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DESASTRE ECOLÓGICO

Gran Canaria: cuando el fuego roza acaricia

Vecinos de la zona afectada por el incendio explican cómo viven agazapados en sus hogares

 

Varias personas afectadas por el incendio reponen fuerzas, este lunes en Gáldar. - TONY HERNÁNDEZ

JUANJO JIMÉNEZ
19/08/2019

De siempre existe un hecho que de antiguo fue peor. Un cólera, un viento, una tormenta, un volcán..., porque hasta los eclipses los hay que resultan unos más negros que los otros.

Pero del infierno desatado en Gran Canaria el sábado a las cuatro menos cuarto de la tarde no existe memoria viva que lo referencie, ni siquiera a unos pocos cientos de metros lineales del foco que dio mecha al suceso.

Dos vicentes, Vicente a secas, de 72 años, y Vicente Montesdeoca, de 63, están sentados en la acera de sombra del lugar que llaman El Terrero, que se encuentra a mitad de cuesta entre el pueblo de Valleseco y el pago de Lanzarote. Están de perfil al fuego. Cuando se les observa se eleva sobre sus cabezas lo que a veces se revela como un monstruo de humo que parece inquietantemente cerca. Son las once y media de la mañana.

Vicente a secas, apagado el ánimo para regalar sus apellidos, intenta reportar algo parecido. Pero no le sale. "Siempre ha habido algo en los 72 años que tengo", aunque no de ese formato.

"NEVAR, SÍ"

El mayor fenómeno que ha llegado a esa cota del mundo, es la nieve. "Nevar sí", informa Montesdeoca, quizá para dar cuenta de que hasta la fecha es la extravagancia más extraordinaria del muy tranquilo Lanzarote.

Habría que remontarse pues al origen de los tiempos, cuando la lava le dio forma a Gran Canaria. Y fuegos así, de madera y maleza que emergen en dantescos hongos de llamas cada vez que el pinar expira, fueron imposibles porque jamás se le dio esa oportunidad de combustible.

"ANTES TODO QUEDABA LIMPIO"

Sigue Montesdeoca. Antes subíamos a Cueva Corcho a buscar helechas y allí no había ni pinochas. Todo quedaba limpio y todo se usaba. Por eso habían hasta nacientes, y las personas vivían de aquello. Pero esto no es más que lo que el campo te dice cuando se siente abandonado por una gente nueva que siempre va vestida de limpio.

A lo lejos se oye el zumbar del hidroavión. Que viene. Cuando tira el agua es tanta la calor del monte y el vapor del sol que antes de tocar los pinos las aguas se consumen.

Y no va muy equivocado Vicente Montesdeoca a la vista de la fisión de unas temperaturas que dan la impresión de licuarlo todo, de derretir casas y lomas en una única sustancia. El vecindario está visiblemente cansado. Otro señor de apellido Montesdeoca, José Manuel García Montesdeoca, mudó de su casa a las diez de la noche del sábado.

Fue a esa hora que desalojaron el lugar. Lo que había sido una humacera desde las cuatro de la tarde, se convirtió de forma súbita en un diablo naranja, más naranja en cuanto más entraba lo negro de la noche. "En un momento apalambró y hay que darle las gracias a dios que refrescaron Lanzarote, que si no, malas y mayores".

DORMIR CON UN OJO ABIERTO

José Manuel, como cuando las guerras, hambrunas y pestes se refugió en el cercano Zumacal, en casa de unos amigos, explica mientras le da un manguerazo a la coqueta entrada de su vivienda, empapando macetas y parterres, refrescándole el susto a los matos. "Dormí con un ojo abierto y el otro cerrado".

Durante la mañana de ayer domingo se hacía vida de azotea. Subidos a lo alto para vigilar el progreso. Incluso hubo quién pasó la noche en lo alto de la casa para observar con asombro cómo lo quemado ardía nuevamente sobre lo quemado.

José Manuel Rodríguez estaba en el sur, cuando lo llamaron desde Ingenio, para avisarle del drama de Valleseco.

Gracias a esta triangulación arrambló con sus bártulos a defender la vivienda. También él se quedó en la azotea hasta la cuatro de la mañana, entre sueños de campos quemados, y con las mangueras en vela, como muchos de sus compadres, mojando techos, paredes y puertas. Y apuntando también con ellas a los solares abandonados, "de gente que ni es de aquí", y que vistos con la perspectiva del momento con esa maleza y hierba reseca, se convierten en una tétrica mala broma.

Superada la cuesta se encuentra una calle principal de Lanzarote en estado de catástrofe, de toque de queda, que es cuando la vida se cierra entre paredes.

CUBAS, MUCHAS CUBAS

Todos los vehículos, aparcados o en tránsito, son de formato emergencia y militar. Los hay de todos los colores, los rojos de la Unidad Militar de Emergencias, los amarillos del Consorcio Insular y también blancos de Protección Civil. Allí muy grandes, de verde camuflaje, del Ejército. Azules y blancos, algunos de la Policía Local de la capital. Y cubas, muchas cubas. Una lleva un rótulo que pone Teror. Son las doce y diez minutos.

Mucho más abajo, en la calle Perojo de Valleseco, comienza a agolparse la gente contra las paredes de las casas. Esa vía, que tiene en su haber ser parte de la GC-21, cerrada a cal y canto con vallas, discos de prohibido el paso, y efectivos que indican que mejor regresar de vuelta para regresar con vida, tiene una visión libre hacia lo alto. La tensión va en aumento.

A esas horas, los tweets de tierra adentro, que también los hay, comienzan a ofrecer hospedaje a los ganaderos, como el que firmaba Bentehui: "Aviso ganaderos que deseen trasladar a su ganado a un lugar seguro, zona de deFirgas a ver qué me dicen para preparar las instalaciones con bebederos.

Además de llegar imágenes nada tranquilizadoras, como las que se saltaban sobre Rincón de Tejeda, con las brasas besando el pago por debajo, ahumando el albeo de las casonas de techos a dos aguas.

Todo ello después de una mañana en la que se habían iniciado los desalojos de los barrios en Fontanales, Hoya del Cavadero, Monte Pavón, Lugarejos, Presa los Pérez, El Hornillo de Agaete, Las Hoyas, Barranco Hondo de Abajo, entre otros muchos, todos similares en forma, tamaño y lugar al del propio Lanzarote.

Cuando se alcanza el cruce de los lavaderos, allí donde parten los caminos hacia Cueva Corcho, por arriba, y a Madrelagua por debajo, se abre la puerta del infierno. Enfrente, un núcleo denso de pinos que actúan como una única antorcha.

En ese momento solo estaba en el aire un único hidroavión, que el segundo llegaría por la tarde, pero de entre toda la isla ardiendo era allí donde lanzaba sus descargas. Y con él, otro buen número de helicópteros, incluido esa especie de tractor con palas llamado Kamov.

LA UME LLEGA EN GUAGUAS

Los efectivos de la UME no llegan en camionetas, se vienen en guaguas completas, mientras un coordinador trata de organizar otra flota de cubas para mantener llenos los depósitos que abastecen a los helicópteros.

Pero es tal el fuego, que los aparatos parecen mosquitos. Y además se abre otro frente por la derecha para estrangular el pago. Una bola roja gigante emerge del volcán abierto por los pinos. Son las 13.27 minutos.

Suenan los altavoces, como en los ataques aéreos de las guerras mundiales: Atención, atención. Les habla Protección Civil. Desalojen con calma y cojan lo estrictamente necesario.