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ADIÓS A UN INOLVIDABLE CREADOR

Chicho genio fantástico

Ayer falleció a los 83 años uno de los grandes maestros de la televisión española

 

Cartel de una de sus películas. - AGUSTÍN CATALÁN

Chicho Ibáñez Serrador, con la famosa calabaza del programa ‘Un, dos, tres... responda otra vez’. - AGUSTÍN CATALÁN

QUIM CASAS
08/06/2019

Fallecido ayer en Madrid a los 83 años, Narciso Ibáñez Serrador (Montevideo, 1935) ha escrito algunas de las páginas más inquietantes del audiovisual fantástico español cuando el género era mucho más minoritario. Lo hizo en la televisión con Historias para no dormir y en el cine con solo dos películas, La residencia y ¿Quien puede matar a un niño?.

Conocido popularmente como Chicho, fue un verdadero francotirador en uno y otro medio. Directores españoles que hoy practican el cine de terror con total normalidad, como J. A. Bayona, Jaume Balagueró, Álex de la Iglesia, Nacho Vigalondo, Alejandro Amenábar, Rodrigo Cortés, Juan Carlos Fresnadillo y Paco Plaza, fueron los encargados de escenificar el pasado mes de febrero, durante la celebración de los premios Goya, la entrega del Goya de Honor a Chicho, saldando así parte de la deuda que habían contraído con él. Estaba muy enfermo y no pudo asistir a la ceremonia.

Poco caso le hizo la crítica y un poco más el público. Eso en España. Entre los seguidores franceses e italianos del fantástico, era un nombre muy cotizado. En cuanto al público televisivo, ese es otro cantar. Dio en la diana con el programa-concurso más célebre de Televisión Española, Un, dos, tres... responda otra vez, que se prolongó, en diversas etapas, desde 1972 hasta el 2004, e hizo célebres a los anfitriones Kiko Ledgard, Miriam Díaz Aroca y Mayra Gómez Kemp, a Don Cicuta, Las Tacañonas, la calabaza Ruperta y diversas azafatas de gafas ovaladas y ropa ligera que contaban los puntos de los concursantes, entre ellas Ágata Lys, Blanca Estrada, Victoria Abril y Silvia Marsó.

SERIE MODÉLICAS

Supo diseñar el concurso catódico más hedonista menos de una década después de haber creado la serie de terror y misterio modélica. Historias para no dormir debutó en 1966, tuvo una segunda temporada entre 1967 y 1968, un resurgir en 1974 con un solo episodio titulado El televisor, ya rodado en color, y volvió con una nueva tanda de historias macabras, pero menos logradas, en 1982.

La primera temporada es la mejor, un fascinante descenso al horror mental y físico rodada con la suficiente imaginación para nivelar la precariedad de medios: donde no llegaba la técnica de la cámara y el dinero para las escenografías, aparecía la originalidad del planteamiento, la creación de una atmósfera turbadora y las espléndidas interpretaciones del padre de Chicho, Narciso Ibáñez Menta.

Chicho escribió historias originales (firmadas con el seudónimo de Luis Peñafiel) y otras alumbradas bajo el influjo directo o indirecto de Edgar Allan Poe, Ray Bradbury, Henry James y Robert Louis Stevenson. El título de la serie fue una feroz realidad para todos los que, entonces chavales, vimos el capítulo El asfalto, en el que Ibáñez Menta se desplazaba por un decorado pintado a mano y era engullido poco a poco por el asfalto sin que nadie le ayudara. Metáfora sobre la diferencia y la solidaridad en plena dictadura franquista.

Pese a lo aterrador, siniestro y trágico de estas historias, que el autor ya había ensayado en varios telefilmes y miniseries realizadas antes en Argentina, a Chicho nunca le faltó el sentido del humor. De ahí que presentara cada episodio de manera distendida en una clara alusión a dos series estadounidenses tan emblemáticas como Alfred Hitchcock presenta y The twilight zone, también presentadas por sus respectivos creadores, Hitchcock y Rod Serling.

No fue una mala época para la ficción televisiva española, ya que se emitieron series más que decentes como El conde de Montecristo y Los tres mosqueteros, pero nada como la subversiva mirada a través del terror que proporcionó Historias para no dormir en la época en la que un programa de estas características era castigado «moralmente» con los dos rombos. Es decir, solo era apto para que los vieran los mayores de 18 años.

EL TERROR

Lo mismo intento Chicho en el cine, en un momento en el que el género de terror español no iba más allá de los filmes de Paul Naschy como hombre lobo y las aventuras internacionales de Jesús Franco. La residencia (1969) está ambientada en una residencia para señoritas y mezcla, en un ambiente asfixiante, crímenes y pulsiones sexuales. ¿Quién puede matar a un niño? (1976) es un hito respecto a la representación de la infancia como un ente amenazante: una pareja de turistas británicos llega a una pequeña isla española habitada solo por niños. Puro mal rollo en la tradición de El señor de las moscas o El pueblo de los malditos.