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Las brechas legislativas de las apuestas en España

La regulación del juego tiene al menos tres agujeros negros

No impide que los niños hagan apuestas deportivas a través de los videojuegos. Otras lagunas son la publicidad agresiva y el veto a los competidores profesionales

 

Una de las casi 400 casas de apuestas que hay en Madrid. - JOSÉ LUIS ROCA

PATRICIA MARTÍN
21/01/2019

La legislación del juego, que ha permitido que las casas de apuestas se hayan multiplicado y que proliferen anuncios tan controvertidos y criticados como el de Carlos Sobera donde se repite de forma machacona «apuesta, apuesta, apuesta», tiene al menos tres agujeros negros: no se ha aprobado el reglamento destinado a limitar la publicidad, no impide el acceso de los menores a ciertos tipos de juegos adictivos y favorece que los operadores veten a los jugadores que ganan de forma masiva.

La denominada ley de regulación del juego se aprobó en el 2011 y en aquel momento se permitió a los operadores on line, que hasta entonces no estaban regulados, publicitarse para que pudieran competir y comer terreno a las páginas que operaban desde fuera de España. Pero con el paso de los años todos los actores coinciden en que conviene poner límites, dado que el juego es una actividad que puede dañar la salud si se llega a la adicción.

Según la macroencuesta Edades 2017-2018, el 3,5% de la población, 1,6 millones de personas, han jugado en el último año, ocho puntos más que en el periodo anterior, el 2015-2016. En este contexto de crecimiento, el Gobierno del PP elaboró dos borradores para limitar la publicidad y el Ejecutivo actual también está en ello, perfilando un real decreto. De hecho, Pedro Sánchez se comprometió con Podemos, en el pacto presupuestario, a regular los anuncios de forma similar a los del tabaco, a prohibirlos en horario infantil y acontecimientos deportivos y a impedir que los protagonicen famosos.

Más peliagudo es el asunto de los menores. La ley prohíbe tajantemente su acceso, pero «se incumple» en diversas situaciones, según denuncian expertos como Juan Lamas, director técnico de Federación de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fejar). Como ejemplo, un reciente estudio de la OCU destapó, supuestamente con casos reales, la facilidad de acceso de los adolescentes a algunos locales de apuestas. Sin embargo, el sector niega categóricamente que se permita a los niños jugar y apunta que el problema está en el gambling no regulado, esos videojuegos o aplicaciones en móviles y redes sociales donde el acceso es libre, pese a que se puede gastar dinero a fondo perdido y hacer apuestas, y que también son adictivos. No están bajo el paraguas legal porque en muchas ocasiones no se usa dinero en metálico, sino objetos que los jugadores consiguen y que después venden por dinero real a otros usuarios. Pero la facturación sí que es contante y sonante. En el 2017, el juego on line reglado ganó unos 560 millones de euros, y el de los videojuegos por internet, 474 millones.

Según Cejuego, asociación de empresas del juego presencial, y Jdigital, que aglutina a la industria on line, habría que regular este tipo de entretenimientos igual que sucedió en el 2011 con el juego on line si se quiere impedir el acceso a menores.

Por último, está el asunto de los jugadores que ganan grandes cantidades y quieren hacer de las apuestas su profesión. Según Alex Barberá, consultor legal y especialista en la materia, las casas de apuestas on line «banean a los jugadores por el simple hecho de ganar, algo que va en contra de toda lógica». Miguel Figueres, un ingeniero y profesor universitario que ha desarrollado un método que predice la probabilidad de un resultado, es uno de los perjudicados. Relata que en un año apostó 400 euros y ganó 8.000 y que, desde entonces, está vetado en casi todos los casinos on line. También denuncia que las casas de apuestas cambian la cuota (el dinero que pagan si se gana) antes del abono.

A este respecto, el director general de Cejuego, Alejandro Landaluce, aduce que las casas de apuestas son «como compañías de seguros, que calculan su riesgo para ver qué apuestas aceptan y qué no», y que es completamente «legal» cambiar la cuota puesto que «los riesgos van cambiando» según las circunstancias.