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TURISMO DE AIRE LIBRE

Cámpings y viviendas rurales ven en agosto una tabla de salvación

Tras los pésimos resultados de julio, las instalaciones de acampada se empiezan a animar

 

El cámping Peña Montañesa, cerca de Aínsa, atrae a numeroso turismo internacional. - SERVICIO ESPECIAL

F. V.
01/08/2020

Hasta ahora, el cámping Peña Montañesa, cerca de Aínsa, era conocido por la gran cantidad de campistas holandeses que acogía en verano. Pero este año, en julio, apenas se han visto residentes de los Países Bajos. Es más, los alemanes y los belgas tampoco se han dejado ver en gran número. «El turismo extranjero ha bajado un 90%», explica José Antonio Ballarín, propietario de la zona de acampada.

«Todo fue más o menos bien hasta el 15 de julio e incluso tuvimos muchos franceses los días de su fiesta nacional, pero a raíz de las noticias sobre la incidencia del coronavirus en Aragón, recibimos muchas anulaciones, hasta bajar a entre un 20% y un 30% de ocupación», añade Ballarín .

Con todo, agosto es todavía una incógnita y los profesionales del turismo al aire libre, sin atreverse a decirlo en voz alta, tienen depositadas ciertas esperanzas en un repunte, al menos durante los fines de semana.  De  hecho, este comienzo de mes no ha sido malo ni en el cámping Peña Montañesa ni en las viviendas de turismo rural.  La clave está en saber cuánto durará la bonanza.

En el sector del cámping observan cómo muchas instalaciones se han quedado cerradas hasta casi después del verano. Este es el caso de Lake Caspe, uno de los centros de referencia en la comunidad para este tipo de turismo. En su caso se encuentra dentro de una comarca en fase 2 flexibilizada y lo mejor es apostar por la prevención y evitar concentraciones de gente innecesaria._

Esta es la filosofía que defienden Alberto Casas del cámping El Temple, en la Hoya de Huesca. «La temporada es muy complicada», refiere. En esta instalación tienen reservadas el 100% de las parcelas al ser espacios alquilados para todo el año. Sin embargo, la ocupación real está por debajo del 50%, pues muchos de los clientes habituales han decidido no desplazarse por seguridad.

Peores cifras ofrece el cámping Castillo de Loarre. El gerente Alejandro Sempere lamenta que la situación en la ciudad de Zaragoza está afectando a todo el sector. Ahora tienen una instalación abierta al 100% que solo logran llenar al 10% los fines de semana. Además, afirma que se ha perdido todo el público catalán, así como los turistas europeos que procedían de Francia o Alemania. En su caso concreto también han tenido que prescindir de la piscina, pues no pueden hacer frente a los requisitos sanitarios actuales.

El cámping municipal de Trasobares está gestionado por Ana Camacho. Las malas sensaciones se repiten: poca gente, con miedo y con muchos requisitos a los que tienen que hacer frente de su bolsillo. «Nos ha costado dinero adaptarnos, pero por ahora aguantaremos», confirma. En las últimas semanas han perdido muchas de las reservas que tenían comprometidas, sufriendo un parón «en seco». Lo único que puede levantar la temporada serán los últimos días del verano, pero nadie se atreve a hacer previsiones.

Por otro lado, las casas rurales de la comunidad mantienen el tipo, pero tampoco reina el optimismo. El presidente de la Federación Aragonesa de Turismo Rural, Jesús Marco, señala que están al 20% de ocupación cuando lo habitual por estas fechas sería un 70%.