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LOS EFECTOS EN LA SALUD

Los riesgos del frío artificial

La sequedad de la refrigeración afecta a los bronquios y causa rinitis, faringitis y asma

 

ANGELS GALLARDO
30/07/2017

Los sistemas que acondicionan el aire para reducir la temperatura ambiental en verano son estructuras complejas que obligan a los bronquios y a la laringe a una continua adaptación para que el flujo que llegue al interior de los pulmones no difiera en exceso de los 35 a 37 grados en que se mantiene el cuerpo humano.

La adaptación a ambientes que difieren en exceso de esa temperatura puede no ser perfecta y propiciar una rinitis que cause un goteo nasal imparable, una faringitis que dure todo el verano, una contractura cervical o un resfriado inducido por alguno de los virus respiratorios ubicuos en el aire, advierte el neumólogo Xavier Muñoz, adscrito al Hospital del Vall d’Hebron.

El aire refrigerado es, además, demasiado seco, y también exige que el cuerpo lo module. «El oxígeno que contiene el aire acondicionado, de extrema sequedad, quema los conductos respiratorios –afirma Muñoz–. Las células bronquiales mantienen un esfuerzo constante para humidificar el aire que les llega, hasta adaptarlo a una temperatura fisiológica para el individuo».

Es fácil comprobar las consecuencias del oxígeno en cualquier elemento vivo, añade el neumólogo: basta observar qué ocurre con una naranja que se parte y se deja al aire. «En un par de horas, el oxígeno la convierte en un fruto arrugado y envejecido –dice–. El organismo humano ha de soslayar todos esos contrastes: el cuerpo es el que en realidad hace de acondicionador del aire exterior», concluye Muñoz.

Los filtros de las torres de refrigeración de los grandes edificios y los de los sistemas de aireación eléctrica de los domicilios, deben permanecer limpios, advierten los especialistas. Esos filtros, y los compresores de los aparatos domésticos que generan calor y condensan la humedad, favorecen que aniden y crezcan microorganismos que habitualmente están en el ambiente, como la bacteria legionela o los hongos, uno de ellos el aspergillus. Estos proliferan en ambientes que el aire acondicionado mantiene a 16 o 18 grados.