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Jueves Santo / En primera persona

Tocar, tocar bien, tocar bien en la calle

 

La Pasión// Chavi Luesma, en su local, por donde también desfila la Semana Santa. - ANGELDE CASTRO

En la calle// El delegado de instrumentos de La Columna, con su bombo y su maza. - ÁNGEL DE CASTRO

Ignacio Martín Ignacio Martín
18/04/2019

Quizá sea el personaje más reconocible de la Semana Santa zaragozana. Podría serlo como miembro de la asociación cultural Rotonda Cesaraugusta; como orgulloso galardonado del premio Tercerol; como socio honorario de Dominum Nostrum; como cofrade activo, cómplice y solidario de cualquier actividad que suene a bombo, a tambor, que huela a incienso, a vela, que encierre misterio o verdad. Lo es sobre todo –reconocido, se entiende– por sus más de dos decenios al frente de La Pasión, el centro neurálgico del ocio cofrade en estos días procesionales, ese lugar que entrelaza a los hermanos de las diferentes cofradías para contar mil batallas, de hoy y de ayer. En muchas ha estado Chavi Luesma, el vocal delegado de instrumentos de Jesús Atado a la Columna, que aquí explica algunas de las claves del sonido en la calle.

«Hay muchas cosas complicadas. Para empezar, coordinar los 30 días de ensayos. De cara a la procesión hay más. El año pasado salimos 474 instrumentos a la calle, más de 700 en total. En La Columna lo dividimos en tres: piquete y corneta, que van con el paso a hombros, y después dos grupos de unas 220 personas. Soy el responsable de todas estas partes, pero en procesión es imposible hacerlo», cuenta el cofrade, que cree firmemente en el arte de delegar: «Haces una formación en la que el sonido esté repartido, con una primera fila que está acostumbrada a andar, es decir, no correr y frenar; un grupo de padres que están alrededor de los niños; un sanitario y un baquetero que lleva vendas, esparadrapo… Y luego, además, hay un cetro dedicado solo a cada sección».

Cada cofradía elige el sonido a su manera, en función del gusto, del número, del momento. «El sonido siempre lo centramos de delante hacia atrás. La parte central de la procesión es la más importante, pero donde se lleva el ritmo de la procesión es delante. Nunca se equivoca el de delante, siempre los demás, que son los que deben seguir al primero. En otros tiempos no era así, pero hoy en día la obediencia es absoluta», explica Chavi, que encuentra en este punto una de las claves de la armonía en la calle: «El truco de una buena formación es que vengan a los ensayos y vayan cogiendo experiencia. No es lo mismo tocar bien que tocar bien en procesión. Puedes ser peor bombo o tambor, pero saber llevar el ritmo y ser muy disciplinado en procesión. Esa persona te vale mucho más que alguien que sea un virtuoso pero que te puede volver loco en procesión».

La Real, Pontificia, Antiquísima, Ilustre y Penitencial Hermandad y Cofradía del Señor Atado a la Columna y de Nuestra Señora de la Fraternidad en el Mayor Dolor cruza en Jueves Santo la puerta de Santiago el Mayor para atravesar con estruendo la madrugada zaragozana. «Nuestra salida es arriesgada. La sección primera se pone en la carretera detrás de los setos; y la segunda, a los lados de la puerta de la iglesia. Juntos tocamos los redobles a la virgen y al paso titular. Es la única vez que tocamos con público en medio, simplemente viéndonos unos poquicos. Yo aquí lo tengo claro: cofradía disciplinada, cofradía que toca bien en la calle. También es verdad que el tema de los pinganillos ha ayudado, que las cosas son más fáciles en ese sentido».

Orden, disciplina, experiencia. Son palabras que se van repitiendo en el relato del cofrade de La Columna. «En las esquinas tocamos por espejos. Hay responsables cada diez o doce filas y estos se van viendo para no perder la marcha, para tratar de evitar los errores. La gente que mejor toca tiene sus puestos clave en la procesión, lógicamente. Es gente que ha participado en el concurso, que ha evolucionado...».

Siempre llegan esos momentos en que el sonido se escapa por los callejones, se atasca en una esquina o queda atrapado en el murmullo circundante. «Cuando se va una marcha, intentas sujetarla. A veces puedes, otras no. Si ves que no puedes, cortas rápidamente y empiezas otra. Te puede pasar de todo en una procesión, pero estamos preparados», explica Chavi, acostumbrado a manejar el sonido en toda la longitud de su cofradía. «Durante el recorrido, en La Columna cada responsable de sección tiene libertad de tocar las marchas que quiera. Tocamos las mismas, pero no al mismo tiempo. Cada uno elige y las toca donde quiere. Hay que tener en cuenta que nuestras dos partes de instrumentos están completamente separadas. Y no solo se trata de aprender las marchas y tocarlas, sino de aprender qué tocar, dónde y cómo».

Queda la calle, el público que saborea metro a metro la procesión: los atributos que dan sentido a la vida de cada cofradía, las imágenes, el camino de luz que forman los cofrades con hacha, los pasos... Decenas de detalles rodeados por el sonido, a veces sordo, otras en estruendo. «Hay gente que se santigua, otros que incluso se arrodillan», dice Chavi, que matiza: «El público de Zaragoza es muy respetuoso. Guarda silencio, admira lo que se hace y pocas veces se sale de tiesto. Tal y como está el tema religioso hoy en día, hay que agradecerlo», admite en su cierre.