+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico de Aragón:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

EL ‘BOOM’ DE LA NUEVA FICCIÓN TELEVISIVA

Las series impulsan el ‘turismo oscuro’

El éxito de ‘El caso Alcàsser’ o ‘Chernóbil’ estimula la visita a los lugares de los hechos

 

Juan Ignacio Blanco, uno de los protagonistas de ‘El caso Alcàsser’. - NETFLIX

La Medellín de ‘Narcos’ se ha convertido en destino turístico. - NETFLIX

EFE
14/08/2019

Chernóbil, Alcácer o Puerto Hurraco no solo son escenarios de series y documentales sino también lugares turísticos para los que deciden pasar sus vacaciones en sitios marcados por muertes, catástrofes o sucesos macabros, un turismo oscuro que se ha visto impulsado por estas producciones de éxito, como El caso Alcásser (Netflix) o Chernobyl (HBO).

Recrear el drama que viven muchas personas en la frontera de EEUU y México en un tour experimental con actores disfrazados de policías mientras los turistas cruzan la frontera por la noche, visitar la cueva Tham Luang, donde quedaron atrapados doce niños tailandeses, o los escenarios de los genocidios de Ruanda o Camboya son algunos de los destinos del llamado turismo oscuro. La ruta Helter Skelter, que recorre en Beverly Hills los lugares de los crímenes de Charles Manson y sus seguidores, o los narco tours que en Medellín recuerdan a Pablo Escobar, se han convertido también en destino turístico.

La palabra tanatoturismo es un oxímoron o figura retórica que utiliza dos conceptos de significado opuesto en una misma expresión, en este caso, mezcla el turismo concebido como una actividad relacionada con «el placer y el disfrute y el dolor, el sufrimiento y la muerte», según explica Daniel Liviano, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y estudioso del tema.

Este fenómeno es «muy antiguo» porque al ser humano «siempre le ha atraído la muerte» y ya en la Inglaterra del siglo XVII se preparaban tours para ver ejecuciones públicas con gran éxito de espectadores y, en Francia, las muertes por guillotina tenían innumerables seguidores. El gran boom experimentado por el turismo en el siglo XX ha llevado a algunos operadores turísticos a explotar y rentabilizar el morbo del ser humano por la muerte.

Lejos de espantar a los turistas, la miniserie Chernobyl, el último éxito de HBO, ha incrementado el número de personas que visitan la ciudad fantasma de Prípiat y la zona de exclusión establecida tras el accidente de la central nuclear, pese a que la serie narra el desastre ocurrido allí, la pésima gestión de la catástrofe y las consecuencias que se derivaron de ella.

VISITAS A CHERNÓBIL

Las previsiones para este año apuntan a que unos 100.000 turistas visitarán Chernóbil, doblando las cifras del 2017. En internet se pueden encontrar anuncios de excursiones a los alrededores de la planta nuclear y que animan a los viajeros a ver los «devastadores efectos que tuvo el accidente de Chernóbil en los lugareños», y otros que por 391,95 euros por persona proponen sumergirse en la zona con un guía experimentado, un traje contra la radiación y su propio contador Geiger, que permite medir la radiación de un lugar.

La lista de destinos para este turismo oscuro es interminable y también incluye, según Liviano, museos sobre torturas, prisiones, como la de Alcatraz en San Francisco, cementerios o lugares de catástrofes naturales como Pompeya. En España, también tenemos nuestros destinos oscuros como Puerto Hurraco (Badajoz), donde en 1990 unas rencillas familiares se cobraron nueve muertes, o Alcácer, la población valenciana donde tres adolescentes fueron macabramente asesinadas en 1992. Este crimen volvió a ponerse de actualidad tras el lanzamiento de la serie El caso Alcàsser, estrenada por la plataforma Netflix.