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semana santa

El ‘tetris’ de los pasos en San Cayetano

 

Jesús García Belenguer y Luis Segura miran la carpeta que marca todos los movimientos. - CHUS MARCHADOR

IGNACIO MARTÍN
17/04/2019

Para todo el mundo es San Cayetano, la iglesia, también la plaza, aunque ninguna de las dos responda a ese nombre en la actualidad. Es la plaza del Justicia. Es desde hace tres siglos largos la Iglesia de Santa Isabel de Portugal, infanta nacida en el Palacio de La Aljafería, hija de Pedro III El Grande, que primero fue Isabel de Aragón y Sicilia, luego reina de Portugal, y que hoy da nombre al templo que concentra, casi monopoliza, la Semana Santa zaragozana. Los números lo resumen fácil: durante estos días de pasión entran en San Cayetano 41 pasos distribuidos en 25 procesiones. Además, salen 21 de 10 cofradías.

Son los días de mayor tráfico. Durante el Santo Entierro del viernes son 24 las cofradías que parten de su interior y 19 las que vuelven. En Jueves Santo, al cierre de la iglesia quedan 25 pasos dentro, el máximo que caben entre las naves y las columnas de este corazón de fe. No entran de cualquier manera, claro está. Todo tiene su orden, bien estudiado, plasmado en las 50 metódicas páginas de una carpeta llena de gráficos que explican las claves de este rompecabezas de vírgenes y cristos. El tetris de San Cayetano lo llaman, por donde pasan todos menos tres: La Humildad, El Silencio y El Despojado.

Luis Segura lleva en la Sangre de Cristo 22 años. Mucho antes, marista él, entró en la cofradía de La Entrada de Jesús en Jerusalén. Es el vocal de Semana Santa de esta hermandad, encargado de todos los actos que se amontonan estos días, de la relación con las cofradías también. «Llevamos muchos años con San Cayetano repleto. Un hermano ya fallecido, Domingo Figueras, fue el primero que cogió un plano de la iglesia y comenzó a discurrir cómo se podían colocar los pasos de una manera que fuera la más práctica a la hora de entrar y salir procesiones. Después, a nivel informático lo cogió Jesús García Belenguer y, por último, yo».

«Hay algunos pasos que van muy justos. A los tres que van colocados entre las columnas de las naves laterales les queda solo un espacio de 5 centímetros. Todo el proceso está estudiado para que haya la menor circulación posible. Aun así, hay que hacer muchísimos movimientos. Por eso hicimos el diseño, la carpeta en la que aparecen por días y en orden todas las entradas y salidas de las diferentes cofradías, con las correspondientes flechas y todo bien indicado», explica Segura, que admite que el momento más complejo llega «el Jueves Santo por la noche, cuando se ocupa todo el espacio de la iglesia».

Desde esa mañana de jueves hasta el Sábado de Gloria, la iglesia permanece abierta al público, que se arremolina desde una hora bien temprana para acceder a la espectacular reunión de pasos de la semana de pasión zaragozana. Cuando la iglesia se cierra, no obstante, sigue habiendo movimientos. «Por deferencia, dejamos que cada cofradía lleve sus pasos hasta el sitio indicado. Normalmente llegan excitados, con la emoción del cierre». Es entusiasmo, es agitación, nerviosismo que a veces explota. «Hay pasos más grandes como el de La Entrada, que lleva unos angelotes laterales que se quedan a dos dedos del canto de piedra de la entrada, que tienen más riesgo. Ha habido algún año que se les ha ido un poco la guía y les han biselado la nariz», explica Segura, que admite que los accidentes no son algo tan extraño. «Haciendo maniobras es fácil chocarse contra una columna u otro paso». Pese a los golpes, pese a los nervios, «la relación es buena» con todas las cofradías.

¿Y cuál es el paso que más gusta, ese donde más tiempo se detiene el público? Lo explica Jesús García Belenguer: «A la gente le impresiona mucho el Cristo de la cama. Hay quien incluso no se acerca, que le da miedo. En general, el turista no ha visto nunca un cristo en la cama así, tal como está, tapado con la colcha. Llama mucho la atención también la expresión que tiene», explica horas antes de que empiece un año más el juego del tetris... si el cielo quiere esperar.