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Análisis

Cambio de marcha en Figueruelas

 

José Antonio Bueno
27/01/2019

La planta de Opel ha pasado con éxito muchos exámenes hasta la fecha, y alguno muy difícil. Pero el que tiene que pasar ahora, como todas las fábricas de coches europeas, supera a todos los anteriores. La transformación industrial que supone la llegada del coche eléctrico no tiene parangón con nada que hayamos vivido. Un coche con motor eléctrico tiene muchas menos piezas y componentes que un coche con motor de combustión interna. No tiene cambio, ni embrague, la transmisión es mucho más sencilla, siendo posible que cada rueda lleve adosado un motor, lo que eliminaría también diferencial. No hay carter, ni circuito de aceite, ni radiador, ni silent block ni volante de inercia. Adiós al cigüeñal, levas y bielas. No hará falta motor de arranque ni alternador. Lógicamente tampoco llevará ni depósito ni bomba de gasolina, ni tubo de escape, ni catalizador... Según la asociación de fabricantes europeos un coche eléctrico requerirá un 20% menos de minutos en su montaje y un 40% menos de piezas y componentes y probablemente traten de transmitir calma ante una transformación realmente radical. Un vehículo más simple implica menos trabajo.

Los componentes «nobles» del motor, cambio y transmisión suelen fabricarse en los países donde están radicadas sus centrales, países en los que la reindustrialización será mayor que en la periferia. La compra de Opel por PSA no hace sino agravar la situación para Figueruelas porque es altamente probable que parte de la carga del ecosistema aragonés se vaya hacia Francia.

A este riesgo cierto se le une el riesgo comercial. El coche eléctrico es inmaduro tecnológicamente porque no estaba en los planes de ningún fabricante comercializarlo ahora. Los sucesivos escándalos derivados del fraude de la medición de emisiones ha precipitado su llegada al mercado cuando la infraestructura de carga no está suficientemente desarrollada. En España harían falta unos 220.000 puntos de carga, pero ahora no llegan a 4.000. Comprarse un coche enchufable, de momento muy caro para no poder pasar de Madrid o Barcelona saliendo desde Zaragoza no parece un buen negocio.

Opel lanzará modelos asequibles y con autonomía razonable en poco tiempo, pero equivocarse en la llegada al mercado condenaría a la planta que lo fabricase a pasar momentos duros, como ocurre siempre que las ventas no acompañan.

El futuro es más incierto que nunca para toda la industria del motor y muy especialmente para los proveedores. Estamos en la antesala de una severa reconversión industrial.