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SEIS ACCIONES ESTRATÉGICAS

La OMS lanza una ofensiva para erradicar las grasas trans

El organismo aboga por legislar para prohibir los ácidos grasos industriales. Bollería y patatas fritas incrementan el riesgo de enfermedad cardiovascular

 

Un médico examina a un paciente obeso en su consulta de Saint-Jean-d’Angély, en Francia. - RÉGIS DUVIGNAU / REUTERS

BEATRIZ PÉREZ
15/05/2018

La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó ayer la iniciativa Replace para intentar eliminar de la cadena alimentaria las grasas trans, que están producidas industrialmente y cuyo consumo es una de las principales causas de las enfermedades cardiovasculares. Las trans aparecen cuando el aceite líquido se transforma en una grasa sólida a través de un proceso de hidrogenación que tiene por objetivo cambiar la textura y dar así más consistencia al alimento.

La mayoría de las grasas trans de nuestra alimentación provienen de alimentos procesados preparados con aceites vegetales parcialmente hidrogenados. Algunos ejemplos son la bollería, las patatas fritas, los snacks y las margarinas. La OMS pretende ahora que los estados se comprometan a eliminar estas grasas.

Así, la iniciativa Replace presenta seis acciones estratégicas para poder pasar de una cadena alimentaria con gran cantidad de grasas trans a una en que no existan. Estas acciones son revisar la situación nacional; promover el reemplazo por otras fuentes de grasas más sanas; legislar para prohibir las grasas trans; evaluar el contenido en la cadena alimentaria y los cambios de hábitos en la población; crear conciencia entre la población y los industriales sobre sus efectos perniciosos, e implementar la nueva legislación.

MÁS COLESTEROL

Como explica José Juan Rodríguez, profesor de nutrición y ciencia de los alimentos de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), las grasas trans son «primas hermanas» de las grasas saturadas. «Las grasas saturadas, al ser duras, necesitan más colesterol para transportarse a través de la sangre. Por eso, si consumimos muchas grasas saturadas, nuestro colesterol aumenta». Un ejemplo de grasas saturadas son la mantequilla, el chocolate o el coco.

La principal diferencia con las grasas trans es que estas últimas son más blandas. «Las trans son más fáciles de untar porque son más fluidas. Por ejemplo, la margarina», cuenta Rodríguez. En los últimos años, con el objetivo de incrementar el consumo de vegetales, mucha gente cambió las mantequillas por las margarinas, que sin embargo también aumentan el colesterol.

«En sí mismas, las grasas trans no son malas para la salud. Todo depende de la cantidad que se consuma y del ejercicio físico que se haga», matiza el profesor de la UAB. «Estas grasas no son el problema, sino una parte del problema. Si las elimináramos del mercado, no por ello desaparecerían las enfermedades cardiovasculares». Según la OMS, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo.

Por eso Rodríguez opta por regular estas grasas, pero no por prohibirlas. Una buena medida sería que las etiquetas de los productos informaran de la cantidad de grasas trans que contienen y que fuera el consumidor quien decidiera. Otra, llegar a acuerdos con empresas. E insiste en matizar que no son las grasas trans por sí solas las que matan a las personas: «Una mala dieta y la falta de ejercicio físico son las principales responsables de las enfermedades cardiovasculares». La OMS incide en que varios países ricos ya han eliminado total o parcialmente (poniendo límites a la cantidad permitida) las grasas trans, siguiendo el ejemplo de Dinamarca, el primero en hacerlo.

El objetivo es que estos cambios se implementen también en los países de bajos y medianos ingresos y donde los controles son más débiles.