente al altar, tal y como se realiza en la actualidad».

Reconoce que materializar este proyecto «siempre produce respeto y nervios», ya que lo realizan en un tiempo récord. «Es nuestra madrugá», señala Segura, quien afirma que comienza a montarlo cuando finaliza la procesión de la Virgen de la Soledad por el casco histórico de la capital aragonesa, tras poner fin al Santo Entierro.

Trabajan rodeados de decenas de pasos que horas antes han procesionado por las calles de la ciudad. Lo hacen en silencio, también en soledad y con las puertas de la iglesia cerradas a cal y canto. No se abren hasta la mañana siguiente, sobre las 7.30 horas, cuando varias hermandades se acercan a este templo para recoger sus imágenes y trasladarlas a sus sedes canónicas.

Otras, como las de La Piedad, Las Siete Palabras, La Entrada, La Dolorosa, el Descendimiento, la virgen del Consuelo perteneciente a La Resurrección o la de la Confrontación de La Oración en el Huerto se quedan ahí como gesto de adoración al Cristo de la Cama, que llegó a sobrevivir a la guerra de Los Sitios.

A lo largo del día le acompañan turnos de vela formados por cofrades de cada una de las 25 cofradías presentes en Zaragoza y que, tras presentarle sus respetos, se arrodillan frente a la imagen y le rinden culto. De esta forma se recupera también la tradición antigua que realizaba la cofradía de Las Esclavas que hacía esta adoración durante toda la madrugada con las puertas de la iglesia cerradas.

Ahora también están presentes y de forma especial, ya que su procesión, que parte del templo de San Pablo llega a entrar con su paso mariano realizado por Carlos Palao al interior de Santa Isabel de Portugal, vulgo San Cayetano. La tradición regresa con fuerza.